15 abril, 2013

Asesinato de Prim, Entrega IV (Parte I)

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EL MAGNICIDIO: EL ASESINATO DE UN PRESIDENTE DEL GOBIERNO (IV) (1ª parte)

BIOGRAFÍA MILITAR DEL GENERAL PRIM

SUS PRIMEROS AÑOS COMO MILITAR DE MILICIAS

Prim no pasó por ninguna academia militar. No hay más que leer su biografía para observar que ingresó en el ejército a los 19 años en la compañía provincial que mandaba su padre, notario de profesión, que fue movilizado en Cataluña para la lucha contra la insurrección carlista en 1833.

Notable, aunque laudatoria, es la biografía de “Prim, la forja de una espada” del profesor Emilio de Diego, publicada por Planeta en el año 2003, que trascribe muy pocos datos de su infancia y adolescencia, al menos para conocer los estudios que contaba.

Poco después de su muerte se publicaron varias biografías, teñidas todas ellas del calor del momento. La de Francisco José Orellana, publicada en Barcelona en 1871, se puede leer que don Juan Prim era hijo de un “coronel graduado de infantería”, lo cual no deja de sorprender cuando en realidad, parece que era notario y capitán de milicias provinciales, de hecho en la página 102 del mismo lo rebaja a “teniente coronel graduado” al mando de una compañía. Más adelante el mismo Orellana escribe: “A la edad de diez y nueve años, en 21 de Febrero de 1834, el joven Don Juan ingresaba como soldado distinguido en el batallón franco de Tiradores de Isabel II, bajo las órdenes del comandante D. Ramón Montero y Vigodet, y obtenía plaza de cadete el 16 de abril de aquel año”. El ingreso como soldado distinguido era normal, porque así ingresaban los estudiantes, más difícil de aceptar es lo de la plaza de cadete, porque no parece lógico que hubiera “academia de cadetes” en un batallón franco, es decir una unidad creada por las circunstancias de la guerra. No se creó un batallón de Tiradores de Isabel II, sino que fue una denominación genérica a todos los batallones francos constituidos por paisanos para la defensa de reina niña.

Orellana 1871 Cedete Prim hiere a cabecilla carlista

Orellana 1871 Cedete Prim hiere a cabecilla carlista

Hizo una carrera meteórica, alcanzando los sucesivos “grados” por mérito de guerra, siempre en unidades provinciales, hasta ostentar las divisas de coronel, pero no hay que engañarse, los ascensos no se los daba el ministerio de la Guerra, sino que los “grados” podían ser concedidos por los generales en jefe de los ejércitos de operaciones, sin que tuviera ningún reconocimiento castrense y que solamente le servía para el mando en unidades no regulares del ejército.

Juan Prim pasó en el transcurso de siete años, los de la primera guerra carlista de soldado a coronel. Dicho de esta forma sus biógrafos los asemejan al general Espartero, el cual también pasó de soldado a general, aunque había una diferencia sustancial, siendo este segundo, estudiante de la universidad de Almagro, permaneció dos años en una academia de cadetes en Sevilla y Cádiz y tres cursos en la academia de ingenieros, habiendo superado un fuerte examen de ingreso (de más de mil oficiales de infantería aprobaron 49). Es decir, Espartero había pasado de la teoría a la práctica, mientras que Prim nunca había estudiado en un centro de formación castrense. La afirmación populista de Espartero como “general del pueblo”, no era más que el clásico populismo de la “izquierda” decimonónica, porque no olvidemos que tanto Espartero como Prim militaban en el partido progresista, siendo en el momento de asesinato del segundo, el primero jefe o presidente honorario del mismo partido.

Al terminar la guerra civil, en 1840, Prim tenía 26 años, era coronel graduado y gozaba de una enorme popularidad entre sus vecinos. Las guerras crean héroes a los que derraman su sangre y la de los demás, sin ningún miramiento. En este sentido las hazañas de Juan Prim y Prats eran celebradas, no solo en Cataluña sino en España entera. Acciones consistentes en adelantarse, combatir y matar al jefe de la unidad contraria; ser el primero en asaltar una fortaleza; y otras conductas temerarias que, en determinados momentos podían ser claves para obtener la victoria y en otras la más espantosa derrota, pero Prim siempre gozó de la “suerte”.

Ilustracion Española y Americana nº XXV 1872  Condesa Espoz y Mina

Ilustracion Española y Americana nº XXV 1872 Condesa Espoz y Mina

Al igual que tras la guerra de la Independencia, gran parte de la oficialidad tenía que ser desmilitarizada, volviendo a ser paisanos sin oficio ni beneficio militar y como mucho fueron enviados de “cuartel” a sus casas, con una ínfima paga.

No podía ser de otra manera, dado que en el Convenio de Vergara, se reconocían los empleos concedidos por el carlismo, por lo que el ejército español de 1840 tenía una sobreabundancia de generales y oficiales. Prim comprendió la dificultad de seguir la carrera de las armas por lo que se decidió por la política, siendo elegido diputado en las Cortes de 1840, afiliándose al colectivo liberal más abierto, que con el tiempo sería el partido “progresista”.

INICIO DE LA VIDA POLÍTICA DE PRIM

Los debates por la regencia trina o unitaria de esas Cortes crearon corrientes de opinión muy enfrentadas, siendo una de ellas a favor de Espartero, obteniendo éste el apoyo parlamentario del joven Prim. La recompensa no se hizo esperar y el Gobierno revalidó sus empleos de comandante y teniente coronel con fecha 28 de mayo de 1841.

Poco tiempo más tarde se le nombró subinspector de carabineros de Andalucía, cargo superior a su empleo militar y que llevó a cabo con eficacia. La misión que se le había encomendado era que el general Narváez no pudiera ponerse al frente de una insurrección en el sur de la península, impidiéndole salir de Gibraltar.

Asalto al Palacio real por Diego de Leon

Asalto al Palacio real por Diego de Leon

Orellana atentado a Isabel II

Orellana atentado a Isabel II

La regencia del duque de la Victoria (Espartero) no fue fácil, contestada casi desde su inicio y convulsionada por diversos levantamientos armados, siendo el más importante el de Barcelona y Cataluña en general. Prim comprendió que la nave del regente hacía aguas y que era conveniente cambiar de bando, dejando siempre una puerta abierta por si Espartero podía reconducir la situación. De esta forma huyó de Madrid y se entrevistó en París con los conspiradores. Detenido en Perpiñán por las autoridades francesas al querer regresar a España. Fue puesto en libertad por el cónsul español, aduciendo su carácter de parlamentario, entrando en Cataluña y escondiéndose en Reus, cuando desde Madrid se ordenaba su arresto. Su elección como diputado en las nuevas Cortes de 1843 le devolvió la libertad de movimientos.

LA SUBLEVACIÓN CONTRA EN REGENTE EN 1843

Pero la sublevación general contra el regente era ya un hecho y Prim no dudó en ponerse de parte de los sublevados, publicando un manifiesto, junto con Lorenzo Milans del Bosch, promoviendo el alzamiento y declarando mayor de edad a Isabel II. Con esta era la segunda vez que Prim cambiaba de bando y traicionaba a los que habían confiado en él y habían confirmado sus empleos militares. El manifiesto decía así:

Los diputados a Cortes que firman, a sus comitentes.

Conciudadanos

Cuando los esfuerzos de los delegados del pueblo bastan en Cortes para defender las libertades patrias, los intereses públicos, deber suyo es permanecer en aquel terreno, palenque de la legalidad, templo de la sagrada justicia. Pero cuando estos medios llegan a ser insuficientes por bastardas maquinaciones; cuando son ahogadas sus voces por la tiranía de otro poder que representa intereses opuestos, deber suyo es también avisar a los que les honraron con su confianza, para que apelando ellos a sus invencibles medios, reconquisten sus hollados derechos, castigando a sus opresores. Llegado este caso, creen los que suscriben deber ponerse a vuestro frente, y dándoos si los exigís estricta cuenta de su conducta parlamentaria, ofreceros su sangre para que sea la primera en derramarse si debemos combatir.

La representación nacional no existe ya. Estaba en contraposición con la voluntad de un hombre, y este hombre la hirió de alevosa muerte. Detrás de tan inaudita medida y de las ruinas de nuestra independencia, de nuestro crédito, de nuestro interés, de nuestra nacionalidad, se levanta, aunque pálida y enlutada, la horrible efigie de la tiranía. ¡No lo dudéis, españoles, la esclavitud os aguarda, si olvidáis lo que sois y lo que a vosotros mismo os debéis!

Inútil sería recordaros la historia de lo ocurrido desde que se vio asomar la ambición del que hoy intenta oprimiros; pero recordad la cuestión del nombramiento de Regencia. Todos debéis tener presentes las intrigas y coacciones que entonces se pusieron en juego, con objeto de lograr que aquella fuese única, y que recayese en el general Espartero. Bien conoció la nación entonces las miras ambiciosas de aquel soldado de fortuna; pero era nombrado por los diputados del pueblo reunidos en Cortes, y acatóse la voluntad de aquella mayoría. La única mira que se tuvo, acallando los recelos, fue solo la de dar fuerza al nuevo poder ejecutivo, para facilitarle los medios de labrar la ventura del país, pues a ello estaba obligado. Después ya habéis visto como lo cumplió.

El nombramiento del primer gabinete de la nueva Alteza por la voluntad del pueblo, fue el programa de su marcha sucesiva. Se enarboló entonces la marchita y derrotada bandera de Ayacucho; pero la solapa con que los traidores lo hicieron y la buena fe de la hidalguía española, nos indujo a no creer tan inicuas tramas, y quedaron en desahogada posición para minar a sus anchas el terreno que pisaban los leales, para a su tiempo despreciar la Constitución de la monarquía, autorizar los estados de .sitio y las deportaciones, y ser después testigos indiferentes del bombardeo de las ciudades más ricas y populosas de España.

Y cuando parecía que el tiempo iba a poner término a tantos desmanes y desafueros; cuando un ministerio reconciliador, que concibió y realizó el milagro de la aceptación general, vino a satisfacer las exigencias de unos y las esperanzas de todos, el mezquino interés de un hombre se cruzó, y la nación entera y su porvenir fueron sacrificados a la posición de ese hombre, exponiendo así al país, al que el regente lo debe todo, a otra guerra sangrienta tal vez, para que los traidores se glorien de llevar a cabo sus miras, y hacer de esta gran nación una especie de joya con que se pueda engalanar la corona de sus conquistas una de esas naciones que apellidamos amigas y aliadas, sin duda para que el sarcasmo sea más amargo.

En vano un ministerio anti-parlamentario, e impuesto contra la voluntad de todos y cada uno de los españoles, os hace ofertas de ventura y prosperidad; no lo creáis. Acordaos de la boca falaz que os promete tanta mentira dicha: Es la misma que os ofreció terminar la guerra civil en el espacio de seis meses: es aquel que dilapidando el erario público, acabó con nuestro crédito: es aquel que vendió por maravedís al extranjero, lo que millones costó al país: es aquel que por una suma despreciable, y tal vez no cobrada aun, vendía también al extranjero, el inmenso material del arsenal de Cartagena: es el hombre impúdico, que miente por sistema: es el hombre de las contratas onerosas: es el hombre del agio; y para acabar de una vez, puesto que su nombre encierra la idea de la reprobación pública, es Mendizábal.

Ministro de embuste y trampa, ¿dónde creéis que haya podido encontrar para subvenir a las atenciones del Estado, sin percibir contribuciones, como os ofrece hacerlo en uno de esos decretos de pacotilla que han visto la luz desde el 26 al 29 de éste, y que son precursores de otros tan descabellados y anti-constitucionales como estos? ¿Quién sale garante de que esa oferta se realice? ¡Él! ¿Y habrá un español, uno solo que lo crea?

Y si esto sucede, y si no faltan los recursos cuando los medios de adquirirlos menguan, ¿no adivináis cuál es la mano generosa que los adelanta y el noble fin con que los hace? ¿No tembláis por nuestras Antillas de ambos océanos? Sí, podrá ser que las atenciones del estado se cubran; pero será, y tenedlo por cierto, a detrimento de la isla de Cuba o de Filipinas por ahora, más tarde de ambas … ¡Ah! Creedlo, conciudadanos: el porvenir de nuestra España es negro: a cara descubierta se le prepara la precaria y envilecida existencia de una colonia extranjera, y esto no es un misterio: tres años ha, y nadie lo ignora, que la voluntad extraña rige el país. No, españoles; basta de decepciones, no más envilecimiento. Hora es llegada ya de cortar de raíz los males que nos agobian. Hora es llegada ya de que pongamos los medios de coger el fruto de tanto afán. Hora es llegada ya de acabar con tanto obstáculo. Hora, en fin, es llegada ya de que, irguiendo la cabeza, nos proclamemos Españoles, y derroquemos para siempre y de una vez tanta falacia, tanta astucia, tanta traición. Para ello tenéis que hacer otro esfuerzo; grande, sí, pero el último. Unánimes levantad brazo y voz contra esta funesta falange de traidores que a la dicha y prosperidad nacional se oponen. Levantémonos contra esos hombres de maldición, que ensayados en el Nuevo Mundo, lo entregaron al enemigo, y ahora completarán su obra si no lo atajamos, vendiendo la madre patria al extranjero.

Levantaos, pues, No aguardéis a mañana. Cuidad que la Constitución ha sido rasgada por ellos. Tened presente que la inocente Isabel está entre sus manos fratricidas, para quienes nada hay sagrado. Tened presente que el poder ejercido por ellos es incompatible con el reinado de la ley, y acordaos, en fin, que si los que regentan la suerte de los pueblos no son más que sus delegados, subidos y mantenidos en el solio regio por la voluntad general, llegado es el momento de dar una lección práctica y dura al que su origen olvida, haciéndoles entender que el pueblo español es incompatible con la tiranía.

Españoles: ¡Viva la Constitución!

Proclamemos desde hoy la mayoría de la reina, áncora de nuestra salvación.

Españoles: ¡Viva la Reina!

Reus, 30 de mayo de 1843

Juan Prim – Lorenzo Milans del Bosch

Gimenez y Guited Hª Prim Tomo I

Gimenez y Guited Hª Prim Tomo I

Leído el texto con la lejanía del tiempo, con el barroquismo característico de las proclamas decimonónicas, no deja de sentir el lector algo de estupor, al acusarse en el texto de haber impuesto Espartero la regencia única, cuando vimos que había sido apoyado por Prim, acusándole luego de traición frente al enemigo, por ser derrotados en la batalla de Ayacucho (Espartero no participó en la batalla por encontrarse en España), cuando los valientes soldados españoles luchaban en América, desde hacía años, con sus propios medio y ningún apoyo de la metrópoli. Hace mención, de una forma solapada y exponiéndolo como de una venta a una potencia extranjera, claramente Gran Bretaña, la intención del Regente de basar la economía en el librecambismo y no en el proteccionismo, única forma de que España entrara de lleno en la industrialización. La posible venta de las posesiones ultramarinas es otra muestra de la falacia de Prim, de la demagogia del personaje.

Las acusaciones a Espartero fueron retiradas pocos años más tarde, autorizándosele a regresar a España. En septiembre de 1847 la reina, a propuesta del presidente del gobierno, lo nombraba senador y ministro plenipotenciario en Gran Bretaña. Las Cortes, tras su regreso a la patria, hicieron más, reconociendo la deuda económica que tenía con el general que había subvenido de su pecunia algunas necesidades militares y del Estado.

Gimenez y Guited Hª Prim Tomo I 1843 Barcelona

Gimenez y Guited Hª Prim Tomo I 1843 Barcelona

La Junta de Barcelona, autodesignada como “soberana”, según la tradición española del concepto de soberanía, ascendió al coronel graduado Juan Prim a brigadier de infantería.

La propia Junta abrogándose competencias que no tenía, nombró ministro universal al general Serrano, el cual confirmó, entre otros, el ascenso de Prim, designándole posteriormente gobernador militar de Barcelona.

Serrano firmó un decreto en los términos siguientes:

En nombre de la nación: Siendo incompatible con la felicidad pública la regencia del Duque de la Victoria, el Gobierno provisional, de acuerdo con la Junta suprema de esta provincia, ha venido en resolver lo siguiente:

Artículo 1º. Queda destituido de la regencia del reino, que ejercía durante la menor edad de doña Isabel II, el general D. Baldomero Espartero, duque de la Victoria y de Morella, y conde de Luchana.

Artículo 2º. La nación entera, los empleados de todos los ramos, de todas las clases y categoría, quedan relevados de la obediencia que, con arreglo a las leyes, estaban en el caso de prestar al ex-regente.

Barcelona, 29 de junio de 1843.

El ministro de la Guerra y encargado interinamente de los demás ministerios.

Francisco Serrano.

El decreto no podía ser más esperpéntico y falto de legalidad, pero tuvo efectividad y como tal fue aceptado por las autoridades, mandos del ejército y distintas juntas.

Pero la caída y el abandono del territorio nacional del general Espartero, no iba a traer la tranquilidad a la nación y de la misma forma que en 1808, las juntas de gobierno no quisieron someterse al “supuesto” gobierno constituido en Madrid.

Gimenez y Guited Hª Prim Tomo I Puerto Rico 1847

Gimenez y Guited Hª Prim Tomo I Puerto Rico 1847

Gimenez y Guited Hª Prim Tomo I Puerto Rico 1847 2

Gimenez y Guited Hª Prim Tomo I Puerto Rico 1847 2

Serrano en su marcha a Madrid desde Barcelona, prometió la constitución en la capital de la nación de la Junta Central, lo que no llegó a cumplir, funcionando como tal la local de Madrid. La Junta de Barcelona no quiso reconocerla, produciéndose de esta forma una confrontación en donde los catalanes se denominaban “centralistas”. Actuando como suprema, la Junta de la ciudad condal, emitió una serie de decretos para el mejor gobierno de la nación, encontrándose entre ellos la condena al brigadier Prim, declarándolo “traidor a la patria” y privándole de todos sus grados, honores, títulos y condecoraciones.

Prim, fiel a sus principios morales de nadar y guardar la ropa, comprendió que todo lo que podía darle la Junta de Barcelona ya lo había hecho, es decir ascenderle a brigadier.

No es el momento de narrar aquellos cruentos sucesos desgraciados, tan frecuentes en la vida política del siglo XIX, pero Barcelona quedó sometida al Gobierno, al igual que otras poblaciones, volviendo la tranquilidad a todo el principado.

Recientemente ha fallecido un personaje histriónico, Hugo Chávez, el cual ante una revuelta ciudadana, junto con asonada militar, con amago de golpe de estado, en abril de 2002, tras ser liberado por un comando militar de las fuerzas que le eran fieles, se presentó ante la muchedumbre empuñando un Crucifijo en una mano, mientras con la otra se abría la camisa y señalando su pecho desnudo, pidiendo a los sublevados que le disparasen. Pues bien algo similar hizo Prim en aquellos tristes días de agosto de 1843, cuando era criticado por los barceloneses por su ambición con los ascensos militares, él les retó diciendo al parecer la frase de “o faja o caja”, expresando que si no obtenía la faja de general, es que lo habían matado.

La “gesta” de Prim le valió el ascenso a mariscal de campo en septiembre de 1843, es decir dos meses después de serlo a brigadier. Tenemos pues a un flamante general de 29 años, sin ningún tipo de estudio castrense. ¿Qué conocimientos podía tener de lectura de planos, de topografía, de bocas de fuego, de trayectoria de proyectiles, de avances en línea o columna y tantas y tantas enseñanzas teóricas que se asumen por los oficiales profesionales y se experimentan en el campo de batalla? Ningún biógrafo habla de todo ello, pareciendo que lo único que tiene algún mérito es el “valor” ante el peligro.

También fue agraciado con un título de Castilla, el de conde de Reus y vizconde del Bruch, así que vemos a Prim, no solo convertido en general sino también en noble.

Gimenez y Guited Hª Prim Tomo I Prim a caballo

Gimenez y Guited Hª Prim Tomo I Prim a caballo

PRIM EN LA DÉCADA MODERADA Y DE CAPITÁN GENERAL DE PUERTO RICO

Pero Prim no saciaba su ambición y quería más. De nuevo volvió a salir elegido en las Cortes de 1844, militando en el partido “progresista”, siendo, por tanto, enemigo de Narváez, que lo era del “moderado”, que estaba en el poder.

El procedimiento de intercambio político empleado en el siglo XIX y que en cierto modo se ha mantenido hasta nuestros días, era simple. El partido que estaba en el poder, generalmente por voluntad de un levantamiento armado, copaba todos los puestos militares, administrativos y de gobierno, cesando a todos los pertenecientes al partido opositor, declarando a muchos de ellos “traidores a la patria” y obligándoles a exilarse. Pocos años después, cuando notaban inestabilidad en su posición, declaraban una amnistía general, permitiendo el regreso de todos los exilados, restituyéndoles en sus honores anteriores, siendo todo ello el preludio de un cambio de gobierno.

Las amnistías no contentaban a nadie, las atrocidades cometidas por unos y otros era terribles y los odios generados en los perjudicados muy grandes, por los que éstos no veían con buenos ojos esas medidas de gracia. Por su parte, los afectados, consideraban que con la amnistía no se les perdonaba la culpa, sino que no habían hecho mal y que se les daba la razón.

Prim sufrió en 1844 la primera persecución y el primer exilio, aunque transcurrido algo más de un año, se le permitió el regreso, por supuesto amnistiado, nombrándosele capitán general de Puerto Rico, “según las malas lenguas, para restablecer su maltrecha economía”.

Tomó el gobierno de la isla en 8 de diciembre de1847, actuando desde el primer momento, con energía, pero saltándose todas las normas de gobierno. En 1848 se produjeron en algunas islas del Caribe movimientos antiesclavistas y sublevaciones de esclavos. Prim ayudó a las autoridades de otras naciones con estos problemas y estableció unas férreas medidas para impedir cualquier tipo de insurrección de los negros. Se ganó las simpatías de los esclavistas, terratenientes de la isla, pero su represión causó horror en Europa y fue destituido por el Gobierno español, permaneciendo como capitán general de Puerto Rico alrededor de un año.

Gimenez y Guited Hª Prim Tomo I batalla de Sinope 1

Gimenez y Guited Hª Prim Tomo I batalla de Sinope 1

LA INTENSA DÉCADA DE LOS CINCUENTA

El regreso a la península lo dejaba de cuartel, sin ningún mando militar, pero Prim se presentó a las elecciones de 1850 y a pesar de la oposición del gobierno moderado, salido elegido diputado por el distrito de Vich. En aquella legislatura declaraba su “amor” a la Reina: Colón y Hernán Cortés conquistaron a la primera Isabel un nuevo mundo en Occidente; y yo, teniendo el cuerpo acribillado con ocho balazos, recibidos peleando como bueno por la Reina constitucional, recibiera gustoso otros veinticinco, y gustoso daría mi existencia para conquistar a Isabel II el cetro del universo, y más adelante decía: La Reina está muy elevada para que puedan alcanzarle las miserias, los rencores y la ponzoña de los partidos.
Años más tarde las palabras con que mencionaba a Isabel II, no eran las de halago, sino las de desprecio.

Las elecciones a Cortes se sucedían en aquellos años casi de forma anual, llegando a existir legislatura de solo dos meses. En 1851 volvió a salir elegido, defendiendo los intereses económicos y sociales de Cataluña en diferencia con el resto de las regiones españolas, parecía que querían congraciarse con sus paisanos a los que había traicionado en 1843-1844, enumerando de forma “victimista” los sacrificios que habían hecho los catalanes por la Reina y los que hacían por el resto de los españoles. Poco a poco la Corona dejaba de ser intocable.

Desde que terminó la guerra civil carlista, Prim no había estado al mando de unidades armadas, excepto los breves períodos de la revolución de 1843-1844 y durante su mando en Puerto Rico. Todos esos años lo vemos de parlamentario en Madrid o viajando por el extranjero, visitando establecimientos militares. Puede decirse que son esos intervalos de tiempo en los cuales el general reusense se forma como militar.

En 1853, Rusia declara la guerra a Turquía, iniciándose la guerra de Crimea, la primera “moderna” y de características similares a las que posteriormente se sucedieron hasta la Segunda Mundial. Estaba Prim en París en aquello días y solicitó al ministro de la Guerra autorización para acudir al escenario de la guerra, marchando con un grupo muy elitista de oficiales de ingenieros, infantería y artillería a Turquía, integrándose en el cuartel general de Omar Bajá. En una de las pocas batallas en que vencieron los turcos, en la Oltenitza (Valaquia), se cuenta que la situación de la artillería, aconsejada por Prim, dio el triunfo sobre los rusos. A pesar de esta victoria, la contienda era desfavorable a los otomanos, decidiéndose entrar en la guerra ingleses y franceses para frenar las ansias de expansión del zar que a toda costa quería obtener una salida al Mediterráneo.

La guerra de Crimea comenzó en octubre de 1853 y finalizó en 1856, siendo objeto de amplia información, al ser la primera confrontación armada narrada a través de la prensa. Desde mi observatorio malagueño he podido leer, gracias a “El Avisador Malagueño”, periódico del siglo XIX, toda la guerra, con el detalle de enumerarse las unidades, generales, batallas, etc. La gran cantidad de observadores que asistieron, entre ellos españoles, capitaneados por el general Prim, escribieron las memorias de dicha guerra. La guerra fue asimismo un acicate para la industria, impulsándose tras ella el cemento armado u hormigón y la fabricación de acero.

En España son dignas de mencionar La Memoria del viaje militar a oriente, presentada por el conde de Reus al Gobierno, editado en Madrid en 1855, y La Memoria sobre el viaje militar a la Crimea, presentado por la comisión de oficiales de ingenieros y publicada en el Memorial de Ingenieros en 1858, encontrándose ambas publicaciones en internet.
Prim, supo estar en la guerra, quedar bien, gracias a los oficiales facultativos que llevaba como acompañantes y además estar atento y participar en la revolución (Vicalvarada) de la década de los cincuenta, con la que se derrota a los moderados y gobierna en España un nuevo partido: la Unión Liberal, constituida por los más progresistas de los moderados y los más moderados de los progresistas, siendo el primer partido de “centro” de la historia política española.

Del general Clausewitz se ha dicho que ha sido el “mejor estratega de marketing del mundo”, no en lo concerniente a su persona, sino a su obra “De la guerra”, convertida en un clásico al que se hace referencia continuamente. Juan Prim y Prats fue un genio del marketing hacia su persona. Es fácil crear un populismo desde el poder, caso por ejemplo del general Franco o Hugo Chávez, pero es muy difícil hacerlo fuera del mismo, y en este sentido el general Prim se convirtió en un héroe y un personaje admirado, no solo por los españoles, sino por los europeos. Su apostura, su forma de hablar y de dirigirse a los demás, su elegancia, su presencia militar, etc., le dieron un reconocimiento que pocos personajes han tenido a lo largo de la historia.

Persona inteligente y muy buen psicólogo, sabía además rodearse de hombres muy fieles y con grandes conocimientos facultativos, es decir estaba siempre bien asesorado. Sus constantes viajes al extranjero le permitieron conocer los idiomas francés e inglés, que junto con el catalán y castellano, la daban un aire de autoridad internacional.

Aún hoy en día permanece esa aureola de gran militar, buen político, extraordinario catalán y referencia de español, por lo que no digamos la que disponía en aquellos años de su engrandecimiento social. El escritor Francisco Giménez Guited, en su Historia Militar y Política del general D. Juan Prim, marqués de los Castillejos, conde de Reus, vizconde del Bruch y Grande de España de primera clases, etc., enlazada con la particular guerra civil en Cataluña y con la de África, relaciona sus acciones bélicas, comprendiendo 43 combates, 16 sitios, 5 sorpresas, 7 batallas campales, 9 heridas, 5 luchas a brazo partido, en los que salió siempre victorioso, 10 combates como jefe de brigada o división y 17 como general en jefe de cuerpo de ejército, todo lo cual no deja de ser una exageración por parte de su hagiógrafo, dado que el libro, estaba editado en 1860.

El regreso de Prim a la vida nacional se materializó en un nuevo ascenso, esta vez a teniente general y su consabido elección parlamentaria, siendo designado por el Gobierno capitán general de Granada. En 1856 se casó con doña Francisca Agüero, mejicana y poseedora de una gran fortuna. Tenemos de esta forma a Prim, rico y con una posición social, política y militar verdaderamente envidiable.

Estado O’Donnell de presidente del Gobierno, para gradecer a Prim su apoyo político lo nombra senador vitalicio, con el pretexto de “equilibrar mejor la representación de los partidos en la alta cámara”.

Gimenez y Guited Hª Prim Tomo I batalla de Silistria

Gimenez y Guited Hª Prim Tomo I batalla de Silistria

Continuará en la 2ª parte de la 4ª entrega