22 octubre, 2013

Barcelona estrena una galería de arte contemporáneo para niños

Obras como una Gioconda regordeta, Don Quijote convertido en molino de viento y unos jueces del siglo XVII con el rostro de ET

1382289096_010135_1382289252_noticia_normalHan pasado los tiempos en que los niños eran arrastrados por los museos como público cautivo de aburridas e interminables visitas. Aunque seguimos sin poder competir con el aparato educativo infantil de las instituciones artísticas del norte de Europa, cada vez hay más estrategias y programas específicos dirigidos a los niños. En esa tendencia está Plom Gallery, una galería de arte contemporáneo dedicada exclusivamente a los críos, que acaba de abrir sus puertas en la calle Séneca de Barcelona. “Como agente de ilustradores, tuve la oportunidad de vivir el proceso creativo muy de cerca y de darme cuenta que en la relación entre arte y niños hay todavía muchos aspectos y sinergias por explorar”, explica la propietaria y directora, Martha Zimmermann. Madre primeriza de un niño de dos años y medio que le empezó a llamar —cariñosamente— plom, plomo en catalán.

“Queremos enseñar a los pequeños a apreciar la belleza de las cosas y el valor del arte como hecho creativo”, continúa la flamante galerista, que alternará exposiciones monográficas y colectivas temáticas. Para inaugurar el espacio ha reunido en Plom Gallery, obras únicas originales y series limitadas de pintura e ilustración de los 12 primeros artistas que representa. Algunos, como Blanca Hernández, que trabaja el grabado sobre madera, ha realizado piezas para la ocasión, mientras que otros, como Ibie Romero, han dejado que Zimmermann eligiera entre su producción reciente. “Aunque no nos han pedido crear obras pensadas exclusivamente para el gusto infantil, siempre está bien saber a quién te diriges” asegura Pep Brocal, que expone xilografías. Destaca el mundo surrealista y onírico de Sergio Mora, lleno de referencias iconográficas a los mitos del imaginario colectivo y la historia del arte. Con personajes que oscilan entre lo entrañable y lo grotesco, el cariño y la ironía, como una Gioconda regordeta, un Don Quijote convertido en molino de viento y unos jueces del siglo XVII con el rostro de ET.

La galerista también ha creado un Certificado de Autenticidad, que incluye los datos del niño que compra la obra —los precios parten de 100 euros— reconociéndole como propietario con el objetivo de crear un vínculo emocional con la obra que ha adquirido e introducirle la idea de colección. La galería complementará la actividad expositiva con un intenso programa de talleres e iniciativas enfocadas a potenciar la creatividad de los niños y de los adultos que les acompañen.

por Roberta Bosco, EL PAIS