6 marzo, 2013

‘Belleza y revolución’ destierra los tópicos del neoclasicismo

  • Una exposición revela que la corriente neoclásica fue precursora del romanticismo.
  • Los artistas volvían al arte griego y romano buscando armonía y razón, pero también las situaciones y los sentimientos extremos de la mitología.
  • Casi cien obras de autores como Ingres, Canova y Jacques-Louis David ilustran la variedad de facetas del género, a menudo visto como estático.

‘Patroclo’ (1780), óleo de Jacques-Louis David, uno de los más famosos pintores neoclásicos (Jacques-Louis David – Cherbourg-Octeville , Musée d’art Thomas-Henry – © Daniel Sohier)

En los años anteriores e inmediatamente posteriores a laRevolución francesa (1789) los artistas se acercaban a la antigüedad clásica en busca de la armonía de la belleza y de los estándares morales de los héroes mitológicos. Elneoclasicismo reflejaba la intelectualidad y la coherencia de lailustración, pero también abría una puerta al sentimiento y al universo extremo de los dioses. Muchas veces visto como contrario al romanticismo, fue en realidad una antesala del movimiento caracterizado por las pasiones desmedidas, la atracción hacia lo exótico y la idealización del pasado.

Schönheit und Revolution (Belleza y revolución), en el museoStädel de Frankfurt (Alemania) hasta el 26 de mayo, examina el arte del neoclasicismo como impulsor del romanticismo. La exposición de cerca de un centenar de trabajos realizados entre 1770 y 1820 reúne a autores como Dominique Ingres,Anton Raphael MengsAntonio CanovaJacques-Louis David yThomas Banks para ilustrar la variedad de facetas del estilo.

Un canon moral alejado de la religión

La muestra dedica una de sus tres secciones a documentar la producción de los creadores de la época en Roma. Considerada por artistas, escritores y teóricos como el primer destino para el estudio del mundo antiguo, la ciudad fue un centro de intercambio de ideas para los intelectuales de comienzos del siglo XIX. En Roma los pintores y escultores examinaban ruinas, recababan información sobre los procesos técnicos empleados en el pasado y establecían temporalmente sus estudios.

En la segunda sección, se exhiben ejemplos de escenas históricas y mitológicas que atestiguan la intención de los artistas de encontrar un canon moral en la antigüedad, alejado de la presión religiosa y cercano a la filosofía. La famosa obra Juramento de los Horacios (1784), de Jacques-Louis David —de la que se exhibe un boceto al óleo procedente del museo Louvre de París— expresa con una escena del pasado la necesidad de ser fiel al estado. El autor desarrolló, amparado por el neoclasicismo más purista, un lenguaje más directo en obras posteriores, como la famosa obra de 1793 que ilustra la muerte de Marat, visto por el pintor como el primer mártir de la Revolución francesa.

Sentimientos y pasiones

La tercera parte de la muestra se detiene en el modo en que los autores expresaban los sentimientos y las pasiones. Maestros como Canova y David transmitían las emociones con un lenguaje corporal afectado, cuando los cánones de la corriente artística apostaban por la emoción puramente interna.

Hubo un grupo de pintores y escultores que hicieron más notable la exageración y retaron el ideal neoclásico de contención. El titán esculpido por Thomas Banks en 1796 o la obra de Henry Fuseli Aquiles sacrificando su cabello en la pira funeraria de Patroclo (1800-1805) son ejemplos de la exageración y la distorsión por la que optaron algunos para captar la atención del espectador.
Las varias direcciones que tomaron los artistas a comienzos del siglo XIX tenían algo en común: todas evolucionaban hacia la búsqueda de nuevas expresiones que dejaran atrás al movimiento. En contra de la extendida creencia de que fue estático y demasiado academicista, la exposición defiende que el neoclasicismo fue una búsqueda de lenguajes personales que fraguó la libertad artística del romanticismo.

Por Helena Celdrán para 20 minutos