7 abril, 2014

Avalancha en el Arqueológico

AVALANCHA-ARQUEOLOGICO

Primer fin de semana del nuevo Museo Arqueológico Nacional. Avalancha en los alrededores y en el interior del centro. El nacimiento se celebra con la gratuidad durante los primeros 20 días y el efecto llamada se ha convertido en una larga fila, que rodea al edificio y a su siamés -que ocupa la Biblioteca Nacional-, desde la primera jornada de puertas abiertas. Este sábado la espera para acceder era de hora y media, entre las once de la mañana y las dos de la tarde.

Durante la presentación a la prensa, el director, Andrés Carretero, situó el listón del éxito en el doble de visitas antes del cierre y dejaba la cantidad en 400.000 personas por mes, algo más de 1.000 personas al día. “En los cuatro primeros días hemos metido cerca de 5.500 por jornada”, asegura un trabajador del museo a El Confidencial. Sólo el tránsito de la mañana del sábado ya supera la mitad de esa cifra. A este ritmo de visitas, al final del mes sumaríamos dos millones de visitas.

Los vigilantes se quejan porque no dan abasto y temen por la integridad de las piezas, la mitad de ellos no tiene todavía traje, los conservadores bajan al mostrador y ya no hay trípticos del plano, sólo fotocopiasEl éxito de convocatoria es un hecho que se prolongará gracias a la Semana Santa, pero el personal del museo que se encarga de la vigilancia de las salas no está para celebrar nada. Entre aterrorizados y preocupados, aseguran que el museo no estaba preparado para la apertura. Han sido formados en cursos exprés en evacuación en caso de riesgo, pero nadie les ha explicado la nueva ubicación de los emblemas de las 12.000 joyas de la colección del Arqueológico. Ellos también llevan plano.

Pero es un plano de los buenos, uno de los trípticos que componían la edición que la tercera jornada ya se había agotado y que no se ha repuesto más que con fotocopias de color. Nadie había previsto esto y tampoco había dinero para encargar una segunda edición al momento. Tampoco se había reparado en los trajes de los nuevos vigilantes, 31, que pasean por las salas con sus ropas de casa y una tarjeta identificativa, dos semanas después de haberles tomado medida. Las prisas de la foto. No termina de llegar del todo el tan cacareado siglo XXI a un museo del XIX, la guía multimedia no está disponible aún para la visita.

colas-MAN

El mayor problema de todos es el de personal. Según cuentan las fuentes del museo a este periódico, el director ha tenido que recurrir a la conservadora jefe del departamento de protohistoria y de la conservadora jefe del departamento de antigüedades griegas y romanas para atender el mostrador en el día de más afluencia. En el recorrido, cada vigilante se responsabiliza de dos a tres salas. Hay cuarenta salas y la mitad de vigilantes.

Integridad y atención bajo mínimos

“La integridad de las piezas y la atención al ciudadano están muy cuestionadas. El Ministerio no ha querido poner más dinero para más vigilantes”, nos dice una de las vigilantes. “El nuevo diseño ha creado muchas zonas ciegas que no podemos controlar en estas condiciones. La inversión en reforma ha sido monumental y se han olvidado de cosas imprescindibles para la conservación de las piezas. Mira esos techos forrados de madera, ¿tan necesarios eran?”. En ese momento, una madre le dice a su hija que se suba ahí, que le quiere enseñar dónde está España en el globo terrestre de 1645, de madera.

Según cuentan los vigilantes, el nuevo diseño ha creado muchas zonas ciegas que no pueden controlar con tan poco personal, a pesar de los 60 millones de euros invertidos en la reformaHay recodos y recovecos, formados por los enormes expositores, que en momento de mayor flujo se transforman en una gincana. La densidad de visitas se acumula en las salas de Prehistoria, la dedicada a la Dama de Elche y Egipto. Estos días, la estancia dedicada al icono en vitrina del museo se llena con más de medio centenar de personas que la fotografían.

Cuenta uno de los vigilantes que no debería salir de esa sala, a pesar de que tiene que estar atento de otras dos más del pasillo enorme que forma la Protohistoria. Esta mañana, una señora se ha subido al pedestal de la Gran dama oferente, del siglo III a.C., de cultura ibérica, que hay junto al retrato de la Dama, para hacerse una foto. “No hay cultura de museos, la gente viene porque es gratis y sale en la tele. Se piensan que esto es de plástico y no tienen ningún cuidado. Es patrimonio y es de todos ellos”, suspira el vigilante.

También hay alerta sobre la desafortunada colocación de los contenidos audiovisuales, por ejemplo, en el paso de acceso a la sala de la Edad Moderna. El tumulto que se forma ante la pantalla tapona el tránsito. “Son errores de primero de diseño museográfico”, dice uno de los vigilantes. Lo peor es que, como les ha asegurado el director, ya no se puede hacer nada. El responsable, el arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade, ya ha cumplido con su labor.

Los sindicatos pidieron a los responsables más de ochenta responsables de sala, pero se han quedado en 78. Carretero aseguraba a este periódico, en la primera entrevista que concedió una vez se hizo pública la fecha de inauguración, que a entre los 68 para 7.000 metros cuadrados de exposición de antes y los 78 para 9.000 cuadrados de ahora “no ha variado mucho la ratio de espacio por vigilante”. Pero sí se ha multiplicado el número de visitantes y no llegan. La ambiciosa reforma estaba pensada para ello, entre otras cosas.

“A mí también me hubiera gustado tener más vigilantes”, añadía en su respuesta. “Supongo que no tenemos más por una cuestión de presupuesto. Hay que ser realistas: es un éxito que hayamos conseguido una plantilla de atención como la que vamos a tener, sobre todo, sabiendo la situación de la administración”.

Un padre fotografía a sus dos hijos junto a uno de los famosos toros de Costitx de bronce. Le dan un beso, uno por carrillo. Los límites se confunden y no hay nadie para recordárselos. El lleno es absoluto, parece un centro comercial. Eso debe ser el éxito.