17 agosto, 2011

Armonía en Rojo

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Laura Pais Belín

Autor: Henri Matisse
Cronología: 1908
Localización: Museo del Ermitage. San Petersburgo.
Técnica: óleo sobre lienzo.

armonia_en_rojoA principios del siglo XX las artes  figurativas experimentaban la transformación más increíble y profunda de toda la historia. Los artistas dejaron de mirar hacia el pasado y comenzaron a buscar nuevas formas de lenguaje, que les permitieran mostrar todos los cambios que se estaban produciendo en el mundo que les rodeaba. Y de manera rotunda decidieron romper con la tradición e ir más allá de la reproducción de la realidad.

De esta forma nacían las vanguardias artísticas, una serie de movimientos que se caracterizaban por ser propuestas rupturistas, que proponían abandonar la imitación de la naturaleza para centrarse en el lenguaje de las formas. Un arte que exploraba la relación entre arte y vida. Mostrando una renovación radical de contenido, lenguaje y actitud vital, que afectaba también al espectador, ya que a partir de este momento tendrá una actitud activa, entrando a formar parte de la obra.

En este contexto nacía el Fauvismo uno de los movimientos que animaron la escena artística francesa en los inicios de siglo. En esta época un grupo de jovencísimos pintores iniciaban su carrera artística en París bajo la influencia del gran Cézanne y los posimpresionistas. Todos tenían un punto en común buscaban un cambio radical en las artes y casi todos habían acudido en su aprendizaje al taller de Gustave Moreau un pintor simbolista que animaba a todos sus alumnos a crear con su propia personalidad.

Desde un principio sus propuestas supusieron una clara reacción contra el Impresionismo, en defensa del color y el objeto, ya que no les interesaba que estos dos elementos estuvieran dominados y reducidos por la luz. Y por ello el color sería el elemento clave de sus composiciones.

Estos artistas terminarían por defender una pintura de gran libertad, partiendo del simbolismo de Moreau, el expresionismo de Van Gogh y la pintura al aire libre crearon una nuevo arte que quería mostrar la luz y la realidad solamente a través de gamas de color. Con ellos la autonomía de la pintura era una realidad y lo lograron convirtiendo al color en el gran protagonista de sus obras, un color violento y subjetivo que invadía de forma pasional todas sus obras.

Su nacimiento está unido a un determinado acontecimiento en París, en Octubre de 1905 en el Salón de Otoño una docena de artistas agrupados alrededor de la figura de Matisse hacen su primera aparición pública. El grupo poco o nada conocido colocó todas sus obras de cromatismo intenso en una misma sala, como contraste en medio de todas ellas colocaron una escultura más clásica, un torso de un niño de estilo florentino. El crítico de arte Louis Vauxcelles al contemplar aquella pequeña escultura de aires italianizantes, entre la orgía de colores casi puros, exclamaría el mítico comentario “Donatello parni les fauves” (Donatello entre las fieras). Y a partir de aquí nació la anécdota que sirvió para bautizar a estos osados coloristas. El calificativo negativo de fauves, fieras, definía a unos artistas que se defendían y distinguían por su violento y audaz manejo del color.

Pero realmente el Fauvismo tuvo una carrera efímera, ya que aunque les unía la utilización del colorido radical y arbitrario, nunca tuvieron una identidad de grupo, nunca se llegaron a organizar y pese a su gran revolución el movimiento sólo existió desde 1905 al 1907 hasta que todos sus integrantes siguieron caminos  diferentes. Pero para la historia del arte los fauves serían recordados como una de las propuestas más avanzadas de su tiempo.

El gran representante del grupo y eje central será la figura de Henri Matisse, partidario de la liberación de color lo que buscaba era conseguir la auténtica autonomía del cuadro  frente al motivo representado. Por ello el lienzo para el pintor se convertía en una superficie coloreada organizada según sus propias reglas pero con una clara intención decorativa, dicho por el propio artista lo que defendía era “la valentía para volver a la pureza de los recursos”.

Matisse nacía en 1869 al Nordeste de Francia en el seno de una familia de clase media, estudió derecho en París y todo indicaba que su futuro estaría en el negocio familiar. Pero todo cambió en 1890, durante la recuperación de una apendicitis su madre le regaló una caja de pinturas, todo dio un giro radical, al año siguiente se iba a París e ingresaba en la Escuela de Bellas Artes, a partir de este momento la creación artística sería el eje central de toda su vida.

En su formación habrá tres claras influencias, Cézanne y su preocupación por la estructura sólida del cuadro y su independencia de la luz. Gauguin y su gusto por aplicar el color plano por toda la superficie del cuadro y Van Gogh por ser el primer artista que utilizó el color liberándose del tono  local y la realidad.

Tal fue la admiración por Cézanne que en los inicios de su carrera compró su famosa obra de “Las Bañistas”,  decía que gracias a ella se había mantenido en los momentos críticos de su trayectoria. Y  así comenzó una búsqueda incansable de renovación.

Muy pronto buscó construir con el color la estructura del cuadro, alejándose por completo del orden de la naturaleza, su forma de crear desembocó en una dimensión decorativa y al mismo tiempo cada vez en una pintura más sintética.

Disponía los colores puros de manera arbitraria y libre por el lienzo, jugando con los fuertes contrastes sin preocuparse de la descripción de la realidad. Pensaba que la vida era color y  que ese color tenía que estar en su obra, quería encontrar una luz duradera, una luz que invadía todo el conjunto de la composición y lo lograba porque los colores se avivaban unos a otros.

Defendía los colores simples e intensos, aventurándose en armonías atípicas. Estudiaba todo lo que tenía alrededor ya fuese clásico o moderno, y lo reutilizaba para crear su propio estilo. Llegando así a estudiar el color de los tapices orientales y los paisajes del Norte de África para reinterpretarlos en sus obras, creando un estilo de gran influjo en el diseño moderno.

Todas estas características las podemos encontrar en su obra “La Habitación roja” comúnmente conocida como “Armonía en rojo” fue creada cuando el grupo ya se había disuelto, y en ella vemos todos los postulados defendidos por el maestro francés.

En esta obra es capaz de trasmitir todo lo que ve a su alrededor en un claro esquema decorativo. Para él el verdadero tema del cuadro es la relación entre el dibujo del papel de la pared y el tejido de los manteles, con los objetos que están encima de la mesa.
Por eso el paisaje que se ve a través de la ventana y la mujer se han convertido en parte de este esquema, son elementos decorativos, que incluso podríamos destacar que están mucho más simplificados en sus contornos que el resto de la composición.

Para así poder crear un perfecto conjunto decorativo, donde el color lo envuelve todo y dota a la composición de un ritmo y armonía cromática pese a los radicales contrastes de los tonos.

El color se convierte en el ingrediente primordial del cuadro, siempre utilizado de una manera apasionada. Para ello aplica el color directamente del tubo, no los mezcla con el pincel en la paleta sino que busca la pureza del color, en pequeñas o grandes masas cromáticas que se contrastan de forma natural.

Recreándose en una mancha amplia y plana, el color se independiza del objeto, con su utilización arbitraría no muestra la realidad sino las sensaciones y sentimientos. Pero sin olvidar la línea porque sino el objeto podría llegar a perderse entre los grandes contrastes cromáticos, para ello recupera una sencilla línea negra hecha a partir de trazos nítidos y enérgicos. En cuanto al tema elegido sigue la línea impresionista muestra el día de la vida, sin pretensiones simplemente la naturalidad diaria llena de vitalidad.

Con obras como ésta dejaba claro que para él el color es el que da entidad a la pintura, el color puede desempeñar el papel de dibujo, de perspectiva, de sombra o de volumen. De esta manera la supresión de sombras y su sustitución por colores puros hace que la pintura brille más que nunca.

Una pintura que se hace presente a través del grumo y el empaste, consiguiendo que sintamos la pintura como materia. La mancha plana de color provoca en nosotros un valor plástico y figurativo, por ello podemos afirmar que el maestro construye sobre el color.

Henri Matisse, figura culminante del movimiento fauvista, es junto con Picasso uno de los grandes mitos del arte contemporáneo, tanto por sus orientaciones técnicas y artísticas como por la calidad de sus obras.

Pintor, escultor y grabador, destacaría también en las disciplinas de las artes decorativas, la escenografía y la literatura. Y su influencia llegaría de una forma u otra a todos los pintores del siglo XX.

Su arte siempre fue amable, de gran luminosidad, apacible pero no por ello ingenuo sino un arte de gran virtuosismo e inteligencia. Un arte que es el reflejo de su espíritu interior.