19 julio, 2010

Antecedentes de la batalla de Algeciras

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Rafael Vidal
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Figura_1Hace algo más de diez años, siendo coronel jefe del Regimiento de Artillería de Costa nº. 5, cuya plana mayor se encontraba en Algeciras, me propusieron que impartiera una conferencia sobre algún hecho de armas en que hubiera participado la unidad. El título propuesto fue el de la “batalla de Algeciras” ante el cual, alguno de los organizadores, me comentó que había sido una batalla naval, en donde se enfrentaron dos escuadras: francesa y británica, apoyada la primera por una flotilla de lanchas cañoneras españolas. Le expliqué que muchas veces la historia no se escribe correctamente, por emplear fuentes tergiversadas o simplemente porque una nación la ha querido narrar así, pero que en la batalla, objeto de mi charla, la artillería de costa, de la Comandancia de Artillería de Algeciras, antecesora de mi regimiento, fue la verdadera artífice de la victoria, aunque era tratada, simplemente de pasada, por las fuentes existentes sobre la misma: británicas, francesas y españolas.

Tras la conferencia, escuchada con entusiasmo por un auditorio campogibraltareño, decidí escribir un libro, al que titulé “El fuerte de Santiago y la batalla de Algeciras”, teniendo la satisfacción que la épica ya se recoge, tal como verdaderamente fue, por las historias militares de las diversas naciones que participaron. Incluso a solicitud mía, como una de mis últimas propuestas al mando de la unidad militar, el acuartelamiento donde se ubicaba la plana mayor regimental, se denominó “Capitán Velasco”, como un recuerdo al capitán, que al mando de la batería de “Santiago”, desarboló y rindió al “Hannibal”, uno de los navíos ingleses.

Figura_2La batalla se produjo el 7 de julio de 1801, cuando todavía la flota española era la segunda más potente del mundo, aunque las entregas de buques de línea a Francia y la subordinación de los almirantes españoles a los franceses, terminaron por destruir el poder naval de nuestra Patria, hegemónico, junto con el de Gran Bretaña a lo largo del siglo XVIII. Como preludios de la derrota de Algeciras, en 1797, la flota inglesa al mando de Nelson fue rechazada en sus ataques a Cádiz y Santa Cruz de Tenerife, en las fechas respectivas del 3 al 5 de julio y 25 del mismo mes.

Hay diferencias sustanciales entre las tres acciones, concretamente los ataques a Cádiz y Santa Cruz de Tenerife, fueron intento ingleses por ocupar una parte del territorio hispano, como anteriormente habían hecho con Gibraltar y Menorca, sin embargo en la batalla de Algeciras, el intento británico era la destrucción de la flota francesa del almirante Linois, el cual para no ser derrotado, embarranca sus buques en la orilla al amparo de las baterías de costa. En las dos primeras fueron ataques desde el mar a tierra y en la tercera, lo que iba a ser la típica batalla naval, como la de Aboukir (ya veremos que los ingleses emplearon la misma táctica), se convirtió en una acción de la tierra sobre el mar, de una lluvia de fuego desde las baterías de costa, con más alcance y precisión, sobre los navíos de línea del almirante Saumarez.

Hay quién describe una segunda batalla de Algeciras, acaecida el 12 de julio de 1801, aunque no fue tal, sino que se correspondió con un “desastre en el estrecho de Gibraltar”, en el cual, los navíos españoles “Real Carlos” y “San Hermenegildo” se cañonearon en un duelo fratricida durante toda la noche, observando con pavor al despuntar el día, que dos mil compatriotas fueron víctimas del error.

Con la Revolución Francesa comienza una espiral de guerras, que abarcaron todo el planeta, siendo en realidad la Primera Guerra Mundial (VIDAL DELGADO, Rafael. La Primera Guerra Mundial (1792-1815). Revista Ejército. ISSN 1696-7178, Nº 825, 2009, pags 16-23.). España tras la muerte de Luis XVI declara la guerra a la república Francesa, comenzando la guerra del Rosellón, que aunque al principio fue favorable a nuestras armas, posteriormente fuimos derrotados, ocupando los franceses algunas plazas del norte de la Península. Los desaguisados de los ingleses en las posesiones españoles de ultramar, hicieron ver al Gobierno de Godoy, que era más favorable para los intereses españoles, la restauración de los antiguos Pactos de Familia, firmándose en 1795 la paz de Basilea y el 1797 el tratado de San Ildefonso, encontrándose España en guerra desde ese momento con Gran Bretaña.

Figura_3En realidad, lo único que quería Francia de España era su flota, incapaces de construir una que pudiera hacer frente a la inglesa. Las grandes y numerosas escuadras, cuyo buque principal era el navío de 74 o más cañones (en España los llegó haber de 130), tenían sus días contados, pocos años más tarde, el enfrentamiento de la mismas, culminó en la batalla de Trafalgar, última en la que combatieron fundamentalmente navíos de línea, a partir de entonces la fragata iba a ser la que liderara la guerra en la mar.

Tras un breve intervalo de paz, firmada entre Francia e Inglaterra al margen de España, con la llegada de Napoleón al poder, como Primer Cónsul, se reanudan las hostilidades. El futuro emperador tenía un concepto estratégico netamente terrestre, pretendiendo con la dominación de la tierra, obligar a claudicar a su oponente, Inglaterra, cuya estrategia era esencialmente naval, siendo para ello lo importante el dominio del mar.

La expedición de Napoleón a Egipto entraba dentro de su estrategia, concibiendo alcanzar la India y avanzar por el norte de África, mientras se aliaba con el sultán turco. Con ello negaba los puertos a su enemiga. Por la historia conocemos la “huída” de Napoleón de Egipto, una línea oscura en su brillante trayectoria de soldado, dejando a miles de hombres aislados completamente de la metrópoli. Ni siquiera el general Kepler, su segundo, conocía sus intenciones, de tal manera que cuando recibe el mensaje de hacerse cargo del mando del ejército, exclama: “Nuestro general se ha largado como un subteniente que quema su jergón después de haber llenado con el ruido de sus deudas y de sus calaveradas los cafés de la guarnición” (CASTELOT, André. Bonaparte. Espasa Calpe, S.A. Madrid, 1970, pág. 222.). Por su parte los soldados, que admiraban a su jefe, le ponen de sobrenombre “Bonattrape”, es decir “Buenengaño”.

Figura_4Algo más de un año le basta a Bonaparte para hacerse cargo del poder, primero como miembro del Directorio y posteriormente como Primer Cónsul. A partir de ese momento y durante catorce años será el dueño de Francia y árbitro del mundo. Todos los estadistas se sentirán obnubilados ante su presencia. Carlos IV, el valido Godoy y toda la corte española no podían ser menos y el 13 de febrero de 1801 se firma el tratado de Aranjuez, quedando unido el ejército español al yugo, primero consular y después imperial, hasta 1808.

Napoleón necesita evacuar al ejército francés de Egipto y aliviar la presión de la flota inglesa sobre el Mediterráneo, para ello constituye una escuadra en Tolón, al mando del almirante Gauteaume y solicita de Godoy que la española se reúna en la bahía de Cádiz, en donde se reuniría una división naval francesa al mando del Linois, que tendría que cruzar el Estrecho, procedente de Tolón.

La escuadra española al mando del almirante Moreno se concentra en Cádiz, mientras tanto Linois navega por el mar de Alborán hacia el estrecho de Gibraltar.

Los historiadores decimos que tenemos una función pedagógica sobre la sociedad, de tal forma que mostramos las causas de porqué se produjeron unos hechos, relatamos éstos de la forma más objetiva posible, y extraemos unas consecuencias. Cuando se narra un hecho, bélico o no, la persona que lo está observando en la distancia del tiempo, debe intentar colocarse en la misma situación que los contemporáneos. Entender, por ejemplo, que las consecuencias de algo que ocurre a mil kilómetros (no existía el sistema métrico decimal, así que las distancias se median en millas), tardaba en llegar bastantes días, cuando actualmente su repercusión es inmediata. Aunque parezca paradójico, visualizar de esa forma la Historia, beneficia su análisis, porque de esta forma se pueden conocer los fallos y aciertos de los protagonistas, con los medios en presencia. Si se traspasa al tiempo actual y haciendo abstracción de los medios, podemos a las mismas causas, las cuales se repiten históricamente, deducir similares consecuencias. Aplicando, entonces, los debidos medios, podemos hacer que las consecuencias de aquellas causas, nos sean favorables.

Figura_5Con respecto a los “Recuadros de la Historia” que queremos presentar en el portal de Protecturi, debemos intentar, no sé si lo conseguimos, aunque ponemos empeño, presentar la Historia desde otro punto de vista, más heterodoxo del habitual, aunque sin que ello quiera decir que se tergiverse la realidad, al revés, se presenta una faz distinta, con objeto que el lector disponga de los elementos de juicio para hacerse una idea más cabal del hecho histórico que se narra.

Dejamos pues el presente recuadro en el momento en que las escuadras francesas e inglesas se dirigen al estrecho de Gibraltar, al final se encontrarán en al bahía de Algeciras, mientras tanto la flota española del almirante Moreno, se concentra en Cádiz.

Comienza el principio del fin de la gloria naval española, pero su continuación será objeto de un nuevo recuadro.

NOTA A LAS FIGURAS

La figura 1 representa un grabado sobre la batalla de Algeciras, que como se observa se efectúa como cualquier otra batalla naval, visualizándose al fondo la tierra.

La figura 2, en un lienzo que se conserve en el Museo Naval de Madrid, se recoge una escena del fracaso de Nelson ante Santa Cruz de Tenerife, defendida la ciudad por el general Gutiérrez.

Las figuras 3 y 4 son maquetas de un navío y una fragata de finales del siglo XVIII y principios del XIX, las cuales se encuentran en Museo Naval de Madrid.

La figura 5 es una estampa popular francesa, representando a Napoleón como Primer Cónsul.

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