1 abril, 2013

Asesinato de Prim, Entrega III

Prim III

A las fuentes de las entregas anteriores, unimos algunas más: los expedientes que se abrieron desde el ámbito militar y que se conservan en el Archivo Histórico Militar de Madrid.

De aquellos años hay una fuente histórica de indudable valor, la de don Benito Pérez Galdós, el cual en sus episodios nacionales últimos es protagonista de lo que acaece en España. Se toma con certeza el ambiente narrado por el ilustre escritor en las ciudades sitiadas de Zaragoza, Gerona y Cádiz, la vida en la guerrilla del Empecinado o los combates y batallas, como las de Bailén y Arapiles, cuando todo ello son vivencias que otros protagonistas le cuentan, pero en el caso del Sexenio Revolucionario “él lo vive”, incluso desde su ideología republicana.

Figura 1 (3ª)

Se mantiene como fuente más importante, el diario “El Avisador Malagueño”. Curiosamente los periódicos de provincia presentaban una visión más amplia de la vida política y social española que los de Madrid o Barcelona, debido a que en estas capitales, cada periódico se adscribía a una ideología, por lo que sus noticias estaban sesgadas. En provincias, al no existir “corresponsales” transcribían las noticias, comentarios y editoriales de aquellos, existiendo la posibilidad de comparación, incluso se publicaban las leyes y decretos del Parlamento y del Gobierno, así como los nombramientos oficiales que afectaran a ciudadanos locales.

INDUCTORES Y ACUSADOS EN EL MAGNICIDIO
Uno de los implicados en el atentado, identificado por su voz, por el propio Prim, era el diputado, anarquista, republicano y periodista, Paúl y Angulo, el cual desapareció de la escena política, exilándose voluntariamente de España, con tanta rapidez que al día siguiente del criminal atentado no se conocía su paradero, desde el extranjero se defendió de las acusaciones de su participación en los hechos: ¿por qué huyó si era inocente? Su rápida desaparición no podía ser cosa de la improvisación, sino de un plan muy preparado que tenían los implicados directamente en los hechos y de mayor notoriedad, para huir en caso de fracaso, como así ocurrió.

La actuación de terceros como intermediarios entre los asesinos y los inductores, impidieron esclarecer quiénes fueron estos últimos, relacionándose en este grupo a alfonsinos, partidarios de Montepensier, republicanos, carlistas, independentistas cubanos y un largo etcétera.

Figura 2 (3ª)

José Paúl y Angulo nació en Jerez, de una familia dedicada al negocio del vino. Algunos autores al describirlo lo hacen con el apelativo de “señorito jerezano”. Desde muy joven y junto a otro paisano, Ramón Cala, se afilió al partido demócrata, participando activamente en los prolegómenos del alzamiento de septiembre de 1868, entrevistándose con Prim en reiteradas ocasiones, desplazándose en barco desde Cádiz hasta Gibraltar para recoger al general, procedente de Londres. De tendencia republicana, se separó de éste cuando vio que las perspectivas del nuevo régimen se encaminaban hacia una monarquía constitucional.

Participó en el levantamiento republicano de octubre de 1869, mandando una columna que fue reducida por la fuerza, exilándose a Ginebra, desde donde escribió algunos artículos en el diario “La Igualdad” del que había sido redactor. En 29 de enero de 1870 se publicó en “El Avisador Malagueño” una referencia a un artículo publicado en “La Igualdad”, en donde llamaba a la revolución armada:

“D. José Paúl y Angulo, diputado republicano emigrado a consecuencia de la intentona federal del mes de Octubre, ha remitido desde Ginebra a la «Igualdad» un artículo en parrafitos sueltos titulado «Consejos revolucionarios», que empieza así:

«Algunos artículos me propongo escribir tales como el pueblo, a mi entender, los necesita: sencillos, claros, sin pretendida elevación, y más que nada revolucionarios».

«Lo que debéis hacer es contar con vuestros propios esfuerzos.
La revolución violenta. El planteamiento de la república democrática federal, esos han de ser los primeros pasos de vuestra emancipación.
Uníos pues y conspirar.
Vosotros podéis luchar, vosotros podéis vencer, porque vosotros sois el derecho y la fuerza»”.

Figura 3 (3ª)

El día 15 de abril remite un manifiesto que es publicado en el mismo periódico y recogido por el diario malagueño el 28 del mismo mes:
“Ha aparecido al fin el anunciado manifiesto del diputado republicano Sr. Paúl y Angulo, en cuyo documento, después de haberle (sic) leído detenidamente sólo vemos el propósito de censurar la conducta de la minoría republicana del Congreso, y el deseo de que la venganza del pasado se busque necesariamente en la acción revolucionaria, organizada y dirigida por quien corresponda. Refiérese, después de varias consideraciones, a los 40 diputados correligionarios suyos, y que dice que «esos ciudadanos que con su influencia vienen dirigiendo el gran partido republicano federal no sirven para tamaña empresa»… he aquí como termina el citado manifiesto, dado en Ginebra el 15 del corriente mes:
«En todo caso, comprenda el pueblo que no hay ni hombres completos, ni hombres indispensables, y si sus mejores amigos siguen careciendo de la energía y audacia necesarias y privándole así de verdadera dirección, conserve hacia ellos toda la estima que sus servicios merecen, pero busque en su propio seno a los jefes de acción que necesita y que en su seno tiene; facilíteles el camino del prestigio y del nombre, para que preparado y conducido en los momentos de nueva lucha, lucha que cualquier acontecimiento puede hacer inevitable o conveniente, veamos realizarse las aspiraciones de los buenos.

Figura 4 (3ª)

Necesario es que nos pongamos de acuerdo y en relación constante todos los verdaderos revolucionarios. Guardémonos de promover luchas parciales y menos aún de aceptar una batalla general que haya de ser para nosotros una nueva derrota; pero guardémonos también de consentir que ciertas personalidades, quizá incapaces de ocupar los primeros puestos una vez lanzada la revolución, y extraviada hasta aquí por un fatal amor propio, sigan dividiendo el partido, adormeciendo a los unos con ridículas esperanzas de pacífico triunfo a todas luces imposible, y dejando a otros sin dirección lanzarse una y otra vez en luchas parciales y desesperadas para satisfacción de nuestros feroces enemigos.

Apresurémonos a organizar el pueblo como elemento de acción. Cuando lo esté y tengamos en nuestro poder suficiente número de argumentos análogos a los que para convencernos se emplean y que se llaman armas de fuego, entonces y sólo entonces la revolución política administrativa y social empezará a ser en España una verdad incontrastable.- Salud y fraternidad.- J. Paúl y Angulo»”.

Poco después regresa a España gracias a la amnistía del Gobierno, declarándose abiertamente, no sólo opositor, sino enemigo personal del general Prim, al que acusa de traidor a la causa de la revolución y a los acuerdos que se firmaron entre todas las fuerzas revolucionarias.

Funda el diario “El Combate”, del que es director, periódico que, tal como se ha visto en una entrega anterior, se convierte en el más furibundo enemigo de Gobierno, al mismo tiempo que proclama la guerra revolucionaria como única forma de que el pueblo alcance el poder.

Violento de carácter, se enfrenta dialécticamente con Felipe Ducazcal, empresario teatral, jefe de la “partida de la porra”, acérrimo partidario de Prim, a través de las páginas de los periódicos “La Iberia” y “El Combate”.
Tan violento fue el enfrentamiento, que llegó por parte de Paúl a retarle a duelo a muerte.
Concertóse el hecho para el 10 de diciembre, siendo padrinos de Paúl, Santamaría y La Rosa y de Ducazcal, Doñamayor y Menéndez Escolar.

Figura 5 (3ª)

Tocó a Ducazcal disparar primero y falla, mientras que Paúl, le hiere gravemente en la cabeza, de suerte que aunque quedó con vida, le quedaron secuelas, que fueron las que a la postre le llevaron a la tumba. El duelo era el preludio de que el jerezano apuntaba directamente al general y su entorno más próximo.

Benito Pérez Galdós, en su España Trágica. Episodios Nacionales. Ed. Aguilar, Madrid, 1976, pág. 457 y siguientes, narra escenas magistrales de esta tragedia que, probablemente fueron fiel reflejo de lo que verdaderamente ocurrió.
La acción contra Ducazcal vino precedida por una declaración de “La Igualdad”, proclamando enemigos del pueblo a todos los componentes de la “partida de la porra”, recogida la declaración en El Avisador Malagueño de 7 de diciembre de 1870, faltaba muy poco para el magnicidio:

“1º El partido republicano federal ha nombrado un jurado que sentencie los crímenes que ejecute la Partida de la porra.
2º La junta provincial, las juntas de distrito y de barrio, cada una de ellas en su esfera, cuidarán de hacer público en La Igualdad los nombres de cuantos formen esa infame Partida.
3º Los comités provincial, de distrito y de barrio velarán sin descanso por la seguridad de todos los ciudadanos, sean o no republicanos, y procurarán escarmentar del modo que merecen a aquellos que, consentidos, viene cometiendo actos contrarios a la civilización de los pueblos.
4º En nuestra Redacción se recibirán cuantos detalles se refieran a la mencionada Partida”.

El periódico progresista “Novedades”, responde implícitamente a “La Igualdad”, con un artículo titulado “La Ley de la Porra”, en el cual defiende la unión de los ciudadanos de orden ante el clima de inseguridad que se vive en Madrid, a causa de desalmados y delincuentes, que bajo el paraguas del republicanismo, cometen todo tipo de tropelías.

Pocos días más tarde, se publica en el mismo periódico un artículo, que aunque sin citar nombres, es claramente insultante para el Presidente del Ejecutivo y el Regente, se titula “Abajo los bribones”, declinando la redacción “toda responsabilidad en las apreciaciones que se hacen en él”, aunque su factura bien podría ser obra de Paúl y Angulo. Se publica en El Avisador Malagueño de 17 de diciembre y el primer párrafo se refiere a Prim y el segundo a Serrano.
Figura 6 (3ª)

“¿Veis ese soberbio militar lleno de cruces, entorchados y condecoraciones, sin capacidad, sin títulos ni merecimientos para mandar una compañía en un ejército decente; que ha venido conspirando toda su vida con todos y contra todos los partidos y gobiernos; que ha llegado a general promoviendo insurrecciones y revueltas, sin arriesgar nunca su individualidad; que ha sido cien veces apóstata y traidor al pueblo, y que se ha elevado rápidamente por medios tan villanos desde la modesta clase de soldado hasta la más alta jerarquía social, y desde la mendicidad hasta la más insolente opulencia? Pues ése es un bribón.
Este otro soldado de fortuna, que se hizo hombre político para medrar, que medró sin tasa ni medida, como no tuvo medida al tasar su ambición y su inmoralidad política; que se vendió a la corte para fusilar al pueblo; que comerció con todos, y engañó a todos, y se engrandeció con todos, sin haber sido leal a ninguno; y que después de haberlo explotado todo, no ha conseguido ver satisfecha su implacable ambición, su sed hidrópica de mando y de riqueza; ése es un bribón.”.

En aquellos días de diciembre, las acusaciones que en el manifiesto de abril, lanza Paúl hacia el directorio republicano, se recrudecen, produciéndose un combate dialéctico entre los periódicos y diarios de esta tendencia, unos partidarios de la lucha pacífica y democrática y otros, encabezados por “La Igualdad” y “El Combate”, del alzamiento y la insurrección. Es tal la controversia y la división de pareceres, que el análisis que hace de todo ello la redacción de “El Avisador Malagueño” el 21 de diciembre de 1870, es el siguiente:

“La actitud de los republicanos federales empieza a ser causa de preocupación pública.
A la declaración hecha por el diario La Discusión respecto a la actitud pacífica de los prohombres del partido, El Combate ha contestado que aquel diario debe considerarse fuera del partido, y que por lo tanto sus declaraciones no tienen el menor valor. La Discusión replica lo que sigue:

«Primeramente diremos al colega que, en efecto, La Discusión no pertenece a la demagogia socialista, cuya bandera ha enarbolado El Combate con gran contentamiento de carlistas y moderados; en segundo lugar le advertiremos que, no tardando mucho, el tiempo le demostrará el valor de nuestras protestas, y que por último, mientras El Combate no publique el documento o diga la ocasión en que el directorio ha resuelto IRREVOCABLEMENTE acudir al terreno de la fuerza, el partido republicano no juzgará las aseveraciones del colega, que en cuestiones de tamaña importancia no debe tener la pretensión de ser dogmáticamente creído».
Creemos que La Discusión está en lo cierto, y así lo comprueban las siguientes líneas de La República Federal:
«Podemos asegurar que el directorio no ha dado autorización a nadie para hacer declaraciones en ningún sentido.
Cuando el directorio tenga necesidad de hablar, lo hará con la lealtad y franqueza que hasta aquí, sin que se valga de labios ajenos.
Conste para ahora y para en adelante»”.

Figura 7 (3ª)

En el número 12 de “El Combate”, de los últimos de su corta pero violenta trayectoria, tal vez escritos por la pluma de Paúl, citado por Pérez Galdós (pág. 459, ob. Cit), se leía:
“La traición revolucionaria está probada; el volcán de las iras populares está próximo a estallar …; se aguarda un momento terrible; se aproxima una tempestad siniestra; óyense los primeros rugidos del aquilón revolucionario; se necesita una víctima para revindicar nuestros derechos … Esta víctima la traéis vosotros al sacrificio … ¡Sobre vosotros caerá su sangre y la sangre generosa del pueblo que por vuestra culpa se derrame!”.

Parece que los republicanos radicales, los que con el tiempo engrosarían las filas de los “intransigentes”, querían llevar a cabo una acción contundente, que frenara el proceso de normalidad democrática y constitucional seguido por el Gobierno, como por ejemplo el asesinato de su Presidente, para que sirviera de acicate al republicanismo para lanzarse a la insurrección armada y alcanzar el poder.

Son significativos las consignas, noticias, artículos, etc., que publican aquellos días ambos diarios radicales, que analizado, tal como lo efectúa la redacción del periódico malagueño, con el perfil de los acontecimientos que se estaban sucediendo y que iban a suceder en aquellos días, no tienen las conclusiones que se pueden extraer ahora, es decir que se estaba preparando un acontecimiento inesperado que podría cambiar la situación nacional. De hecho El Avisador Malagueño, con fecha 21 de diciembre expone:

“consignemos, sin embargo, que La Discusión encabeza su número de algunos días a esta parte, con un llamamiento a los diputados de la minoría republicana que están ausentes de Madrid, para que vengan inmediatamente a esta capital, donde reclama su presencia altísimos deberes. La redacción del aviso y el carácter de letra empleada en el mismo no dejan de ser significativos”.

Figura 8 (3ª)

Mucho más cerca de lo que verdaderamente se tramaba, es la conversación ficticia que se transcribe en el diario anterior (EAM), entre el Presidente del Gobierno (Prim) y un supuesto diputado republicano:

“También lo es una conversación, a que hace referencia el mismo periódico, entre un diputado republicano y el presidente del Consejo de ministros, cuyo final relata en estos términos:
«Preguntaban al republicano cuántos años tenía.
 Cuarenta y seis, y luego cumpliré cuarenta y siete si el general Prim me lo consiente.
 ¿Cómo yo?, interrogó el general.
 Si, replicó el republicano, porque dicen que Vd. nos quiere exterminar.
 Si Vd. me ataca, no los cumplirá.
Así terminó el general».

Nosotros esperamos que el partido republicano oiga la voz de la prudencia y el patriotismo, que aconsejan la calma en las actuales circunstancias”.

En el último número de “El Combate”, el día 25 de diciembre, citado por Pérez Galdós en la página 464 de la obra antes mencionada, se publica:

“La Patria está en peligro. Basta ya de dudas y vacilaciones … ¿Hay algún español que dude y vacile ante el golpe de Estado de un pequeño dictador? Pues ese español es un cobarde, un ciudadano indigno, un hombre degenerado, un miserable … Ignominia y baldón para el ciudadano español que, al saber que el Rey extranjero ha manchado con su planta el suelo español, no se apresure a lavarlo con su sangre”.

Figura 9 (3ª)

Tras el magnicidio se presentan “ciento setenta y tantas” denuncias contra “El Combate”, “según declara su director el señor Paúl y Angulo, en el comunicado de que ya hablamos y en el que dice que se halla oculto por haber aceptado la responsabilidad de ellas”, según publica el EAM en su edición de 19 de enero.

Las investigaciones que se realizan no trascienden a la opinión pública, quejándose de ello algunos medios, pero el juez instructor declaró el secreto del sumario. No obstante el 24 de enero, según anuncia el diario “La Correspondencia”, se decreta el auto de prisión contra Paúl y Angulo y Guisola, ambos destacados republicanos radicales.

Como en otros magnicidios que han acaecido en España, tras producirse, distintas voces claman en los medios que el hecho se venía venir, y que si se hubieran puesto las medidas oportunas se podrían haber evitado. El diario “Novedades”, en un editorial titulado “Las autoridades de Madrid”, publica:

“Hace más de un mes que la mayoría de la población de Madrid estaba esperando en una u otra forma el triste suceso de anteanoche. ¿Quién es el que no ha oído que se pensaba atentar contra la vida de determinadas personas, entre las cuales sonabaúpre (sic), en primer lugar, el nombre del general Prim? Aquí no hay policía desde la revolución; aquí falta toda previsión, toda precaución, toda vigilancia”.

Figura 10 (3ª)

En una entrega anterior, se ha expuesto que es imposible que más de veinte ejecutores materiales pudieran llevar acabo el complot aisladamente, necesitándose para ello una mente pensante y unos instigadores. También se ha expuesto la gran cantidad de enemigos. De hecho en el sumario se encuentran bastantes pruebas que apuntan a todos los grupos y personalidades que fueron sus aliados en la revolución de septiembre, entre ellos Serrano y Montpensier.
Hubo ciento setenta y cinco personas procesadas. Se citaron a cientos de testigos, nadie vio prácticamente nada, a pesar de que los conjurados se habían reunido en lugares públicos. En 1877 se cerró el sumario ante la imposibilidad de conocer a los autores del crimen. Pocos años más tarde, en 1886 se reabrió, cerrándose definitivamente en 1892.
Con lo anterior no quiera significarse que no hubiera acusaciones concretas. Francisco Huertas un rufián afiliado al republicanismo para echar humos sobre sus tropelías, fue detenido, junto a otros compañeros, la noche misma del crimen. Fue reconocido como uno de los reunidos en la taberna de la calle del Turco y ejecutor material de los hechos, pero la policía no fue lo diligente que debiera en su custodia y en la de sus acompañantes, de tal manera que pudieron fugarse, y desde entonces nada se supo de él.

Ramón Armella y Adrián Ubillos fueron implicados, pero al parecer no consideró el juez que los datos recogidos y las pruebas que los acusaban, fueran tan directas para obligarles a ir a prisión, al menos con carácter provisional y hasta que se celebrara el juicio. Estos dos individuos, de moral y vida dudosas, se exiliaron, expatriándose a un país sudamericano, sin posibilidad de extradición.

Un tal Ramón Martínez Pedregosa, confesó en su lecho de muerte su participación en el magnicidio, sin que su nombre apareciera en el sumario, o si lo hizo, sin adquirir importancia.

Otros nombres se podrían relacionar, citados por diversos investigadores del tema, pero desde luego el acusado principal fue Paúl y Angulo, siendo el principal testigo de cargo el propio general Prim, al igual que su ayudante, el coronel Moya, que declaró ante el juez haber reconocido su voz.

Figura 11 (3ª)

El mismo día en que se editó el último número de “El Combate”, es decir el 25 de diciembre, Paúl y Angulo, que se alojaba en la fonda “París”, anunció que salía de viaje.

Al día siguiente, un barbero es requerido para atender a un cliente en el número 13 de la calle Relatores. Siete días después del atentado, el barbero declaró en el juzgado que según la descripción, había afeitado la barba al mismo Paúl y Angulo.

Después de una vida turbulenta, incluyendo otro duelo en América, se asentó en París, donde murió el 23 de abril de 1893, sin haber regresado a España. En 1886 publico un folleto titulado Los asesinos del general Prim y la política en España, en el cual se declara inocente, atacando a su vez a los demás, aunque sin dar pistas concretas de quiénes pudieron ser los instigadores supremos de la tragedia.

No solía la prensa publicar noticias sobre la investigación del suceso, sin duda por las características del sumario y su consideración de secreto, pero de cuando en cuando, sí se hacía eco de algún detenido, que posteriormente era puesto en libertad sin cargos y que tenía alguna relevancia social. Fue notoria la detención del compositor José Anselmo Clavé, la cual es relatada por él mismo y publicada en “La República Ibérica”, recogiéndola una pléyade de periódicos, entre ellos los malagueños, que como es lógico dejan en mal lugar al gobierno, a la investigación y a la judicatura.

Los rocambolescos hechos acaecidos al ilustre compositor son una muestra del estado de paranoia en que se encontraban los investigadores, culpándose a todos los que pudieran ser “radicales” republicanos, a los que veremos en la narración se les empieza a reconocer como “intransigentes”, de la muerte del general Prim, considerándolos a todos cómplices del horrible crimen. De hecho el EAM, en su edición del primero de marzo, publica:

“El Sr. D. José Anselmo Clavé ha publicado en La República Ibérica una relación del viaje forzoso y de la prisión que ha sufrido. De ella resulta que estando enfermo en cama desde los primeros días de este mes, supo por un edicto del Diario de Barcelona del 7 se le llamaba a dar declaración en virtud de un exhorto del juzgado del Congreso en Madrid, que entiende en la causa del asesinato del general Prim. El día 9, contra la opinión del facultativo que le consideraba demasiado enfermo para abandonar el lecho, se presentó al juez de Barcelona y prestó su declaración, siendo despedido sin que se le comunicase ninguna providencia. Pocos momentos después fue reducido a prisión por un inspector de policía, que se negó a decirle si le prendía en cumplimiento de auto judicial o de providencia administrativa. Llevado a la cárcel, fue reducido a incomunicación.
A las cinco de la madrugada del día siguiente se le despertó y previno que saliese enseguida para Madrid, custodiado por la Guardia Civil. Hallábase sin más ropa que la puesta cuando fue al juzgado a prestar declaración, sin más dinero que quince o dieciséis pesetas, y sin poder avisar a su familia; pero ésta, amaestrada por una triste experiencia, vigilaba desde antes de amanecer la estación del ferrocarril y consiguió hacer llegar a sus manos algún dinero y una pieza de ropa de abrigo.

Llevado por la Guardia Civil a Zaragoza, en esta ciudad el administrador de la férrea a Madrid se negó a concederle pasaje gratis, por no reconocer al gobernador de Barcelona facultades para ordenárselo. Clavé pagó de su bolsillo el correspondiente billete, para ahorrarse que lo tuviesen en la cárcel mientras se dilucidaba quién debía correr con los gastos de su viaje forzoso.

Figura 12 (3ª)

Llegado a Madrid el 11 por la mañana, y después de permanecer cerca de dos horas en el gobierno de la provincia, fue conducido a las prisiones militares de San Francisco, y allí incomunicado por orden verbal del gobernador:
«A las nueve de la noche del 12, el juez que entiende de la causa sobre el asesinato del general Prim me interrogó acerca de mi detención en Barcelona y mi conducción a Madrid, y al saber que se me había tomado declaración por el juez del Pino de ésta, me pidió que la repitiese allí, después de lo cual me hizo varias preguntas, entre ellas algunas triviales e improcedentes, como la de si yo pertenecía a la agrupación de los “transigentes” o a la de los “intransigentes”. Terminado el acto, díjome el juez que volviese a mi encierro. Pasóse el día 13 sin que se me dijese una palabra, y al anochecer del 14 –ciento veinte y seis después de habérseme preso- un escribano me notificó “verbalmente” de orden del juez, que quedaba desde luego en libertad».

Estamos seguro de que en vista de esta relación, que coloca la seguridad de los derechos individuales, absolutos, ilimitables e ilegislable de los ciudadanos españoles al nivel de la que alcanza el más abyecto de los moros del Riff, los periódicos ministeriales no encontrarán motivo sino para seguir diciendo que la revolución de septiembre es la más liberal del mundo, y que en España se disfrutan hoy la inviolabilidad del domicilio, la inviolabilidad de la seguridad personal, y todas las inmunidades posibles”.

El día 6 de diciembre (EAM de 11 de diciembre de 1871), del juzgado del distrito del Congreso, cuyo titular era don Pantaleón Muntión y Pereira, y que es el que instruye la causa, publica en la Gaceta el siguiente edicto:
“Por el presente, cito, llamo y emplazo a Joaquín Fenellosa Segura, conocido también por Joaquín Lafuente, José Barreda Estellar, Celedonio Rodríguez, el apodado Patas de Paño, Pedro Muñoz, Tomás el Aragonés y un tal señor Prada, que fue de orden público, cuyo paradero actual se ignora, para que en el término de 15 días comparezcan en este juzgado, sito en el palacio de Justicia, convento que fue de las Salesas, de doce a tres de la tarde, a prestar una declaración como testigos en la causa que se está instruyendo con motivo del asesinato cometido en la persona del Excmo. Sr. D. Juan Prim, a testimonio del que refrenda.- Madrid 3 de diciembre de 1871.- Juan Zozaya”.
Poco más se puede escribir sobre el magnicidio teniendo como fuente principal la prensa malagueña, pero se ha recurrido al Archivo del Instituto de Estudio y Cultura Militar, el cual dispone de un legajo, el 157, dentro de la actual estructura como Sección 2ª, División 4ª: “Atentado contra el general Prim”, aunque al inicio del legajo pone: 2ª Sección, 9ª Sección: “Agrupación Delitos.- 27 de diciembre 1870, referente al asesinato del Presidente del Consejo de Ministros D. Juan Prim”, no excesivamente grande (65 páginas en diferentes documentos), pero que aporta algunas novedades y por supuesto otro punto de vista del hasta ahora expuesto.

Cabe también señalar que en la portada de uno de los documentos del legajo, que lleva por título: “27 Diciembre 1870. Atentado que causó la muerte del General Prim en Madrid el día 31 Dbre de 1870. El atentado se realizó el 27 Dbre 1870”, se consigna en la parte superior, sin conocerse si la anotación es de la época o posterior: “atentados terroristas”, siendo significativa la denominación, al incluirlo en una tipología de delitos a los que desgraciadamente está sujeta la sociedad de los albores del siglo XXI.

En el sumario del proceso del magnicidio se relacionan varias posibles pistas, entre ellas una militar, siendo el principal procesado el coronel don Felipe Solís, secretario del duque de Montpensier, apuntando débiles datos, sobre el duque de la Torre. En el legajo del Archivo Histórico Militar se hace mención a varios militares de baja graduación: ¿hubo ciertamente una conjura de elementos militares contra Prim?, ¿qué ideología profesaban: republicana, socialista, anarquista, etc.; o conservadora, moderada, alfonsina, etc.?

Figura 13 (3ª)

El día 31 de diciembre, desde el ministerio de la Guerra se remite una circular a los distintos capitanes generales, participándoles oficialmente del infausto acontecimiento, al mismo tiempo que les exhorta a esforzarse, tanto el mando como las fuerzas a sus órdenes, en el mantenimiento del orden constituido. Existen dos copias de la circular, una firmada por el general Bregira, seguramente el general subsecretario y otra con media firma de un oficial que autentifica el documento y dirigido para ser publicado en la Gaceta de Madrid:

“Excmo. Sr.
El atentado cometido en esta Capital en la noche del 27 de corriente contra el ilustre Marqués de los Castillejos, le ha causado la muerte a las 8 y 46 minutos de la noche de ayer.
Al participar a V.E, tan triste suceso, S.A. el Regente del Reino me manda expresamente manifieste a V.E. el profundo dolor de que se halla poseído por la pérdida del eminente patricio y del esforzado Capitán que se hallaba al frente del Ejército y del Gobierno de S.A.
Seguro está S.A. de que las clases todas del Ejército, Guardia Civil y Carabineros participarán del mismo dolor por la irreparable pérdida del denodado caudillo y del repúblico (sic) insigne que tantos servicios ha prestado a la causa de la libertad y del orden.
En los momentos en que este infausto acontecimiento ha sobrevenido, la Nación necesita del esforzado concurso del Ejército, Guardia Civil y Carabineros, y S.A. espera que como otras ocasiones sabrán, si necesario fuere, salvarla con su pericia, valor y disciplina, mereciendo por ello el amor y gratitud de la patria.
De orden de S.A. lo comunico a V.E. para su conocimiento y efectos consiguientes. Dios guarde a V.E. muchos años. Madrid 31 de Diciembre de 1870.
José S. Bregira”.

Los capitanes generales de los distintos distritos militares, reiteran al Regente su lealtad, disciplina y disponibilidad. El Capitán general de Granada, Antonio del Rey, del que depende el Gobernador militar de Málaga, Buceta y toda la guarnición, contesta con fecha 3 de enero, constando en uno de sus párrafos:

“El valor, la disciplina y la lealtad que tan destacados tienen cuantas fuerzas se hallan a mis órdenes no permiten dudar de que en esta ocasión contribuirán por cuantos medios se hallen a su alcance a sostener el orden durante las críticas circunstancias por que el país atraviesa, consolidando la nueva dinastía y las sustituciones que la Nación en uso de su soberanía ha tenido por consiguiente darse”.

De todas las contestaciones de los distintos distritos militares, la de Granada es la única que hace una explícita mención a la nueva monarquía, mientras que las demás, a pesar de estar escritas en los primeros días de enero de 1871 y por tanto con Amadeo I como soberano, siguen manifestando “su lealtad al Gobierno de S.A.”, como si no se hubiera instaurado la monarquía constitucional.

El día 31 de diciembre se recibe en el ministerio de la Gobernación, telegrama expedido por el Gobernador civil de Alicante, comunicando, haber recibido un anónimo, en el que se acusaba a Esteban Follana, teniente del ejército, de ser uno de los asesinos del general Prim, y que el sujeto había salido en el tren con dirección a Madrid. Parece ser que el telegrama es reenviado, previamente descifrado, al ministerio de la Guerra:

“Alicante, 31 Diciembre 11-45 m.
El Gobernador al Ministro Gobernación.
Se ha participado a este Gobierno por medio de anónimo, pero con grandes protestas de ser cierto, que en el tren mixto que ha salido esta mañana a las ocho ha regresado a Madrid D. Esteban Follana, Teniente del Ejército, huido de aquella capital y que por una conversación que se le ha oído se tienen sospechas fundadas de que sea uno de los asesinos del General Prim. Por más que la forma de la noticia no sea muy aceptable, los deseos que tenemos todos de contribuir al descubrimiento de los criminales me obliga a ponerlo en conocimiento de V.E.”.
El día 2 de enero de 1871 se remite un telegrama cifrado a la capitanía general de Castilla la Nueva, que tenía su cabecera en la capital de España, ordenando que fuera detenido y conducido a prisión militar el citado teniente de infantería de reemplazo. La orden pecaba de irregular, al menos para el Capitán General, dado que no se señalaba la causa de prisión, bien que de forma verbal, se le había indicado que era con motivo de creerlo uno de los autores del asesinato del general Prim.

Ante esta anomalía, el general Izquierdo, que se encontraba al mando de la capitanía, remite una carta particular al general Bregira, en los siguientes términos:

“Mi respetado y querido Gral: devuelvo a V. el documento q ha tenido la bondad de mandarme.
He mandado q se me presente el teniente Follana ¿quiere V. que se le detenga si parece en las Prisiones Militares? Si así lo manda póngalo de oficio.
Queda a sus órdenes su afmo. amigo y subordinado”.

Tan pronto como se subsanó el defecto de forma administrativa, el general Izquierdo, oficia, con fecha del día 4 de
enero, comunicando las medidas tomadas para proceder a la detención del presunto asesino:

“Tan luego como recibí la comunicación de V.E. del día dos, por la cual de orden de S.A. se dispone sea constituido en prisión, el Teniente de Infantería de reemplazo Don Esteban Follana, di las órdenes para que inmediatamente tuviese efecto, mas no habiéndose encontrado en su casa habitación el referido oficial, me he dirigido al Gobernador Civil de la Provincia a fin de que por los dependientes de su autoridad se le busque y proceda a su captura; disponiendo a la vez que por el Habilitado de la clase, no se le haga entrega de sueldo alguno, hasta que para ello, reciba orden.
Tengo el honor de ponerlo en conocimiento de V.E.”.

Evidentemente los distintos expedientes relacionados con posibles autores del magnicidio, que se encuentran en el legajo del Servicio Histórico Militar, están incompletos, ya que terminan todos ellos, tras detener a los anteriores, pasándolos a continuación bajo responsabilidad del ministerio de la Gobernación, el cual comunicaría los hechos al juez del Congreso de los Diputados, que era el instructor de la causa.

El capitán graduado, teniente de infantería de reemplazo, que era su verdadero empleo militar, se presentó voluntariamente a finales de enero, siendo de forma inmediata reducido a prisión, comunicándolo con fecha del día 30 del mismo mes, el Capitán general al ministro de la Guerra:

“En cumplimiento de lo mandado por ese Ministerio en orden dos del actual, ha sido constituido preso en las militares de San Francisco en donde se ha presentado voluntariamente, el Capitán graduado Teniente de Infantería de reemplazo en esta Corte, Don Esteban Follana y González.
Tengo el honor de participarlo a V.E. para la providencia que estime de justicia”.

Figura 14 (3ª)

Los demás presuntos participantes en el asesinato, que constan en el legajo, no son militares, sino civiles, aprehendidos por la guardia civil y que por alguna razón el director general del Cuerpo, general Serrano Bedoya, comunica al ministro de la Guerra. Con fecha 19 de enero, se comunica por el primero al segundo la detención en Azpeitia de Guipúzcoa de Pedro Moreno Ybarrola, el cual según consta en el informe: “manifestó no pararía hasta que diese muerte al general Prim”, efectuando esta declaración ante testigos el 19 de diciembre, es decir días antes del asesinato.

Existe otro “presunto”, un tal Miguel Gómez, detenido el 30 de diciembre de 1870 en Ciempozuelos, residente en la calle del Salitre, 23 de Madrid, el cual tras ser reconocido por un médico, a requerimiento de la guardia civil, se desprendía que tenía una pequeña herida en el dedo índice, que bien podría habérsela producido el “disparador o gatillo de algún arma de fuego al hacer uso de ella, pero dice el referido sujeto que ignora completamente el motivo de dicha herida”. Tras intenso interrogatorio, y en presencia de testigos, declaró:

“… que engañado por falsos amigos había sido seducido y comprometido a tomar parte en un suceso político de suma gravedad, habiéndole antes trastornado su razón haciéndole beber en abundancia varias veces en distintos puntos. Le he preguntado la clase de suceso en que le habían comprometido sus amigos a tomar parte, y sus contestaciones se reducen a manifestar que nada tiene que decir sobre cosas que todo el mundo sabe, terminándonos por pedir como favor que se le conduzca a Madrid para tener el consuelo de morir a la vista de su familia ya que consideraba como seguro el ser pasado por las armas”.

La capitanía general de Cataluña colabora en la captura y detención del hermano del Noi de las Barrequetas, supuestamente involucrado en la conspiración.

Así mismo el juez de Peñaranda de Bracamonte comunica que “se me denuncia bajo reservas, datos importantísimos sobre muerte del general Prim, por persona a quien se propuso”, solicitando a continuación al ministerio de Gracia y
Justicia órdenes al respecto.

Otro hecho contenido en el legajo es la orden de comparencia ante el juez, de fecha 20 de abril de 1871, de los ayudantes del general Prim entre octubre y noviembre de 1870, con anotación del destino actual.
Los ayudantes que en aquellos meses tenía como Presidente del ejecutivo y como ministro de la Guerra, eran los siguientes:

Grados Empleo Cuerpo Empleo Arma o Ejército Nombre Destino
Coronel Coronel Infª. Juan Prats y Argila Ayudante. S.M. el Rey
Coronel Tte. Col. Infª. Ángel González Nandín Idem
Coronel Tte. Col. Infª. Juan Moya y Tribaldos Idem
Coronel Cte. Infª Celestino Fernández Tejeiro Idem
Tte. Col. Capitán Ingeniero Cte. de Ejército Federico Ruiz Jovella Idem
Teniente Artillería Cte. de Ejército Francisco Pérez Idem

Tal como se puede observar las actividades policiales y militares en los días y meses siguientes al asesinato del marqués de los Castillejos fueron incesantes, siendo los que se recogen en el legajo del ministerio de la Guerra, una breve muestra de la enorme cantidad de detenciones que se produjeron.

En una cuarta entrega, se extraerán unas conclusiones.

Dr. Rafael Vidal
Coronel de Artª, DEM