7 octubre, 2014

Bajo la pátina de Murillo

murillo

En la iglesia de la Santa Caridad de Sevilla hay un resplandor. Intenso, sí, aunque incompleto. El retablo mayor que luce el templo en el presbiterio posee ese encanto barroco que provoca una ceguera divina de oro y abundancia. Pero, a ambos lados de la obra de Bernardo Simón de Pineda, dos ennegrecidas tallas guardan su grandiosidad pasada bajo el polvo del tiempo. La Fundación Focus-Abengoa ha firmado este lunes un acuerdo de colaboración con la Hermandad de la Santa Caridad para la conservación y recuperación de su patrimonio. Un convenio que permitirá restaurar estos dos retablos, coronados con dos pinturas de Bartolomé Esteban Murillo, y un tercer cuadro del artista sevillano.

Los dos pequeños altares son el de San José y La Virgen de la Caridad, ambos también de Simón Pineda, que cuando recobren su aspecto original conformarán, junto a la obra del presbiterio, una trinidad “excepcional”, en palabras del catedrático de Historia del Arte, Enrique Valdivieso. “En cuanto se limpien, duplicarán su potencia, su armonía y su belleza. Nos encontraremos con una recompensa visual tan importante como la de nuestro magnífico retablo mayor”, apunta el experto. Dos cuadros de Murillo rematan las tallas: Niño Jesús y San Juan Bautista niño, que también serán restaurados.

Valdivieso recalca el don del artista sevillano para retratar la niñez, una cualidad que destaca, sobre todo, en su célebre obra El buen pastor, que se encuentra en el Museo del Prado. “Fue el último de 12 hermanos y tuvo ocho hijos, por eso la influencia de la infancia está muy presente en sus trabajo”, matiza el catedrático. Por último, se restaurará también La Anunciación, una de las pocas obras de Murillo de la iglesia de la Santa Caridad que no fue patrocinada por la propia Hermandad. “Se trata de un donativo que hizo el Marqués de la Granja en 1686”, añade el historiador.

María Arjonilla, profesora de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla es la coordinadora de este proyecto, que tendrá como peculiaridad la implicación de alumnos de Conservación y Restauración en proceso formativo. “Para nosotros es una especie de continuación del aula”, señala la coordinadora, que insiste en que será un trabajo lento pero seguro. Además, prosigue, proporcionará a los estudiantes un bagaje y una experiencia “inolvidable”.

En general, el estado tanto de las obras de Murillo como de los dos retablos de Simón de Pineda es bueno, explica Arjonilla, aunque presentan desgastes propios del paso de los años, como el polvo, la suciedad provocada por el humo de las velas, grietas, alteración de los barnices, levantamiento de tablas o pintura descascarillada. “El tiempo no perdona ni a las personas ni a las obras de arte”, sentencia Valdivieso.

El tiempo no perdona, pero hay métodos para intentar frenar su devastador paso. En el caso de las obras de la Santa Caridad, el buen hacer de Murillo ha facilitado la labor de restauración, que se prevé que finalice en 2016. En el arte, una buena técnica asegura un buen envejecimiento, afirma Arjonilla, que adelanta que es posible que el proceso de conservación destape información relevante y novedosa sobre las obras. “La restauración es un cauce muy importante para la investigación”, concluye esperanzada la encargada de devolver la luminosidad y el brillo perdidos a las obras de la iglesia sevillana.

Por Virginia López en El País.