30 agosto, 2010

Antecedentes del Republicanismo español y sublevación republicana en Andalucía de 1857

 

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Rafael Vidal

Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Figura_1Los orígenes históricos del republicanismo hay que buscarlos en los filósofos y pensadores del siglo XVII, materializándose una república, bien que en aras de la fe protestante, en Inglaterra de la mano del dictador Oliverio Cromwell, sin que pueda decirse que fuera un preludio de los movimientos que iban a agitar a las naciones europeas a finales del siglo siguiente y durante todo el XIX.

La Revolución Francesa que culmina con la república es en realidad el pistoletazo de salida de una serie de movimientos sociales y burgueses que tienen en la idea republicana su objetivo. Simplificando mucho el estado de la cuestión, la opresión de las clases privilegiadas sobre las capas sociales más bajas y la detención de todo el poder político, todo ello con la anuencia del rey, crean un caldo de cultivo idóneo para provocar el derrocamiento del régimen, pero no por las clases deprimidas, que seguirán estándolo hasta bien entrado el siglo XIX, sino por los hombres de negocio, los ilustrados y las profesiones liberales, que veían que ellos eran los que ejercían el liderazgo económico de la nación, sin contrapeso en el campo político. La confrontación es conocida por todos, resultando vencedor el llamado tercer estado, que representaba a los citados anteriormente, transformándolo en Asamblea Nacional. La desgraciada actuación del monarca, que encima intentó huir de Francia, provocó su destitución e incluso su ejecución y la consiguiente proclamación de la república (figura 1).

Figura_2El caso social y político de Francia era muy similar que al del resto de los países del continente europeo, entre ellos España.

Si los republicanos franceses contaron con librepensadores e ilustrados, que dieron solidez a sus planteamientos políticos, también en España existieron este tipo de elementos en las figuras de Feijoo, Jovellanos, Campomanes, Moratín, etc., destacando como primer republicano a un andaluz, José Marchena y Ruiz de Cueto, más conocido por el “Abate Marchena”, que ya escribía sobre la necesidad de implantar una república federal española que reintegrara a la unidad ibérica a Portugal, incluso llevó a cabo un pronunciamiento en ese sentido.

La vida de José Marchena fue bastante agitada y más al ser adelantado de una idea que en España era anticristiana, por ello, lo mejor, para conocer su físico, personalidad, ideas políticas e incluso sus aportaciones filosóficas y literarias es preciso consultar al autor de la Historia de los heterodoxos españoles, el Dr. Marcelino Menéndez y Pelayo, el cual prologa la edición de las obras completas de Marchena de1892.

La intentona republicana en España de Marchena debió tener lugar a principios de la década de 1790 y de la que pocas noticias se conocen, fue continuada por otra, denominada “Conspiración de San Blas”, producida en 1795 con participación de altas personalidades de la vida política, entre ellas algunos políticos a los que se consideraba afectos al conde de Aranda. Los principales instigadores de este movimiento republicano fueron dos condiscípulos de Marchena, Juan Bautista Picornell y Gomila y José Lax, los cuales, tras descubrirse sus intenciones, fueron detenidos, juzgados y condenados a muerte, siéndoles conmutada la pena por la prisión en los territorios americanos, de la que pudieron huir, uniéndose durante la guerra de la Independencia a los movimientos emancipadores de las antiguas colonias españolas. Por ello este movimiento republicano ha tenido más trascendencia en la historia de las repúblicas latinoamericanas que en la propia España.

Figura_3Durante la restauración de la monarquía absoluta y hasta 1820 se produjeron en España, y por supuesto en Andalucía, un sin fin de sublevaciones de distintas índole, todos ellos condenados al fracaso. En alguna investigación republicana se ha querido ver algunas connotaciones de varios de estos intentos con el ideal de convertir al país en república federal, como una supuesta “Conspiración del Triángulo” de 1816, que “constituyó un intento frustrado de asesinar al rey Fernando VII y proclamar la República”, recogido como tal por Manuel Rolandi Sánchez-Solís en su “Aportación a la historia del republicanismo y el federalismo del siglo XIX”

El llamado trienio liberal o constitucional, entre 1820 y 1823, fue demasiado breve para poder hacer más de lo que se hizo, no permaneciendo ninguna legislación, si se exceptúa la concerniente a las “Milicias Nacionales”, como paradigma de los movimientos liberales consiguientes a lo largo del siglo. Tampoco se produjeron sublevaciones de carácter republicano, o al menos no con la intensidad necesaria para hacer peligrar el régimen. Parece que existió una conspiración republicana en Málaga en 1821, “encabezada por Luis Francisco Mendialdúa Barco”, también mencionada por Rolandi.

Las represiones políticas y las guerras civiles que asolaron la península durante las décadas de los veinte, treinta, cuarenta y cincuenta, no puede decirse que adormecieran el movimiento republicano, aunque sí lo enmascararon con otros de tintes: progresistas y posteriormente demócratas. La revolución de 1854 y la defraudación social de 1856 significó la ruptura entre la izquierda, identificadas con los nacientes socialismo y movimiento obrero, representados a su vez en el ideal republicano y los partidos que podríamos denominar dinásticos, es decir moderados (posteriormente conservadores), progresistas y unionistas, siendo éstos últimos bisagra entre las dos ideologías. Al final de la década de los sesenta Isabel II solamente estaría apoyada por los moderados, pasando el resto a engrosar los esfuerzos antidinásticos.

Figura_4Esa ideología republicana, adormecida, como se ha comentado, permanecía viva gracias a políticos, periódicos y otras manifestaciones, tal como puede observarse en la figura 2, en donde se muestra una edición del periódico republicano “La Discusión”. En Andalucía, por ejemplo, en las elecciones municipales de 1841, obtuvieron acta concejales republicanos en Sevilla, Cádiz, Puerto de Santa María, Huelva, Almería y Córdoba, y en las de 1842, aparte de las anteriores en otras poblaciones de menor importancia, como San Fernando, Chiclana, Vejer, Sanlúcar y Villamartín. Simultáneamente con lo anterior se editaban hojas y periódicos en diversos puntos de Andalucía, disponiendo de constancia de “El Espectador, Diario del Pueblo” y “El Demócrata Gaditano” en Cádiz y “La Emancipación” en Málaga.

Numerosos fueron las sublevaciones de carácter republicano, la mayoría simple motines rurales o callejeros. Sin embargo hay dos que adquieren una considerable dimensión social, política e incluso militar, correspondiendo en Andalucía a los de 1857 y 1861, alentadas ideológicamente por pensadores republicanos algunos de los cuales se pueden apreciar en la figura 3.

Figura_5El profesor Tuñón de Lara basa la sublevación de 1857 en Castilla y Andalucía en contradicciones estructurales: “Cabe pensar que estas sacudidas emanan de hondas contradicciones estructurales, agravadas tras las desamortizaciones y en las cuales es posible que la coyuntura crítica de aquel año desempeñase cierto papel. No puede descartarse la hipótesis de una agitación de grupos republicanos procedentes de centros urbanos que incide en el descontento básico de los trabajadores del campo”. La verdad es que los dos mil pronunciamiento militares y otros varios miles de motines, insurrecciones, etc. civiles, hacen pensar que la contradicción era permanente en la España decimonónica, pudiéndose buscar cualquier elemento como detonante de una alteración social en un punto del territorio nacional.

Evidentemente, si hubiera que señalar una región como más proclive a la insatisfacción social, es sin lugar a dudas Andalucía, teniendo en ella especial incidencia los movimientos surgidos en los dos años citados anteriormente.

Los alzamiento populares de 1857 parece que tuvieron una coordinación a nivel nacional, no así el de 1861 que fue obra de un “iluminado”.

El 26 de junio de 1857 se levanta una partida de 40 hombres en Despeñaperros, sin que se conozca realmente quién era el promotor de la misma. Pocos días después, gracias al celo del alcalde de la Carolina, del juez de primera instancia y del fiscal, junto con los guardias civiles existentes en la zona pudieron reducir a la partida haciéndoles más de veinte prisioneros y dispersándose los restantes:

Los revoltosos debían proceder engañados, pues se sabe que preguntaban si habían estallado otras sublevaciones semejantes en Madrid, Barcelona y Zaragoza, y se mostraban incrédulos cuando se les aseguraba que en toda España reinaba a mayor tranquilidad” (Diario El Avisador Malagueño <EAM> de 4 de julio de 1857).

La prensa comentaba que el jefe de los insurrectos era un maestro de postas de Despeñaperros, formando parte de la partida un sastre de la Carolina, que resultó muerto en el encuentro, y un tal Juan José Duque, “natural de Baños, soltero de 25 años de edad y cazador de oficio. Fue cogido el día 2 en Andujar, con su escopeta, cuchillo y navaja y dicen que asistió a la quema del correo” (EAM de 12 de julio de 1857), fue juzgado, por la comisión militar que al frente del brigadier Francisco Muñoz y Andrade, se desplazó desde Madrid para hacerse cargo de la instrucción del sumario y del consejo de guerra. Este desgraciado, debido al crimen cometido contra la correspondencia, fue fusilado al atardecer del día 6 de julio.

Como consecuencia de los sucesos, el comandante general de la provincia de Jaén, brigadier Villalta, con la anuencia del de su mismo empleo, Muñoz y Andrade, ordenó la prisión del comité del partido demócrata, “señores Jiménez Coronado, don Antonio Ochoa, Negrete y Adam de Martos”, la misma noticia añade:

Los presos pertenecen todos al partido democrático, y compusieron parte de la junta de Jaén que en 1856 se rebeló contra el gobierno presidido por el conde de Lucena. La partida rebelde se componía de vecinos de Bailén y la Carolina, y al parecer la mandaba un tambor del pueblo de Baños” (EAM de 5 de julio de 1857).

Aún no se había reducido la partida republicana de Sierra Morena, cuando se produce un motín en Utrera, recogido por la prensa de la siguiente manera:

“El correo de Andalucía que acabamos de recibirnos trae noticias circunstanciadas (sic) del motín ocurrido en Utrera en la madrugada del día 30, y de las disposiciones adoptadas en Sevilla por aquel capitán general.
Parece que al amanecer del citado día, un fuerte grupo de paisanos se presentó en el cuartel de la guardia civil intimando a la rendición a los pocos soldados de esta arma que ordinariamente suele haber en Utrera. Los guardias defendieron denodadamente las puertas de su cuartel hasta que, incendiadas éstas por los revoltosos, fue abandonado el edificio por el escasísimo número de civiles que allí había. Saqueando e incendiando el cuartel, las casas consistoriales y otros puntos en que los amotinados presumían encontrar armas y dinero, y exigidas grandes sumas a los mayores contribuyentes, abandonaron Utrera.
Llegada la noticia a Sevilla a las pocas horas, el capitán general dispuso que saliese a la una de la tarde una columna compuesta de ochenta cazadores del regimiento de la Albuera, cuarenta artilleros de plaza y cuarenta soldados de a caballo, al mando del comandante de caballería señor Aurel.
Es de presumir que al poco tiempo caería esta columna sobre los revoltosos.
A las tres de la tarde el capitán general de Sevilla publicó la ley marcial, y aquella noche patrullas de caballería recorrían la ciudad” (EAM del 7 de julio).

Las noticias que llegan a la capital del reino son confusas, aún no se dispone del telégrafo alámbrico, enlazadas las distintas autoridades únicamente con el óptico que permitía mensajes muy breves y que en muchos casos se tergiversaban en su transmisión. El siete de julio, por ejemplo el Presidente del Consejo de ministros, declara en el Congreso que han sido derrotados los “insurgentes de Andalucía, causándoles veinte muertos y veinte y dos (sic) prisioneros que serán pasados por las armas. Las mismas órdenes se han comunicado a las fuerzas que operan en Despeñaperros, para que inmediatamente que se pruebe a los prisioneros su pertenencia a las filas de la facción, sean fusilados” (EAM del 7 de julio de 1857).

A los pocos días, la prensa madrileña comienza a pedir responsabilidades políticas y militares, dado que los amotinados de la provincia de Sevilla han recorrido impunemente gran parte de la misma, durante varios días, sin que ninguna tropa militar le hubiera hecho frente. Se señala que el jefe de la partida era un abogado sevillano, Manuel Caro, el cual había reclutado a “los facciosos en la misma ciudad de Sevilla y con una publicidad casi escandalosa” (EAM del 7 de julio), llegando a sumar varios centenares de hombres. El comentarista político se pregunta:

Los insurgentes se presentan en Utrera; no con el aire de fugitivos, sino con la audacia de agresores; empeñan una lucha con la guardia civil, incendian su cuartel, escalan la casa del ayuntamiento; exigen gruesas cantidades de dinero, se llevan armas, caballos y municiones, y solo se alejan de aquel punto cuando habían satisfechos sus innobles deseos. Siguen su ruta de pueblo en pueblo; de Utrera a Arahal, de Arahal a Paradas, de Paradas a Morón, y en todos estos puntos se repiten las mismas deplorables escenas, y en todos ostentan los rebeldes una seguridad en extremo sorprendente” (EAM del 7 de julio de 1857)..

Parece ser que la primera columna militar que toma contacto con los sublevados republicanos se compone de dos guardias civiles que custodian en calidad de detenidos a siete individuos de tropa, los que con motivo de diversas faltas militares eran conducidos al Fijo de Ceuta para cumplir arresto. Ante el ataque de la partida, los soldados prisioneros solicitaron a los guardias que les permitiera defenderse, lo que así hicieron, rechazando a los rebeldes, siendo por ello recompensados con el indulto. Los republicanos pretendían apoderarse de las armas y requerir a los prisioneros para que se unieran a su causa.

Los cabecillas de la facción, el citado Manuel Caro y un tal Gabriel Lallave (En el Acta de la sesión ordinaria celebrada por la Junta de Gobierno Local de Utrera, el día 2 de noviembre de 2004, se acordó rotular con una calle al citado Gabriel Lallave, refiriendo en su panegírico el documento oficial que este individuo era un ”prestigioso militar liberal”. No tenemos constancia de este nombre, aunque sí de Pedro Lallave, general de artillería y prestigioso tratadista y matemático), fueron presos e inmediatamente fusilados, cumpliéndose la ejecución en el mismo lugar de su arresto, en la ciudad de San Roque, cuando pretendían pasar a Gibraltar.

En una crónica periodística publicada en EAM el 15 de julio se recoge:

Hoy he tenido ocasión de saber los pormenores de la prisión de D. Manuel Caro, jefe de los sublevados. A consecuencia de la derrota que sufrieron el 3 del actual en el pueblo de Benaoján, pudieron escapar el citado Caro y otros tres de sus compañeros y se refugiaron en una dehesa del término de Utrera … tras el acoso de la guardia civil fueron hechos prisioneros … los cuales parecen que se quejaban, y sobre todo el jefe Caro, de Sixto Cámara y su secretario, que eran los que los habían comprometidos”.

Los capitanes generales de Sevilla y Granada reciben órdenes de Madrid de mantenerse a la expectativa y no permitir ninguna alteración de orden público en sus respectivas jurisdicciones.

De hecho la calma se mantuvo hasta la sublevación de Pérez del Álamo en 1861, que tuvo como centro la ciudad granadina de Loja, pero ella será objeto de otro Recuadro de la Historia. Como hecho a tener en cuenta, tal como se recoge en la figura 4, la bandera “denominada republicana”, seguía siendo roja y gualda, sin que lo sea la tricolor de 1931, que algunos pretenden que fue ya ondeada durante la Primera República (1873).

Málaga, 11 de agosto de 2010

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