12 julio, 2013

Arquitectos españoles que triunfan por el mundo

Heathrow

Para hablar con Luis Vidal, el arquitecto barcelonés que ahora es noticia porque su estudio entregará en otoño la nueva terminal T-2 del aeropuerto londinense de Heathrow, hay que llamarlo a San Francisco. Allí está a punto de dar una conferencia en el Centro de Arquitectos Americanos sobre aeródromos, una especialidad de su firma. A Juan Herreros lo localizamos en Camboya, desplazado también por cuestiones profesionales y a donde le telefoneamos para felicitarle por la decisión de las autoridades noruegas de que el futuro Museo Munch de Oslo, bajo su batuta, comience a construirse, tras cuatro años encallado. Antonio Cruz y Antonio Ortiz saltaron a la prensa hace unos meses cuando se inauguró su remodelación del Rijksmuseum en Ámsterdam, todo un icono en Holanda. Ellos llevan años a caballo entre esta ciudad y Sevilla, y en breve abrirán otra oficina en México. La arquitectura española se hace hueco en el exterior.
Conquistar la luna

«Es probable que el de Heathrow sea nuestro proyecto más mediático –explica Vidal–, pero trabajamos en otros que pronto lo serán». Se refiere con ello al primer puerto comercial para viajar al espacio que se está construyendo en Denver –en el que participa su firma– y al hospital que ahora les ocupa en Vigo y que ya ha sido premiado en Malasia como una «obra de futuro». Herreros y los profesionales con los que trabaja han elegido como contexto Latinoamérica (allí construyen el Centro de Congresos de Bogotá; un enorme parque litoral en Panamá; un mercado que también será intercambiador en uno de los barrios más depauperados del DF…), y Marruecos (donde destaca ANFA, una unidad residencial en un barrio modesto de Casablanca). El museo en Ámsterdam de Cruz y Ortiz (conocidos por ser los autores que adecentarían la Peineta para Madrid 2020) es sólo la punta del iceberg de una labor en Centroeuropa a la que se suman viviendas en Rótterdam, Utrecht y Maastricht, o la estación de tren en Basilea.

Luis Vidal

A tenor de lo experimentado por estos tres estudios, se podría deducir que nuestra arquitectura vende en el extranjero. «La proyección internacional de la arquitectura española es extraordinaria –considera Herreros–. Nuestra participación en el Museo Munch se llevó a cabo a través de un concurso internacional, para el que una comisión invitó a veinte estudios entre los que estaban autores tan potentes como Zaha Hadid o David Chipperfield. Estar a su lado ya es un reconocimiento. Pero es que cuatro de ellos eran españoles. Ningún país estaba tan bien representado. Fuera se percibe la formación completa de nuestros arquitectos, y eso da fiabilidad». Para Luis Vidal, «en España hay mucho talento. El problema es que con el boom se hicieron muchas cosas, buenas y malas. Y la resaca de la crisis está llevando a un nutrido grupo de arquitectos a trabajar fuera. Eso es también una forma anónima, y casi más importante, de exportar arquitectura de nuestro país». El pero llega de la mano de Cruz y Ortiz: «En España debe de haber más de 50.000 arquitectos. Lo nuestro tiene mucho de excepción. Cuantitativamente, no somos tantos los que triunfamos fuera. Y si nosotros no estamos orgullosos de lo que hacemos o hemos hecho, es imposible que lo estén los demás».

Las cifras no engañan

Preguntémonos entonces cómo nos vemos a nosotros mismos, si se hace buena arquitectura dentro de nuestras fronteras: «El problema es que no se hace –continúa la pareja sevillana–. Nuestro gran error fue no otorgar suficiente importancia a la planificación, algo impensable en los países más avanzados. Claro que aquí se hace buena arquitectura, pero las cifras de resultados son decepcionantes. Hay gente cualificada y comprometida, pero un paseo por las periferias de nuestras ciudades produce mucha tristeza». «En mi opinión, el exceso de unos pocos ha desvirtuado y desmerecido los esfuerzos del 99 por ciento de la profesión –agrega Juan Herreros–. Pero no hay que confundir arquitectura con construcción. La primera tuvo poco que ver con la burbuja inmobiliaria. Porque la arquitectura es una práctica social, con una componente creativa, que trabaja con proyectos que se adelantan al futuro para transmitir sueños colectivos. Lo malo es que nuestra sociedad está ahora para otro tipo de sueños».

Juan Herreros

«La arquitectura española tiene buen cartel fuera y está muy reconocida. Eso es fruto de que aquí se puede ejercer con gran libertad –señala Vidal–. Sin embargo, siempre tendemos a pensar que lo de los demás es mejor. Por eso, cuando lo de fuera resulta que es español, la sorpresa es aún mayor».

¿Y qué es lo que particulariza a la disciplina en comparación a la que se desarrolla en otras naciones? «Vivimos en un mundo globalizado», nos recuerdan Cruz y Ortiz, por lo que los márgenes cada vez se estrechan más. Pero siempre habrá «matices climáticos y culturales»: «Lo que es cierto –concluyen estos arquitectos, para los que la utilidad de la disciplina es la base del trabajo– es que el diseño y su calidad antes eran una excepcionalidad en nuestro país. Ahora se están haciendo cosas muy interesantes en esa dirección, incluso en obras muy pequeñas».
Fórmulas que curan

«A mí lo que más me seduce de nuestra forma de hacer –responde Herreros– es su condición imaginativa. Nuestra carencia de medios durante años nos llevó a ser muy imaginativos en las soluciones. Eso es un valor exportable». Contesta ahora Luis Vidal, cuyo estudio habla siempre de la necesidad de una «arquitectura curativa», esto es, que «sane y mitigue», que sea «responsable económica, social y medioambientalmente»: «Nuestro proceder responde a un modelo reflexivo, no es caprichoso, sino observativo. Atendemos bien a las cualidades espaciales, lumínicas, compositivas y de los materiales».

Trabajar en el extranjero es algo habitual para estos estudios. Luis Vidal (socio de Richard Rogers), de hecho, se formó en el Reino Unido («eso me dio cierto pragmatismo, con una base sólida también en derecho, económicas y empresariales, lo que hace que vea la disciplina como un ejercicio de colaboración»). Planteamos a nuestros interlocutores si siempre debería ser así o si ahora es algo a lo que empuja la recesión en España: «Durante el boom arquitectónico, nosotros estuvimos ocupados con encargos fuera –resumen Cruz y Ortiz–. Eso nos permitió trabajar evitando intervenciones apresuradas y a hacerlo desde la distancia, aprendiendo lo que no queríamos hacer». «Sin duda, hay mucho más trabajo fuera –se muestra categórico Herreros–. La foto fija refleja una situación real». Termina Vidal: «En España hubo un boom. Se generó tanto trabajo que no hubo tiempo para mirar fuera. Pero la arquitectura es una profesión global, universal, que no puede circunscribirse a un lugar. Tenemos que aprender a convertirnos en estudios con más masa crítica, más horizontales, integrados con otras disciplinas y que, sin complejos, se asocien con otros estudios».

Cruz y Ortiz

Esos serían algunos retos de futuro de la técnica en España. Otros, «mantener la posición alcanzada en el mundo y ampliarla, así como devolverle a la sociedad su aprecio por ella» (Herreros); o «demostrar su utilidad» (Cruz y Ortiz). Y no olvidarse de que cada pequeño gesto exporta marca: como dedicarse al diseño (algo que hace Luis Vidal), dar conferencias o ejercer la docencia: Herreros es profesor en la Universidad de Columbia, así como miembro de honor del Royal Institute of British Architects, al que asimismo pertenece el barcelonés. Cada paso cuenta.

Por Javier Díaz Guardiola en ABC.