15 enero, 2013

Bobastro: el reino perdido

 

 

 

 

 

 

Dr. Rafael Vidal Delgado
Doctor en Historia y Coronel de Artillería, DEM

INTRODUCCIÓN
En los numerosos Recuadros de la Historia que se han publicado en la revista virtual PROTECTURI, hemos reservado una parte de ellos a narrar las “Pérdidas Irreparables”, es decir aquellas obras de arte que por circunstancias diversas han desaparecido del patrimonio histórico mundial.
La LEY 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español (BOE de 29 de junio de 1985), en su Preámbulo, dicta una nueva definición de Patrimonio Histórico:
Esta Ley consagra una nueva definición de Patrimonio Histórico y amplía notablemente su extensión. En ella quedan comprendidos los bienes muebles e inmuebles que los constituyen, el Patrimonio Arqueológico y el Etnográfico, los Museos, Archivos y Bibliotecas de titularidad estatal, así como el Patrimonio Documental y Bibliográfico. Busca, en suma, asegurar la protección y fomentar la cultura material debida a la acción del hombre en sentido amplio, y concibe, aquélla como un conjunto de bienes que en sí mismos han de ser apreciados, sin establecer limitaciones derivadas de su propiedad, uso, antigüedad o valor económico.
Debido a esta definición podemos decir que todo el conjunto documental, arqueológico e histórico de Bobastro y de los hechos acaecidos entre el último cuarto del siglo IX y el primero del X, se insertan dentro de lo que llamamos “pérdidas irreparables”, aunque a través de la voluntad del hombre algo de ello se pueda reparar.

LOS INDICIOS
El 10 de mayo de 2008 aparecía esta noticia en el diario malagueño “Sur”:
La parroquia de Nuestra Señora de los Remedios de Ardales acoge mañana a partir de las 19.00 horas el acto de bendición de la talla de Santa Argentea que ha realizado el escultor malagueño Raúl Trillo para la Hermandad de Nuestra Señora de Villaverde, patrona del municipio. El acto estará presidido por el obispo de Málaga, Antonio Dorado Soto. La figura de Santa Argentea goza de una gran importancia para esta hermandad por haber nacido y vivido en los parajes de Villaverde. Por eso, su escudo está formado por palmas y azucenas, que son los símbolos del martirio de la santa. La talla en cuestión presidirá un lateral del retablo del altar mayor de la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios. / J. J. B.

El 5 de agosto de 2012, en la “Hoja Dominical de la Diócesis de Málaga”, aparecía un pequeño artículo, titulado “Iglesia rupestre de las Mesas de Villaverde. Ardales”, firmado por un excelente amigo: Francisco Aranda Otero, sacerdote, canónigo de la catedral de Málaga, profesor titular de Historia de la Universidad Malacitana, aparte de otras actividades, títulos y merecimientos culturales, humanos y cristianos. En el artículo se hacía mención a Bobastro, a Umar (Omar) ben (ibn) Hafsún, a su reino cristiano en pleno territorio musulmán en la península Ibérica, padre de Argentea y constructor de una hermosa basílica catedral, sede de la diócesis de Bobastro.

Seguramente, el lector, se mostrará sorprendido de que en la vida haya oído hablar de los citados nombres, conocidos, aunque de forma restringida, en ámbitos reducidos del estudio de “mozarabismo”.

No es objeto de estas líneas hacer una narración más o menos pormenorizada de este hecho insólito y de la existencia de este reino, en tiempos del poderoso rey astur Alfonso III, llamado “el Magno”. Omar Ibn Hafsún, cuyo nombre cristiano era Samuel, solicitó alianza con su correligionario del norte para vencer y expulsar a los musulmanes de la Península, pero su petición cayó en saco roto y a la postre fue sometido el reino de Bobastro (Hafsún había muerto y reinaba uno de sus hijos) por el poderoso califa cordobés Abderramán III. Si hacemos un poco de reflexión regresiva: En caso de la unión de las fuerzas de Alfonso III, junto con el monarca navarro Sancho Garcés I y las de ibn Hafsún, y solicitando apoyo al Papa de Roma y al Emperador del Sacro Imperio de Occidente (dinastía carolingia), probablemente los españoles nos hubiéramos evitado los sufrimientos de una guerra interminable por recuperar los antiguos territorios de la Hispania Romana y Visigoda.

En cualquier libro de texto, al tratar la edad Media, se profundiza en la sociedad cristiana, dentro de los reinos cristianos del norte, pero ¿cómo vivían los cristianos en los territorios conquistados por los árabes?
Dentro de todo este asunto, puede insertarse el tema de la “tolerancia religiosa” existente en Al Andalus, sacada a relucir por los “intelectualoides progresistas” como ejemplo de convivencia pacífica entre cristianos, musulmanes y judíos.
Periódicamente surge en la prensa, pudiéndose tomar como ejemplo el 1 de septiembre de 2012, donde se publica que Rimsha, una joven cristiana pakistaní de 11 años, acusada de blasfemia por haber quemado supuestamente unas hojas del Corán. En los países musulmanes, para este tipo de delito, no hacen faltan pruebas físicas, siendo válido el testimonio de los testigos que vieron el hecho.
Pues bien en los cristianos residentes en ese “paraíso de la tolerancia” sufrieron esa intransigencia. No ya por motivos religiosos, sino que si un musulmán tenía un enemigo cristiano o simplemente le hacía sombra en un negocio, acusándole de blasfemia, su competidor era condenando a muerte.
La sublevación de Hafsún tuvo mucho de lo anterior, al igual que la total prohibición, también bajo pena de muerte, que un hispano-romano o godo, convertido al mahometismo, quisiera volver a la fe de sus mayores.

ESTADO DE LA CUESTIÓN
En este apartado intentaremos relacionar la bibliografía y los estudios realizados sobre este efímero reino de algo más de cincuenta años.
1. ACIÉN ALMANSA, Manuel. Málaga Musulmana (siglos VIII-XIII). Historia de Málaga. Ed. Diario SUR. Málaga. 1994. Este trabajo pertenece al tomo II de la Historia de Málaga, coordinado por el profesor Ferrer Palma.
2. ACIÉN ALMANSA, Manuel. Entre el Feudalismo y el Islam. Umar Ibn Hafsún en los historiadores, en las fuentes y en la historia. Ed. Universidad de Jaén. 1997
3. ALONSO GARCÍA, Jorge. Omar ben Hafsún: la Córdoba omeya. Editorial Roasa. Granada, 1981.
4. ANTEQUERA, P. Agustín de. Bobastro. Bastión glorioso de la independencia patria. Antequera, 1960.
5. ALONSO GARCÍA, Jorge. La Ciudad del Castillo (Bobastro, Tacarona, Ronda). Ed. Genil. 1987.
6. BORDEL VELASCO, Sergio. Bobastro (novela histórica). Ediciones Atlantis. 2009.
7. FERNÁNDEZ, Fidel; Omar Ben Hafsún (Un reino cristiano andaluz en pleno imperio islámico español). Ed. Juventud. 1942.
8. MARÍN-GUZMÁN, Roberto. La rebelión muladí en Al-Andalus. Estudios de Asia y África XXIII.
9. MARÍN-GUZMÁN BERMEJO, Roberto “The revolt of’Umar Ibn Hafsun in al-Andalus: A challenge to the structure of the state (880-928)’, tesis doctoral, Department of History, The University of Texas at Austin, 1994, inédita.
– The causes of the revolt of ‘Umu Ibn Hafsun in al-Andalus (880-928). A study in medieval Islamic social History”, en Arabica. Revue d’Études Arabes, tomo XLII, 1995, pp. 180-221.
– Social and ethnic tensions in al-Andalus: T he cases of Ishbiliyah (Sevilla) 276/ 889-302/914 and Ilbira (Elvira) 276/889•284/897. The role of “Umar Ibn Hafsun”, en lslamic Studies, vol. XXXII, núm. 3, 1993, pp. 279-318.
10. MARTÍNEZ ENAMORADO, Virgilio – Umar Ibn Hafsun, De la rebeldía a la construcción de la Dawla – Estudios en torno al rebelde de al-andalus (880-928). Libro editado por la Universidad de Costa Rica.
– (1996). Algunas consideraciones espaciales y toponímicas sobre Bobastro. Al-Qantara, XVIII, Madrid.
– (1997). Bobastro: una madína para un rebelde. Qurtuba, 2, Córdoba.
– (1997). Bobastro: la ciudad de Ibn Hafsún. Arcéologie islamique, 7. París,
– (1998). La terminología castral en el territorio de Ibn Hafsún. I Congreso sobre fortificaciones de Algeciras, 1996. Algeciras.
– (2003). Sobre Mergelina y Bobastro. Cádiz.
11. ORTIZ LOZANO, Francisco. Bobastro. La ciudad de la perdición: gloria y refugio de la cristiandad. Autor-Editor. Málaga, 2010.
12. PERALTO VICARIO, Francisco. El Chorro de los Gaitanes. Vida y obra de Omar ben Hafsún y santa Argentea”. Málaga, s/f.
13. REQUENA, Fermín. El amirato malagueño de los Beni Hafsún. Antequera, 1959.
– (1968). Álora, Ardales, Turón, los castillos defensores de Bobastro. Boletín de la Asociación Española de Amigos de los Castillos, nº 6. Madrid.
14. RIVERO MAQUEDA, Diego. Hablan los topónimos: Ronda fue Bobastro. Imprenta Luján, Ronda. 1992
15. SIMONET, Francisco Javier. Una expedición a las ruinas de Bobastro, 1869. Ciencia Cristiana, IV, V. Madrid, 1877
– Historia de los mozárabes en España. Real Academia de la Historia. Madrid, 1897-1903.
16. URBANEJA FERNÁNDEZ, Antonio S. Consideraciones sobre Omar Ben Hafsún. Ed. Bobastro. 1986.
17. VALLVÉ BERMEJO, Joaquín. “De nuevo sobre Bobastro”. Al-Andalus. Madrid, 1965
– Una fuente importante en la historia de al-Andalus: La ‘Historia’ de lbn ‘Askar’, en Al•Andalus, vol. XXXI, fase. 1-2, 1966, pp. 237-265.
– (1980). La rendición de Bobastro. Mainake, II. Málaga.

El autor del presente trabajo ha examinado algunas obras de la relación anterior, no teniendo constancia, más que por terceras referencias, de las otras. Sorprende la existencia de tesis doctorales en Norteamérica sobre el tema y su inexistencia en España.

A la relación anterior hay que sumar las grandes historias de España, las cuales en su gran mayoría “tocan” muy de pasada este acontecimiento histórico.
Tal como se observa hay varias novelas, cuyo rigor histórico hay que poner en duda, por muy documentado que quiera elaborarla su autor, pero al examinar la bibliografía se puede observar que las fuentes históricas han sido limitadas y de hecho en los distintos libros, que se ha pretendido que fueran veraces, nos encontramos que han bebido de ellas, por lo que el aporte desde Fidel Fernández en 1942, se ha mantenido a lo largo de los años, sin que se haya producido alguna “afloración” documental importante, excepto la del profesor don Manuel Aciens Almansa en su trabajo publicado en 1997 y otra mucha más reciente de Francisco Ortiz Lozano que, a través de un volumen de cerca de 800 páginas, desgrana los acontecimientos que se vivieron en aquellos años de finales del siglo IX y principios del X.

En la bibliografía nos hemos centrado en la dinastía Hafsún, indicándose que la existente sobre arqueología, arte mozárabe, etc. es más abundante y gracias a las excavaciones en Bobastro, se ha podido identificar, verdad que sin excesiva precisión, los límites y cómo era la capital del reino.
De las iglesias de la ciudad ha salido a la luz la “supuesta” catedral, donde residía el obispo de la diócesis, pero ¿solamente había esa iglesia? Se conocen las ciudades del reino de Bobastro, pero ¿existen monumentos del mismo en esas ciudades?, ¿no había iglesias?, ¿todo fue arrasado?
No digamos de la población del reino de Bobastro, casi toda ella hispano-romana y goda: ¿qué pasó con ella tras el sometimiento del territorio por el califa?
Tal como se puede observar, permanecen muchos interrogantes, para un reino y un personaje, el de Ibn Hafsún, que se ha querido parangonar como el “Cid” de los siglos IX y X.

Pero la figura de Ibn Hafsún es solo una muestra del desconocimiento de la vida de los mozárabes en el Al-Andalus ocupado, los cuales a lo largo de los siglos fueron emigrando a los reinos del norte, repoblando el desierto artificial del valle del Duero.


SÍNTESIS BIOGRÁFICA DE OMAR IBN HAFSÚN

Intentar hablar de Omar Ibn Hafsún, de sus hijos y principalmente de su hija Argentea, declarada santa popular, es entrar en un terreno resbaladizo.
Si tomamos las notas biográficas del arabista Fidel Fernández, existiendo otros historiadores en desacuerdo, el árbol genealógico del personaje es el siguiente:
1. Su padre, Hafsún ben Sofar (Alfonso, hijo del Calderero).
2. Su abuelo, Sofar ben Xatím (El Calderero, hijo de Septimio).
3. Su bisabuelo, Xatím ben Dzobán (Septimio hijo de Damián).
4. Su tatarabuelo, Dzobán ben Frugelo (Damián, hijo de Fruela).
5. Su cuarto abuelo, Frugelo (Fruela).
6. Su quinto abuelo, Altfuns (Alfonso), que al parecer era gobernador de Ronda en la época del rey Don Rodrigo.
Expresar que Omar ibn Hafsún renegó de la fe musulmana de sus padres, es decir una verdad a medias, dado que la familia siguió siendo cristiana hasta su abuelo Sofar ben Xatím, también llamado “El Islamí”, que venía a ser como “renegado” para los cristianos. La realidad es que el cristianismo familiar se mantenía en el ámbito privado.

Su padre recibió el nombre de Haf ben Sofar, pero siendo un señor importante con extraordinarias riquezas, se le añadió la partícula “un”, que en aquellos tiempos era una distinción de nobleza, pasando a denominarse Hafsún.

Nuestro personaje nació alrededor del año 854 en la “Alquería de la Torrecilla”, lugar situado entre las poblaciones actuales de Parauta y Pujerra en la provincia de Málaga.

En el apartado “Indicios” se ha tratado sobre las consecuencias de apostatar del mahometanismo. No parece que Omar ibn Hafsún lo hiciera en los años de su juventud, pero sí que se mostraba intolerante con el sometimiento a la administración del emirato de Córdoba, siendo por ello castigado en reiteradas ocasiones, y en la última azotado, vengándose tal afrenta matando al hijo del walí de “Reya” (habría que identificar esta provincia de Al-Andalus con la actual Málaga).
Esto lo convirtió en un proscrito que primero actuó en la serranía de Ronda y en la sierra malagueña, para posteriormente trasladarse al norte de África y a continuación regresar como “capitán”.

A veces independiente y otras, sometido voluntariamente al emir, del que llegaría a ser “general” de su ejército que efectuaba las “cabalgadas” en los territorios cristianos. Un desaire al regreso de una expedición, le hizo asumir el pensamiento de la independencia de lo que era su tierra de nacimiento.
¿Cuándo inició Omar ibn Hafsún su andadura como soberano? Difícil es marcar una fecha, conociéndose que “su estado” con capital en Bobastro duró algo más de cincuenta años.

Omar ibn Hafsún falleció en 918, en el comienzo del reinado de Abderraman III, nacido en el 891 y que fue elevado a la dignidad de emir independiente de Damasco en 912, siendo elegido “Califa” en el 929, falleciendo en el 961.

En el “reino de Bobastro” le sucedió su hijo Suleymán, el cual fue derrotado en el 827, hecho prisionero y decapitado, sucediéndole su hermano Hafs, el cual resistió en la fortaleza de Bobastro, ofreciéndole Abderramán una capitulación honrosa, permitiéndole abandonar Al-Andaluz. Se exiló con su familia, desconociéndose sus vicisitudes posteriores.

El estado de Bobastro alcanzaba desde Jaén hasta Sevilla, por el norte llegaba hasta las proximidades de Córdoba y por el sur se encontraba Málaga.
Una alianza de Abderramán con la propia Iglesia mozárabe, los muladíes Banu Qasi y el gran reino cristiano de Asturias y León, evitando su apoyo al “rebelde” reino de Bobastro, consiguió recuperar todas las tierras para Al-Andalus.

Allfonso III el Magno, sus hijos García I de León; Ordoño II de Galicia y Fruela de Asturias, los cuales sucedieron a su hermano en la corona de León, se decantaron por el apoyo al soberano musulmán.

Abderramán III se mostró cruel con los restos de Omar ibn Hafsún, ordenó desenterrarlo y al reconocer que estaba enterrado “mirando al oriente y con los brazos cruzados sobre el pecho”, trasladó sus restos a Córdoba, donde fue clavado en un poste en la Puerta de la Azuda, para advertencia de todos los musulmanes que quisieran volver a ser cristianos.

La Iglesia de Roma poco podía hacer, amenazada como estaba por el enemigo musulmán que se acercaba peligrosamente a la capital católica. Por otro lado la relación de Pontífices entre el 850 y 930 es de diecinueve, existiendo ocasiones que en el mismo año se sucedían hasta tres Papas. ¿Cómo podía atender las peticiones de los fieles de Al-Andalus?.

LOS INTERROGANTES

Juan Eslava Galán, en la mítica revista “Historia y Vida”, de julio de 1985, en un artículo titulado “La rebelión de Ibn Hafsún”, lo plasma como un forajido que “llega a ser alguien”, llegando a “inquietar” a los emires omeyas cordobeses, más por la inestabilidad de causaban en el país las incursiones de Hafsún, que por la propia existencia de un reino cristiano que quería ser independiente del emirato.

Sin embargo el profesor Acien, que ha investigado más profundamente la figura de Omar ibn Hafsún, aunque considera una etapa inicial de insurrección, asemejada al “bandolerismo”, posteriormente se procede a una cierta consolidación del “principado”, aunque reconoce que sería incorrecto hablar de tal concepto de soberanía. Los interrogantes los expone el profesor Acien en el libro sobre la Historia de Málaga, de la siguiente manera:

En cuanto a la sociedad heredera del mundo visigodo, feudal o feudalizante, no hay problema para vincularla con la figura de ibn Hafsún, pues conocemos su ascendencia que se remonta a un tal Marcelo, personaje notable de la Ronda hispanogoda, y, aunque desconozcamos la filiación de la gran mayoría de sus aliados muladíes, no es difícil imaginar a esos encastillados en una situación semejante, puesto que sabemos que el “principado” de ibn Hafsún se va a conducir con una serie de normas, tales como las alianzas matrimoniales con los otros “señores”, un especial sistema de recompensas por hechos militares, o la condición de la mujer, intencionalmente distinta de la islámica, que lo asemejan bastante a los usos europeos del momento, y en él debían coincidir la mayoría de sus componentes, incluidos los grupos árabes que habían visto rota su cohesión tribal por un proceso de señorización, siendo ese proceso el que explica el enfrentamiento con Córdoba de los árabes de Sevilla y Elvira a que aludíamos antes (ACIENS ALMANSA, Manuel. Ob. Cit. En la bibliografía, pág. 485).

El profesor Fernández es muy minucioso en relacionar los ascendientes de Omar, sin que ninguno de ellos tuviera el nombre de “Marcelo”, mientras su homónimo Acien, afirma que lo era, indicando que era un personaje notable de Ronda.

Tampoco son explícitos en la extensión del reino, aunque para establecer una serie de normas administrativas, como las expuestas por Manuel Acien, debía de tener una superficie considerable, siendo respetado, no solamente por los señores de Al-Andalus sino que también era reconocido por otros del norte de África.
Sorprende que la iglesia de Málaga fuera reticente a la diócesis de Bobastro. ¿Quién creó esta diócesis? ¿Tenía alguna preminencia sobre las demás, otorgada por Omar ibn Hafsún? ¿Había otras diócesis en el principado de Bobastro?

Con respecto al nulo apoyo de Alfonso III y la Iglesia de Roma a la sublevación de un rey cristiano, surgen muchas dudas: ¿no se le apoyó por motivos políticos o religiosos? En un interesante y documentado libro del Instituto Universitario de Historia “Simancas” de la Universidad de Valladolid, titulado “El Islam y Occidente”, se desgranan `por una serie de profesores de diversas universidades españolas y francesas, las relaciones en el transcurso de los siglos de las dos religiones, correspondiendo al profesor de la Universidad de Lyon, Pierre Guichard, los siglos VIII a X.

No es el momento de tratar la “invasión pacífica o no” de los árabes en el 711, ni de la visión de la religión mahometana desde el punto de vista cristiano: si era herejía o una nueva religión, presentando el profesor Guichard una tesis de adaptación de los hispano-romanos y visigodos a los usos y costumbres musulmanes, abandonando el latín y tomando el árabe para la oración cristiana y procurando mantener una relación de buena vecindad con los nuevos gobernantes.
Llega a tal punto esta adaptación que el arzobispo de Toledo, Elipando, predica y tiene muchos adeptos, la doctrina “adopcionista”, en contraposición de la reconocida por Roma de “Encarnicionista”. Por la primera Cristo fue “adoptado” por Dios en un momento de su vida, mientras que en la segunda Dios “encarnó” a Jesús en el vientre de María. Esta doctrina, en relación directa con el arrianismo de los visigodos, era más asumible por las autoridades religiosas musulmanas que abominaban de la “Trinidad”, no olvidemos que para ellos Jesús era el penúltimo profeta.

Durante los siglos VIII y IX hubo una importante emigración de mozárabes a los reinos cristianos del norte. Al frente de estos grupos emigrantes iban sus sacerdotes, que eran los más reacios a la convivencia con los musulmanes. Estos presbíteros, entre ellos bastantes obispos, tuvieron su importancia en las incipientes cortes cristianas, siendo “alertadas” de la doctrina “adopcionista”, señalando como tales y por tanto herejes a todos los cristianos que permanecían en tierras infieles.

¿Fue la consideración de ser supuestamente hereje la razón del nulo apoyo de los cristianos a la gesta de Omar ibn Hafsún?
El rito mozárabe, procedente del visigodo, se mantuvo en todas las diócesis católicas de la península Ibérica, permaneciendo como tal hasta mediados del siglo XI, en donde el Papa Alejandro II envió al cardenal Hugo Cándido, para la adopción del rito latino o romano, bien es verdad que el mozárabe subsistió bastantes años en los territorios de los reino taifas.

No hablemos entre los interrogantes sobre la estructura administrativas, la división en provincias, su moneda, ejército, leyes, etc.

LA PROPUESTA
El novelista Jorge Alonso García, en su obra “Omar ben Hafsún”, recoge, en su portada, la siguiente cita de Levi Provenzal: “Omar ben Hafsún, héroe verdaderamente extraordinario, como España no había producido otro, desde que Viriato juró libertar a su país de la dominación romana”. El arabista francés no habría afirmado lo anterior si no comprendiera la importancia del personaje en Al-Andalus.

Otros lo han equiparado a la personalidad del Cid Campeador, como Rafael Franquelo en su trabajo sobre Bobastro, publicado en la revista nº 13 de “Jábega”, recurrencia que también han efectuado otros ilustres escritores. Don Claudio Sánchez Albornoz en su libro La España musulmana, hablando de Hafsún, escribe: vez la raza hispana alumbró una gran capitán popular.

La realidad es que Omar ibn Hafsún se encuentra entre el mito y la realidad, faltando a entender del autor de este artículo, investigar en las fuentes árabes sobre tan extraordinario personaje que estuvo a punto de cambiar completamente el curso de la historia de la dominación musulmana en la península Ibérica.
No hay que desdecir la gran labor de recuperación histórica del profesor Acien y de Francisco Ortiz Lozano. Este último presenta en su libro diez páginas de bibliografía, pero las fuentes documentales son relativamente escasas y en ocasiones referenciadas a estudios e investigaciones de otros autores anteriores.
Por todo ello sería muy conveniente, para reafirmar y dar a conocer al personaje, como miembro de la raza hispano-cristiana, iniciar e impulsar las acciones necesarias para presentar la verdadera biografía de Omar ibn Hafsún: sus ascendientes; las vicisitudes de estos a lo largo de los siglos VIII y IX; su familia, esposa y descendientes; santa Argentea fue elevada a los altares de forma popular, pero ¿quién era?, ¿cuál fue su vida?, ¿a qué se dedicó?, etc.; el reino de Bobastro, ¿cuál fue su verdadera capital?, ¿cómo estaba organizado?, ¿qué extensión ocupaba?; la Iglesia en este reino mozárabe, ¿cuáles fueron sus obispos?, ¿cómo fueron elegidos?, ¿cómo desapareció la diócesis de Bobastro?; la basílica de Bobastro, ¿era una iglesia catedralicia?; ¿cómo era la ciudad de Bobastro?; ¿cuáles eran las ciudades del reino?; ¿cuál era su cultura?; ¿qué monumentos crearon aparte de los encontrados en Ardales?; y un largo etcétera que nos hacen ver que solo conocemos de este reino perdido una reducida parte, es como si vislumbráramos la punta de “iceberg” del que solo sobresale una décima parte, por supuesto no basando lo anterior en fuentes bibliográficas sino en documentales.

Aparte de estas acciones culturales se debería impulsar el estudio, aunque sea mínimo de Omar ibn Hafsún en las escuelas. Una película o una serie de televisión, bien dotada y documentada, haría surgir del olvido al personaje.

El reino perdido de Bobastro es una “PÉRDIDA IRREPARABLE”, pero con tesón, entusiasmo y el apoyo de las autoridades políticas, académica y culturales, aun puede recuperarse una buena parte de todo ello.

En el preámbulo de la LEY 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, se expresa textualmente:
El Patrimonio Histórico Español es una riqueza colectiva que contiene las expresiones más dignas de aprecio en la aportación histórica de los españoles a la cultura universal. Su valor lo proporciona la estima que, como elemento de identidad cultural, merece a la sensibilidad de los ciudadanos. Porque los bienes que lo integran se han convertido en patrimoniales debido exclusivamente a la acción social que cumplen, directamente derivada del aprecio con que los mismos ciudadanos los han ido revalorizando.

En consecuencia, y como objetivo último, la Ley no busca sino el acceso a los bienes que constituyen nuestro Patrimonio Histórico. Todas las medidas de protección y fomento que la Ley establece sólo cobran sentido si, al final, conducen a que un número cada vez mayor de ciudadanos pueda contemplar y disfrutar las obras que son herencia de la capacidad colectiva de un pueblo.

PROTECTURI, como Asociación de Protección del Patrimonio Histórico, asume plenamente lo planteado en la legislación vigente, siendo consecuente con ello, el aldabonazo con que quiere llamar la atención a la comunidad hispánica.

Dr. Rafael Vidal Delgado
Doctor en Historia y Coronel de Artillería, DEM