20 enero, 2014

Bill Viola hace llorar al Barroco

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Bill Viola entra en la sala, levanta la vista y se encuentra con el imponente Cristo crucificado de Alonso Cano. Entra en éxtasis. “Acabo de tener en esta sala la experiencia más increíble de mi vida. Quiero hacerme una casita aquí para vivir”. No es para menos: la Academia de Bellas Artes de San Fernando le ha reservado un lugar sagrado. A la pequeña estancia donde está colocado su vídeo El quinteto de los silenciosos se accede atravesando una puerta enmarcada por un san Jerónimo de José de Ribera, que surge de las tinieblas de su covacha, en un cruce de luces dramáticas.

Al fondo, el apretado grupo grabado por el artista neoyorquino de 62 años dejan ver sus emociones a cámara lenta. En breve les llegará la oleada emocional con la que el maestro de los sentimientos descarnados representa la amenaza del ser humano. Preocupación, dolor, amenaza. Y derribo. En uno de sus azotes habituales, Viola conduce a los retratados al extremo de la perturbación, recortados sobre un fondo tan tenebrista como la composición de Ribera y destacados por sus llamativas camisetas.

Los recursos de Viola quedan al descubierto como tradición o como plagio, junto al manto rojo que cubre las piernas de san Jerónimo. Viola no se ha visto nunca en una como esta. En unos pocos metros cuadrados, hay reunidos casi cuatro siglos de artistas interesados en desvelar la energía emocional y la fuerza volcánica del gesto. La lentitud revienta los matices expresivos y suspende el tiempo. Comparte logros con los pinceles de los artistas barrocos.

Un pelotón de periodistas persigue al artista norteamericano por las tres paradas, en las que ha colocado cuatro de sus creaciones audiovisuales. Las colecciones de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando le recuerdan el origen del que partió esta serie de vídeos de principios de siglo. “Los grandes maestros eran exactamente el punto de partida. No me interesaba apropiarme de ellos. Quería entrar en el interior de estos cuadros, encarnarlos, habitarlos y sentirlos respirar”.

Los viejos académicos han hecho hueco entre el expresivo mundo barroco español a las emociones desatadas lentamente de una de las estrellas del firmamento artístico mundial. Nunca antes habían visto tanta cámara de televisión y periodista alterar el silencio de sus salas. ¿Puede haber mejor lugar que este para quien trabaja con el sobrecogimiento y el efectismo del dolor? Viola vuelve a confesarlo, está en éxtasis.

Por Peio H. Riaño en El Confidencial.