10 abril, 2014

Bacon contra Bacon: el pintor se desafía a superar su propio récord

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El 13 mayo Christie’s saca a la venta en Nueva York un triple retrato de John Edwards, su heredero universal. Otro tríptico (de Lucian Freud) se vendió por 142,4 millones de dólares, el precio más alto pagado en subasta por una obra de arte

La sala Christie’s de Nueva York saca a subasta el próximo 13 de mayootro de los grandes trípticos de Francis Bacon. Recordemos que el de Lucian Freud se vendió el año pasado por 142,4 millones de dólares y se convirtió en la obra más cara jamás subastada.

Ahora el artista se desafía a sí mismo en el trono del mercado del arte con «Tres estudios para un retrato de John Edwards», de 1984. Parte con un precio estimado de 80 millones de dólares. Pero es de esperar que supere ampliamente esta cifra. Hay muchos coleccionistas multimillonarios ansiosos por hacerse con un Bacon de esta calidad. Sus propietarios saben que es el momento de Bacon en el mercado y no dudan en aprovecharlo.

Este tríptico fue la estrella de la retrospectiva del artista que celebró la Tate en 1985-86: Bacon la consideraba una de sus mejores obras. En ella el artista británico retrata a Edwards sentado en un taburete en una pose relajada. En cada una de las pinturas le muestra desde un ángulo distinto.

A su muerte, sorprendió a propios y extraños que Francis Bacon dejara como heredero universal de su legado a John Edwards. Su herencia estaba formada por inmuebles, incluido su célebre y cáotico estudio de Reece Mews, dinero y muchos cuadros. Pero, ¿quién era en realidad este desconocido? ¿Uno más de su larga lista de amantes: Peter Lacy, George Dyer, su último amor español…?

Al parecer, no, entre ambos solo existió una relación paterno-filial, aunque hay quien lo pone seriamente en duda. Sea como fuere, Edwards, homosexual y sin estudios, trabajaba en el Colony Room, un garito del Soho de Londres al que solía acudir a menudo el artista. Allí se conocieron en 1974. Bacon tenía 63 años y Edwards 25.

Un padre para él

Quizás fuera su inocencia la que le conquistó y la que encendió en el artista la llama de protección, como si fuera un hijo adoptivo para él. Fue una de las relaciones más importantes de su vida. Se mantuvo hasta su muerte. Decía Bacon que Edwards fue su «único genuino amigo». Nada que ver con la relación torturada, destructiva y sadomasoquista que Bacon mantuvo con amantes como George Dyer o Peter Lacy.

«Francis era un verdadero padre para mí, me dio toda la orientación que necesitaba, nos reíamos mucho juntos. Creo que le gustaba, pero yo no quería nada de él. Cuando Francis pintaba, siempre había un drama. Parecía como si estuviera luchando con el lienzo», advertía Edwards.

En 2001 donó el contenido de su estudio de Reece Mews a la Dublin City Gallery The Hugh Lane. Edwards, junto con Brian Clarke, ejecutor del legado de Bacon, mantuvieron un largo y complicado pleito con la galería Marlborough, a la que acusaban de haber «estafado» al pintor. Finalmente llegaron a un acuerdo en 2002. John Edwards murió en 2003 en Tailandia a los 53 años a causa de un cáncer. Hasta allí se había retirado a vivir con su pareja. Su hermano David fue condenado por un tribunal de Londres por vender obras falsas de Francis Bacon.

Por N. Pulido para ABC