13 abril, 2012

Anotaciones a la batalla de las Navas de Tolosa: los protagonistas (1ª parte)

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Dr. Rafael Vidal Delgado
Doctor en Historia y Coronel de Artillería, DEM

NOTA PREVIA: La anotación sobre los protagonistas de la batalla de las Navas de Tolosa se ha dividido en dos partes, con objeto que sea de más fácil lectura.

De forma muy simple se puede exponer que los protagonistas de la batalla fueron unos reyes y señores cristianos y un sultán/califa musulmán y otros señores de su religión. Sin embargo la campaña militar llevada a cabo en 1212 fue mucho más, en realidad se podría definir como una gran coalición del mundo cristiano para hacer frente a la amenaza almohade.

¿Se puede afirmar que Mahoma proclamó la guerra contra los cristianos? Aparentemente en la Historia de España se nos presenta una confrontación permanente desde el año 711, en el que se produjo la invasión musulmana, pero en realidad no fue así. Entre los “Recuadros de la Historia” de este autor se encuentra una serie dedicada a “Reflexiones sobre la Historia de España”, dedicando un recuadro a los ochocientos años de reconquista, con el calificativo de ser demasiados para considerarlo así (16 de febrero de 2011), en donde se hace ver que el concepto de Reconquista surge a finales de la baja edad media.

Mejores plumas que la que escribe son más doctas en las vivencias entre las dos religiones, pero no parece lógico que hubiera una lucha a muerte, porque los libros sagrados del Islam son el Corán, revelado a Mahoma; la Torá, revelada a Moisés; los Salmos, revelados al rey David; y el Evangelio, revelado a Jesús de Nazaret.

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El Islam no considera a Jesús hijo de Dios y por supuesto Dios mismo, sino un profeta. Esta diferencia con respecto a Cristo no estaba tan clara en las primeras centurias del cristianismo, de hecho las corrientes, declaradas heréticas, de Nestorio (nestorianismo) y Arrio (arrianismo), disentían de la naturaleza divina de Jesucristo (Figura 1).

La verdad es que la Iglesia de Roma consideró un peligro a la corriente mahometana, pero hablamos de “corriente” y no de “nueva religión” porque la miraba más como “herejía”. El auge del islamismo en los primeros años de expansión se parecía mucho al arrianismo que se consolidó en los godos y que a su vez sometieron al resto de los cristianos, hasta que los reyes galos, hispanos e ítalos se “convirtieron” a la fe romana. Algo de eso podía pasar con la nueva “corriente herética”.

Caso paradigmático lo tenemos en San Juan Damasceno, el cual durante años, siendo cristiano, sirvió a los califas omeyas, alcanzado un importante puesto jerárquico en la administración califal. Tras unos años de funcionario, vendió todos sus bienes, lo repartió entre los pobres y se retiró al monasterio de Sabas, cerca de Jerusalén. Juan Damasceno, cuya familia había servido al imperio bizantino, no consideró una nueva religión a la musulmana sino una desviación profunda del cristianismo (Figura 2).figura-2-peninsula-iberica-hacia-1200

Con todo lo anterior se quiere recalcar que la lucha entre los reinos cristianos del norte y el emirato y posterior califato del sur en la península Ibérica, no tuvieron un sentido religioso, sino el de las guerras medievales, al menos hasta principios del siglo XI, en donde las posturas religiosas se “radicalizan” y a partir de la conquista de Jerusalén y posterior reconquista por Godofredo de Buillón, es cuando puede afirmarse que se inicia una guerra sin cuartel entre los seguidores de Jesús y Mahoma, guerra que desgraciadamente aún existe aunque no queremos reconocerlo.

Los reformadores islámicos a partir del siglo XI fundamentaron su vuelta al rigorismo del mahometismo inicial por la relajación de las costumbres. Primero fueron los “almorávides”, que procedían, al igual que posteriormente los “almohades” de las profundidades del Sahara. Almorávide proviene de “morabito”, como un ermitaño cristiano, pero al fundamentalismo inicial sucedió un acomodo a la vida de los anteriores pobladores islámicos, siendo esa decadencia la que incitó al surgimiento de los almohades.

Por su parte los “cruzados”, con todo lo que tienen de valor para los cristianos, son también en realidad un “movimiento radical”, una vuelta al fundamentalismo cristiano, siendo los más paradigmáticos las órdenes de caballería, que también analizaremos como protagonista.

Además hay una cuestión a tener muy en cuenta, la cual es obviada con demasiada frecuencia, nos referimos a la estructura y organización de los ejércitos medievales y en este caso en el de la batalla de las Navas de Tolosa. Hoy día vemos que un ejército se compone de unidades orgánicas: compañías, baterías, escuadrones, regimientos, brigadas, divisiones, etc., conjuntadas por una serie de reglamentos y procedimientos y enlazadas todas ellas por unos medios de transmisión instantáneos. ¿Nos imaginamos un ejército medieval conformado por mesnadas, milicias concejiles, órdenes de caballería, etc., cada una con una estructura, sin posibilidades de que el comandante en jefe pueda ejercer su función tras iniciada la batalla? Si los problemas de coordinación táctica se acomplejan con unos miles de hombres ¡qué podemos decir cuando la historiografía afirma que combatieron cientos de miles de hombres por bando! ¿Nos imaginamos a Alfonso VIII asesorado por una especie de estado mayor desplegando a sus tropas sobre el campo de batalla, asignando misiones, saltos de escalón o de línea, líneas de coordinación, objetivos sucesivos, etc.? Todo ello lo veremos en la anotación sobre las disposiciones en la batalla, pero ahora intentaremos visualizar a los verdaderos protagonistas, es decir las unidades combatientes y de esta forma podremos darnos una idea de su efectividad en el combate.

Veamos de esta forma a los protagonistas de la batalla, tras las referencias explícitas a protagonistas personales apuntadas en el recuadro sobre “las causas” (4 de marzo de 2012).

EL PAPADO

Puede parecer fuera de lugar hacer mención en este apartado al tratado “De la Guerra” de Von Clausewitz, el cual en su libro segundo “Sobre la teoría de la guerra”, desarrolla en el capítulo V el método “Crítica”, por el cual para analizar con la máxima objetividad posible un hecho histórico (bélico para el general prusiano) es imprescindible situarse en la misma época en que se produjeron los acontecimientos. Por ello habría que preguntarse ¿era posible otro planteamiento de la campaña cristiana contra los almohades sin la intervención del Papado? A ello hay que responder que desde luego que no.

El poder del Papa en el siglo XXI es extraordinario. Es un poder espiritual, pero no hay líder en el mundo del que estén pendientes más ciudadanos, concretamente cerca de mil dos cientos millones, algo más del veinte por ciento de la población mundial. En el momento en que se escriben están líneas Benedicto XVI se encuentra de viaje pastoral a México y Cuba y su palabra es escuchada con atención porque habla de derechos y libertad, siempre en la senda del Evangelio.

Retrocedamos mil años en el tiempo y nos encontramos con un Papado que acaba de crear el “Colegio Cardenalicio” (~ 1170) y que ostenta los títulos, entre otros, de “sucesor de Pedro” y “vicario de Cristo”, no existiendo ningún otro poder sobre la tierra semejante a él.

Recordamos la lucha de las “investiduras” y el enfrentamiento constante entre el “poder temporal del emperador” y el “espiritual del Papa”. Gregorio VII, el famoso Hildebrando, tras su “Declaración de los Derechos de la Iglesia” (Dictatus Papae) fue depuesto por el emperador Enrique IV, a lo que el monje cluniacense le declaró excomulgado en la basílica papal de Letrán, pronunciando las siguientes palabras:

figura-3-batalla-de-alarcosBienaventurado Pedro: Como representante tuyo he recibido de Dios el poder de tu Iglesia, en el nombre de Dios todopoderoso. Padre, Hijo y Espíritu Santo, por tu poder y tu autoridad, prohíbo al rey Enrique, rebelde a tu Iglesia con inaudito orgullo, gobernar en Alemania e Italia. Desligo a todos los cristianos del juramente de fidelidad que le hayan prestado. Prohíbo a todos servirle como se sirve a un rey. Y le cubro de anatemas, a fin de que los pueblos aprendan, oh príncipe de los Apóstoles, que tú eres Pedro y que sobre esta piedra el Hijo de Dios Vivo edificó Su Iglesia, contra la que jamás prevalecerán las puertas del infierno.(PICHON, Charles. El Vaticano. Ediciones Cid. Madrid, 1962. Pág. 63).

En un mundo en donde el derecho nacional se encontraba en pañales, prevaleciendo el eclesiástico, las consecuencias no se hicieron esperar y los duques y señores abandonan al emperador y el pueblo se horroriza al tener un monarca fuera de la Iglesia. La última consecuencia fue que Enrique IV acompañado por su esposa e hijo atraviesan los Alpes en un trineo y durante dos días, aguarda vestido de penitente a ser recibido por el Pontífice, el cual le levanta la excomunión. ¿Nos imaginamos en los tiempos actuales un poder tan omnímodo? (Figura 3).

Inocencio III inicia su pontificado con una situación parecida a su predecesor Gregorio VII: Se mantiene la contienda entre el Papado y el Imperio y el Papa ha tenido que excomulgar al emperador Enrique VI. Los reinos cristianos, vasallos de la Santa Sede, pretenden sacudirse el yugo de Roma y parece que la brevedad y la falta de energía de los papas de finales del siglo XII, lo iban a conseguir, pero en el momento de mayor peligro para la Iglesia y la Cristiandad se elige un Papa singular Inocencio III.

Gracias al Papado, todos los príncipes cristianos, bajo pena de excomunión, a pesar de sus diferencias, se unen contra los que amenazan el mundo católico. Inocencio III proclama la Cruzada en España, uniéndose al ejército que iba a mandar Alfonso VIII de Castilla lo más granado de la nobleza europea. Es cierto que regresan a sus tierras de origen antes de la batalla, por diferencias ideológicas con respecto al significado de “•Cruzada”, pero se mantienen unos combatientes muy importante, los más de todo el orbe: las Órdenes de Caballería, muy consideradas y temidas por los musulmanes dado que tenían por consigna “vencer o morir”.figura-4-papas-a-finales-siglo-xii

De esta forma el Papado conformó un poderoso ejército constituido por las tropas de todos los reinos peninsulares, con la obligación expresa para sus reyes de su participación activa, de hecho Sancho VII el Fuerte de Navarra pretendió eludir el compromiso (Figura 4), pero el aviso de un prelado papal de lo que podría ocurrirle le obligó a reconsiderar su decisión, acudiendo a la batalla con unos centenares de sus caballeros. Los concejos y ciudades ibéricas acudieron a la llamada del Papa, y sus milicias concejiles se unieron a los ejércitos de sus monarcas. Las tropas de países europeos y las Órdenes militares fueron otros de los convocados acudiendo presurosos a la llamada. Puede decirse que no hubo, gracias al Papa Inocencio III, mayor prontitud en poner a miles de hombre de acuerdo para defender la Fe.

Por todo ello debe considerarse como primer protagonista del bando cristiano al Papa de Roma.

LOS ALMOHADES

Desde hacía cien años, tras la entrada de los almorávides en la península, los enfrentamientos entre cristianos y musulmanes se incrementaron, manteniéndose los últimos a la defensiva al no desear las inhóspitas tierras del norte, pero la situación iba a dar un vuelco con los almohades.

¿Quiénes eran los almohades? Mohamed ben Abdalla ben Tamart fue el creador de esta corriente islámica. Mohamed estudio ciencias y humanidades en Córdoba, el Cairo y Bagdad, donde conoció al famoso filósofo sufista Abu Hamed Al-Gazali, declarado heterodoxo de la fe sunita. Mohamed tras su periplo volvió a la tierra de los almorávides (actual Marruecos) y empezó a predicar la nueva fe. Uno de sus primeros adeptos fue Abdel Mumen, con el tiempo primer sultán de la dinastía almohade.

La predicación de Mohamed llegaba al pueblo porque atacaba la corrupción y decadencia en que había caído el gobierno almorávide, y más cuando fue declarado por sus seguidores Mehedi (también Mohadi), duodécimo imán de la estirpe de Alí, primo y yerno de Mahoma, considerado el primer califa shiíe. La tradición decía que regresaría Mehedi para unificar a todos los musulmanes y alumbrarlos hacia la verdadera fe.

Al ser considerado descendiente de Mahoma sus seguidores se incrementaron extraordinariamente hasta alcanzar varios miles de guerreros, representando un peligro para el sultán almorávide que, aunque en principio consiguió derrotarlos, al final la dinastía almorávide fue derrocada por el sucesor de Mehedi: Abdel Mumen.

Mohamed ben Abdalla ben Tamart no podía olvidar a su Córdoba natal (la tradición cuenta que era hijo del lampadario de la mezquita), exhortando a sus fieles que deberían pasar el Estrecho y recuperar Al-Andalus a la fe.

Taxfin ben Alí, gobernador de Al-Andalus e hijo del sultán almorávide, sucedió a su padre, muriendo en Orán al ser atacado por Abdel Mumen. En este sitio (1145) fue empleado, al parecer, por primera vez la pólvora, aunque otras versiones atribuyen la victoria al “fuego griego”.

Mientras esto acaecía en el norte de África, los reyes cristianos incrementaban su territorio a costa de las taifas almorávides, de tal forma que se llegó a ocupar Calatrava, Lisboa, Baeza y otras ciudades, prontamente recuperadas por el ejército almohade.figura-5-balduino-i

Los almohades, a pesar de su rigor religioso, culturalmente actuaron de distinta forma que sus antecesores, de tal forma que con sus primeras actuaciones religioso-culturales lograron cohesionar de nuevo al islam peninsular. Muestras del arte almohade son la Torre del Oro y la Giralda de Sevilla /Figura 5), mientras que de los almorávides se conservan escasas referencias y casi siempre guerreras, como el castillo de Monteagudo en Murcia

Abu Yacub Yusuf (ó Yussef), denominado también Cid o Almanzor (señor y victorioso) sucedió a Abdel Mumen. El nuevo soberano llegó a la Península hacia 1170. El territorio peninsular almohade comprendía la actual Andalucía, quedando al norte los reinos cristianos y al este los taifas de Valencia y Murcia, aliados de aquellos frente a los invasores.

Pronto el nuevo califa y emperador mostró sus dotes religiosa, política y militar, ejerciendo una intensa predicación sobre la nueva fe, aliándose con los descontentos de los reyes taifas y preparando un potente ejército, de tal manera que poco después de su llegada toda la España mahometana quedaba bajo su dominio. En honor de la culminación de la campaña y la unificación religiosa y política de los musulmanes mandó edificar hermosas edificaciones en todo el territorio, especialmente en Sevilla que erigió en capital.

El califa fue derrotado y muerto en la batalla de Santarem por Fernando II de León el 29 de julio de 1184, sucediéndole su hijo Abu Yaqub Yusuf al-Mansur, que gobernó hasta 1199, siendo los hitos más importantes durante su reinado: el sometimiento de Mallorca con represión de la piratería que infectaba el Mediterráneo occidental; frenó la pronta relajación de las costumbres y reforzó su poder militar. En la lucha contra los cristianos atravesó Sierra Morena, derrotando a las tropas cristianas que le salieron al encuentro en Alarcos (1195), mandadas Alfonso VIII de Castilla, protagonista directo de las Navas de Tolosa. Tras la batalla de Alarcos desmanteló las fortalezas cristianos, destruyendo todo lo existente creando un desierto casi impenetrable entre los reinos del norte y el propio imperio almohade.

A Abu Yacub Yusuf sucedió su hijo Muhámmad al-Násir otro de los protagonistas directos de la batalla de las Navas de Tolosa, convertido en “Miramamolín” por los escritos cristianos.

El imperio almohade entró en fase de decadencia debido al rigor de su fe que era difícil de soportar por los relajados musulmanes andalusíes, siendo amenazado en su frontera sur, en el propio Marruecos y por el norte con la cruzada predicada por el Papa Inocencio III.

Tras la derrota en las Navas de Tolosa la decadencia almohade se aceleró y media centuria más tarde, daba paso a los benimerines o meriníes.

¿Cómo era el ejército almohade? Al ser un poder político más centralizado, manteniéndose el ejército con su carácter medieval era mucho más cohesionado que sus oponentes cristianos, estructurándose en unidades más uniformes, compuestas de número similares de guerrero, existiendo también contingentes no homogéneos de los distintos señoríos árabes y bereberes.

Dr. Rafael Vidal Delgado. Este artículo se terminó de escribir el 24 de marzo de 2012, dentro de la semana de solidaridad con los pueblos que luchan contra el racismo y la discriminación racial, declarada como tal por Resolución 34/24 de las Naciones Unidas (siete días a contar desde el 21 de marzo de cada año). Que la semana sea sinónima también de “paz entre las religiones”.