18 octubre, 2012

Arte y erotismo

La Generalitat Valenciana presentó la propuesta «¡Viva Valencia!», que pretende dinamizar el arte de los museos autonómicos hasta otoño del 2013 con tres exposiciones sucesivas: «Arte y religiosidad»; «Arte y Gastronomía» y «Arte y Moda».

Inmediatamente de conocer el proyecto le envié una carta a Consuelo Císcar, con ánimo de que la remitiera a la consellera Lola Johnson, explicándole que se había dejado fuera un trimestre y un tema verdaderamente interesante, nunca antes tratado en profundidad. «Arte y erotismo», este es el tema tabú que falta en nuestro panorama cultural. En todos los años autonómicos no se ha organizado una gran exposición sobre la sexualidad plástica valenciana, desde la prehistoria hasta nuestros días. Por ello me ofrecí de inmediato como comisario de esta muestra que seguramente arrasaría con más fuerza que las exposiciones de Sorolla. Conjugar en un espacio la creatividad sexual valenciana desde la Venus de la Valltorta hasta los dibujos de Rafael Fonteriz, pasando por todos los siglos y por todos los estilos, sería verdaderamente un espectáculo artístico increíble. Aquí se ha montado de todo, por ejemplo el tema espiritual con «La Luz de las Imágenes» ha sido muy tratado, pero de nuestras picantías tan renombradas nadie se ha atrevido a decir nada. El sexo sigue dando miedo. Curiosamente parece que desde el advenimiento de la democracia en lugar de crecer en liberalidad hemos ido aumentando en temores. Todos los ámbitos son más timoratos, más cautos. Vivimos todavía entre la represión y la vergüenza, lejos de alcanzar aquellos parámetros de normalidad que se nos proponían como metas. Todos nuestros grandes pintores y escultores han forjado obras majestuosas en homenaje al cuerpo humano y al placer. Pero nadie se ha atrevido a reunirlas y exhibirlas en conjunto.Como actividades complementarias se podrían programar muchas. Por ejemplo, una exposición de «La traca» y resto de publicaciones sicalípticas del primer cuarto del siglo XX, y por poner algo más actual, la magnífica colección de tarjetas de publicidad erótica con la que me sorprendió Rafael Solaz, donde custodia esas propagandas que distribuyen en los parabrisas de los coches y que son verdaderamente arte efímero, de usar y tirar. Yo no sé si la Consellera se acordará de cuando éramos compañeros en la Facultad y compartíamos apuntes. Pero si estuviera interesada la redactaríamos un proyecto mucho más completo, pues la sensualidad valentina rezuma por todas las vertientes de nuestra cultura: la plàstica, la musical, la literaria? Quizá una magna exposición valenciana sobre «Arte y erotismo», en estos tiempos difíciles en que vivimos, sería un alentador soplo de optimismo y esperanza. La verdadera distracción ante una realidad deplorable es soñar con una fantasía apabullante, capaz de llenar de gozo nuestras vidas y perspectivas vitales.

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