15 marzo, 2013

Asesinato de Prim Entrega II

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Para la elaboración del presente trabajo se ha consultado a lo expuesto por el que fue decano del colegio de abogados de Madrid durante muchos años, Pedrol Rius, en sus diversos libros sobre Prim, editados entre 1960 y 1981; por el profesor Reverte Coma, José Manuel, en Museo de Antropología-Médica-Forense-Paleopatología y Criminalística de la Universidad Complutense de Madrid y por diversas biografías sobre Prim, publicadas en el calor de aquellos años.

Figura 1

La mayoría de las referencias de prensa lo son del diario “El Avisador Malagueño” (EAM), el principal periódico de la capital malacitana y en el cual se recogían las noticias procedentes de Madrid, los análisis de los grandes periódicos de la capital, las declaraciones de las autoridades, las órdenes procedentes de los ministerio de Gobernación y Guerra y los sucesos que ocurrían en una ciudad, que no olvidemos era probablemente la más industrial de la España de la época.

En las hemerotecas digitales se pueden encontrar noticias y declaraciones relativas a la vida y asesinato del general Prim de todas las tendencias políticas existentes en la España de 1870, pero se ha preferido consultar preferentemente el EAM, con objeto de dar una determinada unidad a todo el proceso. De hecho se puede encontrar que muerto Prim y anunciado fallecimiento, aún hay periódicos de provincia que mencionan únicamente el atentado.
Continuamos con las ilustraciones de la prensa de la época, principalmente El Museo Universal, La Ilustración Española y Americana, La Ilustración de Madrid y algún otro medio dedicado precisamente a las “ilustraciones”, los cuales eran, por equipararlo a un referencia actual, a las revistas ilustradas de carácter político, lúdico e incluso de “chismorreo social”.

INVESTIGACIÓN DEL ATENTADO
El sumario que se inició es uno de los más voluminosos de la historia judicial española, dieciocho mil folios entre declaraciones de imputados y testigos presenciales de los hechos, informes periciales y documentos jurídicos, pero al final se sobreseía el caso por falta de pruebas concluyentes sobre los culpables.
Pedrol Ríus, ilustre decano durante muchos años del colegio de abogados de Madrid, diseccionó en toda su extensión el caso Prim y encontró demasiadas omisiones, como pruebas perdidas, faltas en la toma de declaración de altas personalidades que por alguna razón estaban involucradas, etc.

Figura 2

Como posteriormente veremos a través de la prensa, en principio se pensó que las heridas del general no eran graves. Veamos la descripción de las mismas, extraídas del informe de Pedrol Ríus, citando al doctor Alfonso Lafuente:

“Las heridas eran en número de cinco, tres en el hombro, una en el codo y otra en la mano. Las cuatro primeras eran en el miembro superior izquierdo y la quinta en la mano derecha. Las del hombro llevaban una dirección oblicua de delante atrás y de fuera adentro. Fueron producidas por disparos realizados desde la ventanilla izquierda. Sólo una interesaba los huesos de la articulación escápulo-humeral y no había indicios de lesiones nerviosas o vasculares de importancia.
La herida del codo pudo producirse desde cualquiera de las ventanillas del coche, pero exige que el miembro estuviera alejado del tronco y en elevación. Interesaba la cabeza del radio. Pudo lesionar alguna rama del nervio radial, pero difícilmente un vaso principal. Por último la herida de la mano estaba muy localizada e interesó hueso, obligando a la amputación digital.

Todo hace suponer que ante la sorpresa del ataque se defendió protegiéndose con los brazos y un movimiento de rotación del tronco hacia la derecha, adelantando el hombro izquierdo que sufrió los mayores efectos. Lo superficial de algunas heridas y el escaso poder de penetración de los proyectiles (ninguno produjo orificio de entrada y salida) redujo las lesiones sólo a partes blandas y dos fracturas que no debieron originar nuevas lesiones dado que no se describe en el protocolo de autopsia”.

El profesor Lafuente, explica las causas de su muerte:
“La infección se hace manifiesta el día 30 por la mañana con fiebre alta y delirio … La infección no es achacable a las intervenciones quirúrgicas… La infección debió ser producida por anaerobios y así se justifica lo brusco e intenso del cuadro febril, la escasa supuración y la muerte en tan pocas horas… En definitiva el shock traumático de los primeros momentos, agravado por la hemorragia, aun cuando ésta no fuera masiva, en corto tiempo prepararon el terreno para la infección, no siendo difícil que ésta fuera producida por gérmenes anaerobios y así se justifican lo brusco e intenso del cuadro febril, la escasa supuración y la muerte en tan pocas horas”.

La autopsia practicada al general, expone taxativamente:
“Que a las 11.30 de esta mañana han reconocido y practicado la autopsia del cadáver del Excmo Sr. D. Juan Prim, procediendo a reconocer su hábito exterior. Observaron en el rostro incrustaciones de granos de pólvora en número considerable, en la región deltoidea izquierda. Denótase en su parte anterior y media tres heridas contusas por arma de fuego, la más considerable es de forma ovalada e irregular, de un diámetro de unos seis centímetros, de donde se deduce que fue producida por la acción de dos proyectiles que penetraron unidos y paralelos… de grueso calibre.

Las otras dos, situadas en la parte anterior y algo superior de la primera, son de diámetro más reducido, de unos seis milímetros y distantes entre sí de ocho a diez. En la parte superior del hombro existe una erosión de la piel, lineal, de dirección transversal, de unos tres centímetros de longitud y que no interesa más que la piel; en la parte posterior y a unos centímetros del borde de la escápula izquierda, hay una herida incisa de dirección vertical, que ha sido practicada para extraer uno de los proyectiles. Las heridas por arma de fuego tienen sus bordes irregulares, festoneados y equimosados, notándose en alguno de ellos el estado de supuración.

Figura 3

En la articulación húmero-cubito-radial izquierda, o sea codo, sobre el punto que corresponde a la cabeza articular del hueso radio, existe otra herida por arma de fuego, de figura circular, de siete milímetros de diámetro, de bordes equimosados y festoneados, y que ha destrozado la cabeza de dicho hueso. En la mano derecha se observa la amputación reciente del dedo anular, practicada por el método a colgajo, operación que hizo necesaria una herida de arma de fuego, en la cual, penetrando el proyectil por la articulación del cuarto metacarpiano había sido extraído por la cara dorsal y parte media del segundo, donde existía una herida incisa de seis milímetros de longitud. Procediendo a la necroscopia a fin de conocer la dirección de las heridas y el daño que éstas hubieran producido en los tejidos, observaron en las del hombro que la de mayor diámetro sigue una dirección oblicua de izquierda a derecha y de delante a atrás, e interesa la piel, tejido celular, músculo deltoides y la cápsula articular. La cabeza del húmero que está fracturada conminutamente y la escápula perforada en el tercio medio de su borde superior, en cuyo sitio se ve corresponder la herida incisa ya descrita. Las otras dos heridas penetran en la piel y masas musculares sin llegar a la articulación escápulo-humeral. La herida por arma de fuego del codo izquierdo se encuentra limitada a la fractura de la cabeza del radio.

La herida de la mano derecha ha destruido la primera falange del dedo anular, corriéndose el proyectil por debajo de los tendones de los extensores, depositándose sobre la cara dorsal del segundo metacarpiano.

En vista de los antecedentes que había suministrado el facultativo de cabecera, Dr. Losada, respecto al curso y padecimiento de las lesiones del Excmo. Sr. D. Juan Prim, y estando relacionadas éstas con las observaciones anatómicas ya mencionadas, deducen que las heridas por arma de fuego eran graves, que la que ha penetrado en la articulación escápulo humeral, era mortal «ut plurimunt» (sic), que todas ellas han provocado una fiebre reaccional, que al ser moderada hubiera sido natural y beneficiosa, pero que por su intensidad ha provocado un accidente inmediato y consecutivo a aquéllas, congestionando las membranas y el órgano encefálico, contribuyendo rápidamente a la muerte.

Que por el examen de las heridas se deduce que los proyectiles eran de distintos diámetros y disparados a muy corta distancia”.
Resulta cuanto menos incomprensible que una conspiración, en donde participaron cerca de veinte ejecutores materiales, entre los que dispararon, que eran más de diez y los que siguieron el itinerario, no se llegó a acusar a ninguno con certeza. No hubo ningún “arrepentido”, y algunos de los encausados murieron en extrañas circunstancias. Se vieron involucrados los ayudantes militares del duque de Montpensier y del general Serrano, duque de la Torre. El embajador francés también fue salpicado e incluso los tratantes de esclavos y los independentistas cubanos.

Figura 4

En la actualidad, tal como se expuso en la primera entrega, existe una nueva versión sobre el asesinato del general, en el sentido que su muerte no sobrevino por los disparos, sino que fue “rematado” en su propia cama. Ya hicimos la reserva y duda sobre tal hecho.

Pero la enseñanza de todo ello es que Prim fue asesinado por los mismos grupos que habían sido sus compañeros de viaje para llegar a buen término la revolución “La Gloriosa” de 1868. Algunos de esos grupos eran violentos.

“El general Prim pese a su popularidad y a sus muchos honores oficiales, siempre militó en la oposición; cuando en 1868, triunfante la revolución, ocupa el poder, se ve obligado de pasar de conspirador a estadista. Afrontó la terrible responsabilidad de llevar a la práctica sus numerosos compromisos contraídos a lo largo de muchos años de oposición activa con grupos de ideología muy diversa, y se impuso a sí mismo la obligación de plasmar en la realidad sus ideales de una España mejor. Todo esto tenía un precio y bien pudo comprobarlo el propio general en su cuerpo la tarde del 27 de diciembre” [CÍRCULO DE AMIGOS DE LA HISTORIA. Los grandes procesos de la Historia. Madrid, 1970, pág. 28].

Mientras el sabio pueblo de Madrid cantaba:
En la calle del Turco
ya mataron a Prim
sentadito en su coche
con la Guardia Civil.
Seis tiros le tiraron
a boca de cañón.
¿Quién sería el infame?
¿Quién sería el traidor?

CRONOLOGÍA DE LOS ACONTECIMIENTOS
Veamos de una forma cronológica los acontecimientos.
Durante todo el mes de diciembre la prensa republicana fue muy dura con el Gobierno y más concretamente con el general Prim. “El Combate” era la punta de lanza de toda esta oposición mediática, recogiéndose en la primera página de “El Avisador Malagueño” del 29 de diciembre:
“El Combate que durante dos meses ha justificado su nombre, haciendo a la actual situación la guerra más violenta que se puede imaginar, anuncia que suspende su publicación porque ha llegado la hora de cambiar la pluma por el fusil, y de repeler la fuerza con la fuerza”.

Otro diario madrileño, no tan radical como el anterior, también ataca violentamente la situación a que había llegado el Gobierno con la designación de un rey extranjero:

“En tono más comedido que El Combate, pero no menos duro, La Igualdad discute la tesis de la insurrección, los casos en que es lícita, lo que no se ha cumplido del programa de setiembre (sic), los cargos de ilegalidad e infracciones de la Constitución que pueden echarse en cara al poder, y que la insurrección es el recurso contra las grandes iniquidades. Así, aunque el Gobierno disponga de la fuerza, se labra en el ánimo de las masas ignorantes y extraviadas, y se las arrastra a violencias que no se sofocan sino con torrentes de sangre. Hemos asistido al supremo ensayo de la política represiva. Dos años hace que en más o en menos escala se practica, y que en ese tiempo España no ha disfrutado un día de verdadero sosiego.

El mismo periódico ataca en seguida (sic) duramente al general Prim, contra el cual se condensan todos los odios republicanos, y le dice que desde teniente coronel que era al ser batido por la vanguardia de Zurbano en Reus, todos los empleos los ha debido al favor.

Figura 5

Con objeto de tranquilizar al público, la misma Igualdad publica este párrafo:

«Cuando los mortíferos miasmas de la peste invaden la atmósfera, envenenando el aire que se respira, solo la tempestad puede purificarla. Cuando los crímenes de un gobierno sumen a su país en la deshonra, sólo las revoluciones pueden salvarla»”.

Nada más conocerse el atentado al general Prim, el Gobernador civil de Madrid, ordena la detención de todo el personal del diario “El Combate”:
“Se han dado las órdenes para prender a los redactores, no diputados, de El Combate, habiéndose hecho efectivas únicamente hasta ahora, en la persona del Sr. Rispa”.

La noticia del atentado con el Presidente del Gobierno, llega a los medios, por telegrama reservado el mismo día 28, pero no se dan a la luz. Sin embargo el hecho circula como un rumor entre la población.

El 29 de diciembre, el Gobernador militar de Málaga, en la orden de la plaza, expone:
“El Excmo. Sr. Capitán general del distrito en telegrama expedido a la una y treinta minutos de la mañana del día de hoy, dijo a este Gobierno lo siguiente:
«Al salir de la sesión del Congreso el 27 fue herido ligeramente el presidente del Consejo de ministros por disparos dirigidos al coche en la calle del Turco. Extraído el proyectil sigue la herida su curso natural y el general Prim ha dormido tranquilamente algún tiempo, siendo buena la marcha del padecimiento, ayer se levantó el apósito y el estado de la herida así como el general del enfermo es satisfactorio. Tranquilidad en Madrid.

Ha sido nombrado ministro propietario de Estado y presidente interino del Consejo de ministros y ministro de la Guerra D. Juan Bautista Topete, y propietario de Ultramar D. Abelardo López de Ayala».

El Excmo. Sr. Ministro de la Guerra en telegrama expedido en Madrid a las dos y quince minutos de la madrugada de hoy, manifiesta a este Gobierno haber ordenado que uno de los batallones de cazadores que se hallan en Córdoba, pase a esta provincia situándose en Álora.

Lo que se hace saber en la orden de este día para conocimiento de los individuos de esta guarnición y dependientes del ramo de guerra.
El general gobernador.- Buceta”.

A pesar de que en principio la herida parecía tener escasa importancia, el Capitán general de Granada, tenía conocimiento de la radicalidad de algunos sujetos de Málaga, disponiendo por ello que un batallón se estacionara en la mitad de la provincia.

Figura 6

Por su parte el Gobernador civil, firma el mismo día un bando, dirigido a la población:
“Malagueños. Al pasar anteayer el Excmo. Sr. Presidente del Consejo de Ministros, por la calle del Turco, después de la sesión del Congreso, fue herido, aunque no de gravedad, por disparos al coche en que iba. La tranquilidad pública no por eso se alteró; pero el Gobierno en su provisión adoptó y mandó adoptar las medidas necesarias para hacer frente a las eventualidades que podrían (sic) surgir de ser aquel crimen precursor de otro motín contra los acuerdos de las Cortes soberanas.

Y en efecto no era aventurero aquel juicio, por lo que a esta capital se refiere, pues horas antes de ser conocido el suceso se observó cierta agitación en algunos insensatos, que revela, sino inteligencia con los autores de aquel alevoso atentado, conocimiento al menos de la proximidad de algún trastorno que se trataba de secundar; pero es de presumir, haciendo justicia a la hidalguía de los influyentes, cuya conducta merece aplauso, que aclarados los hechos, no han querido asociarse a los asesinos; y así lo demuestra la actitud tranquila en que se mantuvo la ciudad, y en la que me prometo continúe, pese a quien pese.
Las Cortes han manifestado unánimemente su indignación, y la mayoría ha ofrecido todo su apoyo para conservar el orden, que en ninguna parte se ha perturbado.
El bizarro brigadier Topete está encargado del ministerio de la Guerra con la presidencia, y este nombramiento es una garantía más para el orden, para la libertad y para la honra de España.
Málaga, 29 de Diciembre de1870.- Manuel Somoza”.

La conmoción popular fue grande, tranquilizadas, no obstante, por la levedad del parte facultativo.
Atendieron las heridas del Presidente del Gobierno los médicos militares Losada y Vincent, evidentemente con escaso acierto, acordándose al ver el agravamiento de su estado, llamar al afamado cirujano, don Melchor Sánchez de Toca, quien al reconocer al herido exclamó apesadumbrado: “Me han traído ustedes a ver a un cadáver”, falleciendo efectivamente a las cuatro horas, indicando los testigos que sus últimas palabras fueron: “El rey llega y yo muero. ¡Viva el rey!” [FERNÁNDEZ ALMAGRO, Melchor. Historia política de la España contemporánea. Alianza editorial. Madrid, 1972, pág. 84].

Los diarios del día 31 relatan el atentado, prácticamente en los mismo términos que la narración que antes se ha efectuado. Escojamos uno de ellos, “El País”:
“Como a las siete y media de la pasada noche, al retirarse el general Prim, según su costumbre del palacio de las Cortes al del ministerio de la Guerra, fue acometido por una media docena de asesinos que, apostados, se hallaban en la calle del Turco, cerca de la de Alcalá, los cuales dispararon sus armas contra el coche del presidente del Consejo, saliendo herido éste y su ayudante el Sr. Nandín.

Las versiones que sobre tan lamentable y punible atentado han llegado hasta nosotros, son diversas y contradictorias; pero de las más autorizadas y racionales podemos deducir, y a nuestros lectores manifestar, que los criminales se hallaban de antemano ocultos en dos berlinas de plaza que, colocadas convenientemente en la expresada calle del Turco, de suyo angosta, hicieron que la carretela del general Prim, al llegar a ellas, tuviera que detenerse, bajando en este momento de los dos coches los asesinos, para sin pérdida de tiempo dirigir sus armas contra el testero de la carretela en que iba el general Prim y su ayudante el Sr. Nandín. Otro de los ayudantes del conde de Reus, el señor Moya, iba al vidrio, y pudo observar el criminal intento, advirtiéndolo en el acto a su general; apercibióse en el mismo momento el cochero, y lanzando los caballos al galope por en medio de las berlinas, forzando el paso, mientras a los asesinos le increpaban enérgicamente.

Figura 7

Todo esto transcurrió en una medida de tiempo casi inapreciable, pero lo bastante para que los asesinos dispararan sus armas, causando la desgracia a que nos venimos refiriendo”.

Por su parte “La Independencia Española” periódico también de Madrid, publicaba:
“Dos de los autores del atentado han sido presos, y uno de los cocheros. Parece que uno ha declarado ya”.

Por su parte el diario malagueño, al comentar la actuación de la policía, publica:
“¡Cuántas veces hemos oído a los progresistas lanzar sus anatemas contra la policía, calificándola de inútil, y diciendo que con los principios liberales, la policía no hacía falta! Hoy no hay periódicos de ese partido que no lamente la ausencia de toda vigilancia en un sitio tan público como el escogido para atentar contra la vida del general Prim, y para que no se duela de la mala organización de la policía.

El partido progresista está condenado a levantar todo lo que derribó, a recoger cuantas prendas había soltado, a hacer lo mismo que condenara, a imitar en todo y por todo a las administraciones contra las cuales conspiró tantos años. ¡Quiera Dios que el escarmiento sirva para algo para el bien del país!”.
De forma inmediata el Gobierno solicita a una comisión de las Cortes la suspensión de determinadas garantías constitucionales, aprobándose el siguiente proyecto de ley:
“Artículo único. Se declaran suspendidas las garantías consignadas en los artículos 2, 5 y 56, y en los párrafos 1º, 2º y 3º, del 17 de la Constitución, hasta el 31 de enero próximo; y el gobierno dará cuenta a las Cortes de la aplicación de esta ley.
Palacio de la Cortes, 28 de diciembre de 1870.
Antonio López Botas.- J. Luis Albareda.- Vicente Romero y Girón.- Venancio González.- Bonifacio de Blas.- Gaspar Núñez de Arce”.

El redactor de “El Avisador Malagueño” en la capital de la nación, comenta la oposición que ha tenido entre la clase política la ley aprobada de suspensión de garantías constitucionales:

“La suspensión de las garantías constitucionales ha suscitado desde los primeros momentos grande oposición en las Cortes, especialmente entre los demócratas que capitaneados por D. Nicolás Rivero se manifestaban dispuestos a no acceder a lo que el Sr. Sagasta quería sino con ciertas cortapisas”.
A través del Gobernador militar de la plaza y provincia, los malagueños tienen conocimiento de la marcha de los acontecimientos:

“Adición a la orden de la plaza del día 30 de Diciembre de 1870.
El Excmo. Sr. Capitán general del distrito en telegrama expedido a las tres de la tarde del día de hoy me dice lo siguiente:
«En todo el día de ayer ha seguido con regularidad en su marcha la curación de las heridas inferidas al Presidente del Consejo de ministros. La fiebre ha disminuido, permitiéndole pasar la noche con tranquilidad y el estado general del enfermo es satisfactorio.
A las tres de la madrugada llegaron a Cartagena el brigadier Topete y generales que le acompañan.
Tranquilidad completa en Madrid y en toda la Península».

El general gobernador.- Buceta.
Segunda adición a la orden de la plaza de 30 de diciembre de 1870.
El Capitán general del distrito en telegrama expedido a las seis y media de la tarde de hoy, dice a este Gobierno lo siguiente:
«El Rey ha llegado a Cartagena a las doce y cincuenta minutos de la mañana».
Lo que se hace saber en la orden de la plaza para conocimiento de los cuerpos de la guarnición y demás individuos del ramo de guerra.
El general gobernador.- Buceta”.

A primera hora de la mañana, los lectores tempraneros de “El Avisador Malagueño”, podía leer la siguiente noticia:
“ACONTECIMIENTO DESGRACIADO
Ayer a las tres de la madrugada falleció el general Prim, según telegrama oficial recibido a las pocas horas en esta ciudad. En otro lugar insertamos el Boletín extraordinario, que se publicó con este motivo.
Este acontecimiento, atendido el actual estado de la nación y de los partidos, ha de influir notablemente en nuestra política, aunque no es posible prever el rumbo que ha de tomar ésta ni los acontecimientos que podrán influir en su causa.
El conde de Reus ha prestado a la nación distinguidos servicios en África y en Mégico (sic), coadyuvando poderosamente a la revolución de 1868. Durante el período revolucionario, desplegó en el gobierno gran energía en las cuestiones de orden público y en la insurrección de la isla de Cuba.
Combatimos sin embargo su marcha política como presidente del Consejo de ministros por considerarla funesta al bien del país, pero hoy nos abstenemos de hablar de ésta pues el sepulcro no inspira a los corazones generosos sino el respeto del silencio.
Un crimen ha puesto término a los días del que fue marqués de los Castillejos, y a la vez que consagramos un recuerdo a la memoria de la víctima, reclamamos a los poderes públicos afiancen en esta desventurada nación el imperio de la ley y de la justicia, sin la cual no hay sociedad posible”.

La noticia sobre la gravedad de la situación circula por Madrid el mismo día del fallecimiento del general, aunque la misma es recogida en la edición del 3 de enero en la prensa malagueña:
“A las cuatro de la tarde del viernes se notaron síntomas muy alarmantes en el estado del general Prim, los cuales comenzaron por un gran aplanamiento. Este fue aumentando progresivamente hasta las siete y media, en que se declaró una congestión cerebral. Media hora después, o sea hacia las ocho de la noche, el presidente del Consejo de ministros había fallecido rodeado de las personas que más cariño y más respeto le profesaron siempre”.
La prensa recoge las personas presas con motivo del atentado y que según los rumores se han declarado intervinientes, bien directa o indirectamente: un italiano, otro sujeto en la calle Quintana y dos taberneros, cuyo establecimiento hacía esquina entre las calles Alcalá y la del Turco.

Figura 8

El Gobernador civil publica en el Boletín Oficial de la Provincia el siguiente decreto:
“GOBIERNO DE LA PROVINCIA
El Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación en telegrama de hoy, me dice lo siguiente:
«La Asamblea Constituyente acaba de acordar por unanimidad la expresión de su dolor por la muerte del General Prim, declarándole benemérito de la Patria; que se inscriba su nombre en las lápidas del salón de sesiones, que su viuda e hijos disfruten los honores y preeminencias como si viviera y un voto de confianza absoluto al Gobierno.- El Rey ha tenido un entusiasta recibimiento en Cartagena y después de revistar las tropas, ha visitado sin acompañamiento el hospital, siendo vitoreado por el pueblo».
Lo que me apresuro a poner en conocimiento del público con la indignación que inspira el crimen y el sentimiento que embarga el alma; pero con la esperanza también de ver mañana coronado el edificio de la obra revolucionaria.
Malagueños. Tengo suma confianza por más que se anuncia lo contrario, que no ha de ser preciso apelar a ningún medio extremo para sostener el orden y la libertad que disfrutamos; pero si me equivocase, si algunos, cediendo tal vez a sugestiones que parten de Centros tenebrosos y sanguinarios, intentasen probar fortuna, presentándose en rebelión, sabedlo, el escarmiento será tan terrible como inmediato.
Málaga, 31 de Diciembre de 1870.- Manuel Somoza”.

Por su parte el Ayuntamiento remite el siguiente telegrama al Gobierno:
“Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación, presidente interino del Consejo de Ministros.
El Ayuntamiento Constitucional de Málaga, en sesión extraordinaria de este día, acuerda celebrar solemnes honras a la memoria del Ilustre general Prim, benemérito de la Patria, cuya irreparable pérdida para los defensores de la libertad y del orden inspira a esta corporación municipal el más legítimo y profundo sentimiento, y excita contra los asesinos su patriótica indignación. Así mismo acuerdan que el nombre de aquel valiente caudillo de las libertades y de los derechos del pueblo se grave (sic) en una lápida que colocada en el salón capitular conmemore sus eminentes servicios y sus gloriosos hechos.
El Alcalde.- Lorenzo Cendra”.

Como homenaje al “líder de la libertad y de la democracia”, el ministro de Gracia y Justicia, Montero Ríos, presenta a, requerimiento de las Cortes, un decreto, en cuyo articulado se eleva la dignidad de los títulos hasta entonces ostentado por el marqués de los Castillejos y conde de Reus:
“Artículo 1º. Se concede a doña Francisca Agüero, viuda del capitán general del ejército D. Juan Prim, el título de duquesa de Prim con grandeza de España de primera clase, para ella, su hija doña Isabel Prim y Agüero y los sucesores legítimos de ésta.
Artículo 2º. Se eleva a ducado el marquesado de los Castillejos, con grandeza de España de primera clase, que poseía D. Juan Prim y Agüero.
Artículo 3º. Las dos mercedes a que se refieren los dos artículos anteriores serán libres de gastos.
Madrid 31 de diciembre de 1870”.

En Málaga se publicaban varios periódicos republicanos, entre diarios y semanarios, no recogiéndose en algunos una sola nota respecto al asesinato, y en otros de forma tan despectiva, que mejor que no lo hubieran hecho.
“El Papel Verde”, en su edición de 1º de enero de 1871, dedica casi su totalidad a despotricar contra el nombramiento del nuevo monarca, de su viaje, de su familia, de Italia su país de procedencia, etc., dedicando al fallecimiento del Presidente del Consejo de ministros, una queja por las investigaciones del Gobernador civil buscando en Málaga posibles cómplices del crimen y dos pequeños recuadros comunicando la tragedia:
“Creemos que el Sr. Gobernador ha padecido una pequeña equivocación, presentando un juicio más que aventurado, al suponer que el crimen cometido en Madrid en la persona del general Prim pudiera ser precursor en esta ciudad de algún motín, y más aún al decir que en efecto se notó alguna agitación.
La agitación que no solamente aquí, sino en toda España hay hace meses, y muy particularmente desde el 16 de noviembre en que se quiso imponer un rey a los españoles, no reconoce otra causa que ésta, bien lo sabe el Sr. Gobernador; y francamente es una triste cosa querer buscar a muchas leguas del lugar donde se ha cometido el delito cómplices o conocedores del mismo, cuando en el sitio de él no los ha tenido para producir el motín, y cuando es seguro, porque eso lo dice el más vulgar sentido, que para cometer estos atentados sus contados autores, que siempre han de ser contados, se envuelven en las sombras del silencio y del misterio. Pase pues, por ligereza, o por exigencias de oficio o de posición”.

En la misma página se publica:
“El general Prim ha muerto.
¡Descanse en paz!”.

En unas líneas más abajo, después de considerar otras noticias, a las que dedica bastante más atención, escribe el redactor:
“El general Prim murió en la madrugada del día 31.
Hace dos años que a la misma hora se expedían las órdenes para que Málaga fuese bombardeada”.
Pasando seguidamente a comentar los preparativos de los actos conmemorativos de los sucesos de finales de 1868 y principios de 1869.
Ese es el comentario escueto de lo sucedido, presentado por el principal periódico republicano federal de la provincia de Málaga, cuyo director era el afamado poeta, Antonio Luis Carrión.

El día 2 de enero, el nuevo monarca llega a Madrid y su primera medida es visitar la capilla ardiente del principal mantenedor de su causa, emitiéndose un telegrama por el ministro de la Gobernación, a los diferentes Gobernadores civiles, en los siguientes términos:
“El Excmo. Sr. ministro de la Gobernación en telegrama de las 4 y 10 de la tarde me dice lo siguiente:
«Llega S. M. el Rey, entra en Atocha donde está el cadáver del general Prim; juró y visitó a la duquesa de Prim y entra ahora en palacio en medio de las ovaciones más espontáneas y de las más vivas aclamaciones del pueblo y de los diputados».
Lo que se anuncia al público para su satisfacción.
Málaga, 2 de Enero de 1871.- Somoza”.

En el mismo diario se publica otra circular del Gobernador civil:
“GOBIERNO DE LA PROVINCIA
El Excmo. Sr. ministro de la Gobernación en telegrama de hoy me dice lo siguiente:
«Acaba de hacer su entrada solemne S.M. en medio del entusiasmo. Esperábanle en la estación el ministerio y comisiones del Ayuntamiento y la Diputación. S.M. se dirigió ante todo al templo de Atocha a dar gracias a Dios por la feliz llegada y ofrecer este homenaje a la memoria del general Prim, ante cuyo cadáver oró.- Dirigiose después a las Cortes, donde prestó juramento a la Constitución y recibió una ovación entusiasta, siendo proclamado como Rey de España por la Asamblea, que le despidió con muchos vivas.- Ha visitado en seguido a la duquesa de Prim siempre acompañada por el duque de la Torre y el Presidente del Consejo, habiendo tenido lugar un escena conmovedora.- Trasladado a palacio ha recibido a las corporaciones y autoridades civiles, militares, eclesiásticas y marítimas, saliendo después al balcón llamado por los gritos entusiastas de la multitud, a los cuales ha contestado S.M. con un viva a España.- Las Cortes se han declarado disueltas y el Regente ha declinado sus poderes en el acto solemne del juramento».
Málaga, 2 de Enero de 1871.- Somoza”.

Figura 9

Tras los primeros días de la muerte de Prim, todos dan por buena la versión oficial de lo sucedido, relatada con anterioridad, y prácticamente nada se trasluce sobre las investigaciones. Tiene que ser un periódico inglés, el que sea más explícito sobre la conspiración y lo que se pretendía con el asesinato del Presidente del Gobierno. No da nombre ni señala directamente a nadie, pero deja entrever que en el asunto debían estar implicadas fuerzas políticas y sociales, aprovechándose de “delincuentes” y “terroristas”, para perpetrar el atroz atentado:
“Un número de un periódico que se publica en Londres con el título de El Echo, correspondiente al 16 del corriente febrero, el cual inserta una relación anónima, que dice proceder de un marinero nortea americano (sic), recién llegado a Londres desde Italia, de la conspiración y asesinato del general Prim.
Dicho escrito está sustancialmente conforme con el que publicó a su tiempo La Igualdad sobre el mismo asunto. Hay en él, sin embargo, algunas circunstancias que merecen notarse.
Dice que el plan de los conspiradores era, después de asesinar al general Prim en su carruaje, llevar en este el cadáver a la plazuela de la Cebada, promover allí la insurrección, a la que se asociarían cierto número de soldados y de oficiales, y formar una Junta Revolucionaria, a la que se adheriría el resto de España. Cuando la insurrección estuviese en su momento más álgido, debían ser asesinados por las turbas diversos hombres políticos importantes.
Refiere en seguida el mencionado escrito el modo como tuvo lugar el asesinato, haciendo mención de los hombres apostados en la calle del Turco, que por medio de fósforos encendidos sucesivamente dieron la señal a los asesinos de que el general Prim había salido de las Cortes e iba en el carruaje:
«Ya que se acordarán, añade, que había dos coches cerrando el paso a la calle de Alcalá, uno en la esquina y otro junto a la esquina. El uno había sido tomado por los asesinos poco tiempo antes y por horas. El otro nada tenía que ver en el asunto, y llegando precisamente a tiempo que aparecía el coche del general Prim, paró porque no podía pasar. Cuando el carruaje de la víctima estuvo cerca, uno de los conspiradores tomó de la brida el caballo del coche alquilado por éstos, y colocó deliberadamente dicho carruaje atravesado en la calle. El cochero había sido invitado a entrar en una taberna inmediata por algunos conspiradores, y como hacía mucho frío y caía una espesa nevada, estaba bebiendo con aquellos en la taberna cuando se cometió el crimen.
Cuando el coche del general fue detenido, el ayudante Sr. Moya miró a ver en qué consistía la detención, y el brillo de los trabucos a la incierta luz del farol le reveló lo que se intentaba. Volviese apresuradamente al general, y cogiéndole del brazo gritó ¡mi general van a hacernos fuego! Tres hombres por cada lado se acercaron lentamente al carruaje, y uno de ellos, bajo de estatura, ancho de hombros y de barba negra, rompió el cristal del coche con el extremo de su trabuco, y apuntando dentro, dijo al general: Prepárate porque vas a morir. Prim hizo entonces un movimiento como de echarse al suelo del carruaje, pero era ya demasiado tarde. En aquel mismo momento fueron descerrajados tres disparos contra el fondo del carruaje por un lado, e inmediatamente penetraron tres disparos más por el otro lado. Al mismo tiempo el cochero arreó a los caballos para obligarles a salvar el vehículo que obstruía el paso, y a la vez sacudió el látigo a derecha e izquierda sobre el grupo de asesinos que rodeaban el coche, haciendo que los caballos dispersados volviesen el vehículo atravesado.
Los asesinos oyendo la voz de Prim, después de los disparos y la voz de los ayudantes del general, creyeron que habían errado el golpe, Prim no había muerto, y por consiguiente no pudo llevarse a cabo la segunda parte del plan, que era la de apoderarse del carruaje y llevar a la víctima a la plaza de la Cebada. Los que estaban esperando en ésta habían prometido promover la insurrección en el momento que se le entregase el cadáver del general Prim. De aquí una complicación. Se dice que ciertos escritores habían prometido iniciar la revolución en el momento del asesinato, pero no cumplieron su palabra. Son acusados de perjurio y cobardía, y sus cómplices de conspiración han jurado quitarles la vida. Estos escritores han desaparecido.
Los actores que tomaron parte ostensible en el crimen fueron numerosos. Eran en primer lugar, los que formaban la línea desde las Cortes a la calle de Alcalá, que dieron la señal con los fósforos. Luego los que bebieron en la taberna con el cochero, y los que dispararon contra el carruaje de Prim. Luego otros que había en un carruaje allí cerca en la calle de Alcalá, que debían ir a otra plaza llamada de Santo Domingo tan pronto como oyeran las descargas, e iniciar también allí la insurrección; pero a éstos, según parece, les faltó el valor y no cumplieron su compromiso. Había otros estacionados asimismo en la carrera de San Jerónimo, junto a las Cortes, que debían marchar a la plaza de la Cebada en el momento de disparar los tiros. Fueron allí en efecto; pero como no fue llevada la víctima, nada pudieron hacer. Los asesinos se separaron inmediatamente después de consumado el atentado. Los principales bajaron por la calle de la Greda al Prado, y por el Prado a la calle de Atocha, que subieron hasta cierta distancia, y luego torcieron hacia una taberna en los barrios bajos de la plaza de la Cebada. Allí aguardaron los asesinos tranquilamente a sus compañeros que debían reunirse con ellos. Luego que llegó el último, mandaron disponer la comida, y mientras todo Madrid estaba en la mayor excitación, ellos tomaban un suculento cocido con pie de cerdo, pan y vino. El tabernero nada sospechó mientras aquellos estuvieron allí. Es un monárquico a prueba. Al día siguiente entró en sospechas de que sus parroquianos debían ser los asesinos, y no se equivocaba.¿Quién preparó y ejecutó el crimen? En primer lugar ciertos personajes de opiniones políticas indefinidas, en unión con ciertos demagogos de guante blanco de Madrid. Entre los asesinos había uno alto, tuerto, de cabellos claros. Este mismo hombre había pocos días antes del asesinato, insultado a algunos voluntarios monárquicos de cierto distrito de Madrid en un sitio donde tenían costumbre de reunirse, llamándolos realistas, esclavos, y desafiándoles a que riñeran con él uno a uno. Este hombre de señas particulares, y bien conocido en los barrios bajos, sería un hilo importante para cualquier policía que no fuese la de Madrid. Los voluntarios de ese distrito todos conocen a ese hombre, y deben recordar cuando les insultó, puesto que fue pocos días antes de cometerse el crimen. Esa persona no está ya en Madrid. Se echó un guante para el que subió a setenta duros en el mismo distrito en el que comió aquella noche (sic), y con esa suma logró escapar de Madrid».
El escrito del que tomamos textualmente estos párrafos termina diciendo que el crimen se atribuye injustamente a los republicanos.
«Los republicanos, dice, como partido, nada tienen que ver con el crimen. Los instrumentos fueron elegidos entre hombres de la más baja clase que se dan a sí propios el nombre de republicanos, porque en España, todos los más pobres, los más bajos y más degradados, los que nada tienen que perder, acostumbran a llamarse republicanos. Esta es la gran desgracia del partido republicano».

Figura 10

Hemos copiado estos pormenores más por curiosos que por verídicos, pues no se nos alcanza cómo había de estar tan enterado el marinero que llevó al periódico inglés estas noticias. Lo sorprendente es, que un periódico extranjero publique datos más o menos aproximados a la verdad, y que aquí nos hallemos enteramente a oscuras, sin haber sido más feliz la autoridad gubernativa para descubrir el trabucazo contra el Sr. Ruiz Zorrilla”.
En el artículo se hace mención a un atentado que sufrió el ministro Ruiz Zorrilla, en el mes de febrero del mismo año.

A partir de la siguiente entrega trataremos a los supuestos implicados.

Dr. Rafael Vidal
14.03.13