22 marzo, 2012

Anotaciones a la batalla de las Navas de Tolosa: Las Causas

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Dr. Rafael Vidal Delgado
Doctor en Historia y Coronel de Artillería, DEM

El próximo 16 de julio de este año de 2012 se conmemora el ochocientos aniversario de la batalla de las Navas de Tolosa. A lo largo del año se han organizado determinadas actividades histórico-culturales para conmemorar la gran victoria cristiana frente a las huestes almohades del emperador “Miramamolín”. En nuestros libros de texto consta que en lo más encendido de la batalla Sancho VII “El Fuerte” de Navarra, rompió las cadenas que rodeaba el puesto de mando del emperador marroquí que tuvo que buscar en la huida su salvación, muriendo en aquella gloriosa victoria varios cientos de miles de “moros” por muy poco cristianos?

¿Qué hay de verdad en todo ello?

El 16 de febrero asistí a una interesante conferencia del doctor en medicina y cirugía e historia, Carlos Vara Thorbeck, gran investigador y divulgador de la batalla. El acto fue organizado por la Real Hermandad de Veteranos de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil en el salón de actos de la Congregación del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas y Nuestra Señora de la Soledad, conocida por la “Congregación de Mena”, por ser este imaginero granadino el autor de su antigua imagen (En Recuadros de la Historia ha quedado recogida la “pérdida irreparable” de esta imagen).

La conferencia se desarrolló a modo de una película narrada, sucediéndose las transparencias de forma estática y en movimiento, de tal forma que conocimos la constitución de los dos ejércitos, sus itinerarios y sus movimientos para culminar en la confrontación armada, acompañando lo anterior de explicaciones convincentes sobre los pasos y decisiones tomadas por los contendientes.

Sobre la batalla de las Navas de Tolosa se ha escrito muchísimo y es tal vez la más conocida del medievo español. No llega mi osadía a relatarla, mejores plumas hay para ello, pero me parece interesante “anotar” algunas cuestiones que sirvan como reflexión y de esta forma proceder a la lectura templada de un acontecimiento bélico que tan incrustado se encuentra en la historia de España.

No haremos una relación cronológica de acontecimientos sobre el hecho bélico, sino que las “anotaciones” recogerán algunas reflexiones sobre la guerra, la estrategia, la geopolítica, las fuentes documentales y bibliográficas, el campo de batalla, las operaciones militares, los contendientes, la organización y unidades de cada ejército, las bajas habidas, las consecuencias, y otras tantas anotaciones que irán surgiendo durante este octavo centenario de un hecho que cambió la vida en el flanco sureste de la Cristiandad.

Como se ha expuesto las “anotaciones” son reflexiones, queriendo expresar con ello que aunque existen hechos basados en fuentes históricas de una determinada veracidad y credibilidad, pueden no ser fiables en sus cálculos por pura lógica militar. Por ejemplo cuando reflexionemos sobre el número de soldados o sobre los muertos, veremos que es imposible que en el campo de batalla puedan “caber” seiscientos mil soldados; cuando las fuentes hablan del fallecimiento de veinte o treinta españoles, resulta incoherente con la afirmación, en este caso contrastada de que dos o tres maestres de las cuatro órdenes de caballería que intervinieron en la batalla, murieron en la misma, en cualquier batalla contra más generales y cuadros de mando causen bajas, se multiplican por diez las ocasionadas en los soldados.

figura-1-napoleon-en-rivoli-phippteauxEn la década de los ochenta del siglo pasado, realicé varios trabajos sobre la figura de Napoleón en su primera campaña de Italia, tomando como referencia los partes que enviaba diariamente al Directorio francés, pues bien sobre ellos habría que decir que Napoleón contaba su verdad, pero era una verdad sesgada y subjetiva, minimizando sus errores y enalteciendo sus logros (Figura 1).

A lo largo de este año pensamos publicar sobre la batalla de las Navas de Tolosa una serie de recuadros, pero siempre visualizando el hecho de armas desde este punto de vista heterodoxo.

Brever síntesis de la batalla

Para que sirva de soporte haremos una pequeña narración sobre la batalla, añadiendo algunos antecedentes históricos

La Península de finales del siglo XII se encontraba dividida entre los reinos cristianos del norte y el imperio almohade del sur y África del norte.

Los reinos cristianos existentes eran de León, Portugal (desde 1139), Castilla y Aragón (desde 1164 como Corona de Aragón incluyendo el condado de Barcelona y territorio del sur de Francia. La “Reconquista” se había estancado en el río Tajo con algunos territorios al sur de Toledo, en el este el Ebro y algunos de sus afluentes marcaban la frontera.

Los almohades surgen como un movimiento religioso en el sur del Atlas. La religión y la guerra contra los infieles y descreídos van unidos en cualquiera de las tendencias islámicas. Los almohades destruyen al imperio almorávide por “descreído” y a mediados del siglo XII ocupan el sur de la península Ibérica. Su Yihad se lanzó tanto sobre los cristianos como sus correligionarios.

figura-2-peninsula-iberica-hacia-1200La frontera entre cristianos y musulmanes no debe entenderse como algo fijo, sino que se producía un vacío entre los estados, quedando desierto gran parte del valle del Guadiana, pudiéndose decir que el territorio almohade tenía en la cordillera Bética su linde norte, ampliándose por el este a lo valles de los ríos Júcar y Turia. Usualmente los mapas, como el de la figura, que se nos presentan (Figura 2) adolecen de no dibujar ese inmenso territorio vacío, que no pertenecía a nadie y que atravesarlo era dificultoso dada la inexistencia de ciudades, sembrados y posibles aprovisionamientos.

La guerra medieval se produce anualmente, entre la primavera y el principio del otoño. No hay previa declaración de guerra sino que se organizan expediciones militares que saquean las ciudades del contrario. Esta forma de guerrear no es sólo entre cristianos y musulmanes, sino entre los reinos cristianos y entre los taifas. Tampoco era extraño que señores de ambas religiones, con sus propias mesnadas apoyaran, por ejemplo, al rey de Castilla contra el de Aragón, produciéndose también que en las batallas entre religiones hubiera señores de las dos religiones en uno y otro bando.

La batalla medieval se asemeja a un torneo, teniendo dos modalidades, una la de “quedar” los contendientes un día determinado y en una zona determinada para dilucidar sus diferencias, como la batalla de Tamarón (1º de septiembre de 1037), descrita por este autor en la Revista “Ejército”, número 845 de 2011, o avanzar los dos ejércitos al encuentro, acampando cuando se encuentran a la vista y acordando a través de parlamentarios el día y la hora del enfrentamiento. La batalla de las Navas de Tolosa presenta la segunda opción.

En 1195 el emperador de los almohades, resueltos los problemas que le obligaban a permanecer en África, desembarca en Gibraltar con la intención de llevar la guerra contra los reinos del norte, atravesando Sierra Morena y adentrándose en La Mancha, siendo detenido momentáneamente por los diferentes castillos de las Órdenes de caballería. Alfonso VIII, rey de Castilla, ante el inminente peligro se dirige hacía Toledo con las tropas que ha podido reclutar, solicitando a los reyes de León, Navarra y Aragón que acudan en su auxilio.

figura-3-batalla-de-alarcosImprudentemente el rey avanza hasta la fortaleza de Alarcos, encontrándose con el ejército almohade, sin que se le hubieran unido las fuerzas de los otros reyes cristianos. El 17 de julio propone el rey castellano que la batalla se “celebre” al día siguiente, pero los almohades, solicitan hacerlo dos días más tarde al tener prevista la llegada de refuerzos.

La batalla se produce el 19 de julio siendo completamente derrotados los cristianos (Figura 3).

Tienen que transcurrir casi veinte años para que Alfonso VIII pueda organizar un potente ejército que derrote a los almohades. En 1212 las tropas atraviesan el desierto manchego, encontrándose ocupados por los musulmanes todo los pasos de Sierra Morena. La aparición de un pastor, del que no se conoce su nombre y que desaparece misteriosamente, considerándose que era San Isidro, les muestra un paso desconocido, desembocando los cristianos en una meseta a retaguardia del despliegue almohade que tiene que reagruparse.

La batalla se acuerda para el día 16 de julio, en este caso para dar descanso a las tropas cristianas.

Como era tradicional en las batallas medievales ambos contendientes despliegan en forma paralela, generalmente los cristianos formando una cruz y los musulmanes una media luna. La batalla se inicia con el ataque cristiano a las primeras posiciones almohades, con la vanguardia al mando de López de Haro, reiterándolo con la segunda y luego con la tercera, hasta que rompen la resistencia del contrario que inicia una desordenada fuga.

No existe explotación de éxito, limitándose los cristianos a ocupar algunas poblaciones y haciéndose dueños de los pasos de Sierra Morena, de tal forma que nunca más habrá una amenaza islámica al norte de la misma.

Esta es la breve relación, teniendo en la mente el “esqueleto”, pasemos a la primera anotación: Las causas.

Las causas de la batalla

Querer explicar que las causas de la batalla de las Navas de Tolosa fueron de índole interna de los reyes hispano-cristianos, recurriéndose al apoyo de la Santa Sede y a contingentes extranjeros como una excepcionalidad, es considerar el conjunto de la Historia de forma demasiado simplista.

El 30 de abril del año pasado escribí un “Recuadro de la Historia” con el título “El Cid: Episodio 1º”, que puede leerse en la revista virtual PROTECTURI. En el mismo establecía concomitancias históricas entre las conquistas cristianas de Valencia y Jerusalén, ambas alentadas por el Papa Urbano II y con dos caudillos que no eran reyes: Rodrigo Díaz de Vivar y Godofredo de Buillón, a los que el Sumo Pontífice les dio la posibilidad de serlo, resignando los dos tal honor.

A finales del siglo XI la cristiandad estaba amenazada por sus flancos, por el oeste los almorávides y por el este los fatimíes, siendo muy coherente la estrategia cristiana de contener las aspiraciones musulmanas de intentar someter a Europa y expandir el Islam.

¿Qué ocurría en el mundo a finales del siglo XII? En el este las tropas del sultán Saladino habían conquistado Jerusalén (1187) y empujaban a las escasas fuerzas cristianas hacia el mar. Pocos años más tarde se organiza la tercera cruzada, siendo uno de sus jefes Ricardo Corazón de León, el cual logra recuperar Acre y algunas ciudades, aceptando que Jerusalén permanezca en manos musulmanes a cambio de permitir el peregrinaje cristiano a la ciudad santa (1192).

En el oeste unas tribus guerreras de las profundidades del actual Marruecos, alentados por un liderazgo religioso fundamentalista arrasan el norte de África ocupando hasta la actual Libia, y por el norte cruzan el estrecho de Gibraltar sometiendo a los corruptos reinos taifas, avanzando decididamente para recuperar el dominio musulmán sobre las tierras de la orilla derecha del Tajo. Alfonso VIII rey de Castilla intenta detenerlos y es derrotado estrepitosamente en Alarcos (1995).

¿Tuvieron relación entre sí los dos príncipes musulmanes? A falta de una investigación en profundidad tendremos que dar por buena la afirmación que expresa don Antonio Alcalá Galiano en su “Historia de España desde los tiempos primitivos hasta la mayoría de edad de Doña Isabel II, redactada y anotada con arreglo a lo que escribió en inglés el doctor Dunham” (Madrid, 1844), en cuya página 178 del tomo I se indica que Yaqub Almanzor (emperador almohade): “estuvo en relaciones con todos los príncipes mahometanos sus contemporáneos, y el célebre Saladino, que durante su reinado conquistó Jerusalén, le envió un embajador solicitando su alianza contra los príncipes cristianos, que por aquel entonces estaban amenazando con nueva invasión las tierras de Oriente”.

figura-4-papas-a-finales-siglo-xiiComo un siglo antes la Cristiandad se sintió en peligro inminente, reclamándose del Papa su apoyo moral y la gestación de una unidad política y estratégica contra el enemigo común (Figura 4). Clemente III (1187-1191) predicó la III Cruzada, su muerte dejó la Santa Sede en manos del anciano Celestino III que poco pudo hacer por la cristiandad, siendo en 1198, elevado al solio pontificio el enérgico Inocencio III, el cual en su largo reinado, hasta 1216, tuvo tiempo de atender los intereses estratégicos de la Iglesia, predicando varias cruzadas, la IV hacia los Santos Lugares (1202-1204), liderada por la república de Venecia, desviándose de objetivo y cayendo sobre Constantinopla, iniciándose el “Imperio Latino de Oriente” (Figura 5); la segunda de su reinado para luchar contra los fanático almohades; la tercera la predicada contra los albingenses e incluso algunos hablan que intervino en la desastrosa expedición denominada “Cruzada de los niños”, simultánea en fecha con la batalla de las Navas de Tolosa.

figura-5-balduino-iLa cruzada predicada por Clemente III fue la llamada de los “tres reyes”, por estar al frente del ejército cristiano el emperador de Sacro Imperio Romano Germánico, Federico I Barbarroja, y los reyes de Inglaterra y Francia, Ricardo I Corazón de León y Felipe II Augusto respectivamente, acompañados de los más principales nobles de sus reinos. Esta cruzada se enmarca entre los años 1189 a 1192, y aunque el éxito de ella quedó empañado por la imposibilidad de recuperar Jerusalén, se puede considerar una extraordinaria victoria estratégica al firmarse un tratado de paz entre el islam y la cristiandad siendo sus promotores Saladino (Figura 6) y Ricardo de Inglaterra.

 

figura-6-saladinoDe esta expedición militar a Tierra Santa se ha escrito mucho, siendo un buen ejemplo la novela de Walter Scott “El Talismán”, así como películas, pudiéndose citar la clásica de Cecil B. de Milles, “La Cruzadas”, y otra mucho más reciente, “El reino de los Cielos”.

Si todo lo anterior acaecía en el este ¿Qué ocurría en el oeste de la Cristiandad?, en la península Ibérica.

Alfonso VIII de Castilla, intentado hacer prevalecer la preminencia castellana sobre los demás reinos cristianos, se erige en líder militar contra el poder almohade que hacía pocos años había desembarco en Gibraltar, había sometido a todos los reinos moros y pretendía someter a los reinos infieles del norte, organizando una importante fuerza militar y reclamando el apoyo de todos los reyes peninsulares.

Pero Alfonso VIII se adelanta a los acontecimientos y en vez de esperar la llegada de las tropas leonesas y navarras se enfrenta a los almohades en Alarcos (1195) en donde es completamente derrotado.

figura-7-inocencio-iiiTras la derrota cristiana de Alarcos, siguen unos años de enfrentamientos entre los reyes de Castilla, León, Navarra y Aragón de los que no se pudieron aprovechar los almohades debido a sus problemas simultáneos en el norte de África. Entrado el siglo XIII aparece en la escena española un personaje singular: el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada, sobre el cual, algunos historiadores hacen artífice de la consideración de “cruzada” para la guerra contra los “sarracenos” del sur peninsular. La verdad es que fue una pieza importante en toda la diplomacia y política pontificia, pero sería desmerecer la figura de Inocencio III (Figura 7), uno de los papas más jóvenes que han accedido al solio de Pedro (37 años), pero poseedor de unas grandes dotes para la gestión del mundo cristiano.

En una de las mejores obras dedicada a los pontífices, la de Agostino Saba, en la biografía de Inocencio III, lo define de la forma siguiente: “… tenía el sentido de la realidad y poseía las dotes prácticas del hombre político. Conocía a los hombres y las cosas, sabía dominar las circunstancias más difíciles y, con tacto de hábil diplomático, aprovechar las ocasiones oportunas para vencer” y más adelante añade: “obraba siempre con elevado espíritu de justicia y altísimo concepto de su divina supremacía” (Historia de los Papas. Editorial Labor, S.A. Barcelona, 1963. Tomo I, Pág. 699). El historiador alemán Gregorovius, citado por Saba en su página 714, celebra la figura del Pontífice de esta forma: “Inocencio III puede verdaderamente llamarse el Augusto del papado: no fue un genio creador, como Gregorio I y Gregorio VII, pero sí uno de los hombres más notables de la Edad Media: espíritu severo, robusto, concentrado; todo un príncipe; estadista de inteligencia penetrante; sumo sacerdote de fe sincera y ardiente”.

No podemos pues, enmarcar la batalla de las Navas de Tolosa como una gesta nacional (Figura 8), que lo fue, sino en una estrategia a nivel político y militar que afectaba a todo el conjunto de las naciones europeas, cuyo líder espiritual era el Soberano Pontífice.

figura-8-navas-de-tolosaLas guerras se dilucidan en tres niveles: político, estratégico y táctico. A la estrategia política le corresponde formar las condiciones idóneas, tanto militares, diplomáticas, logísticas, etc., para que las fuerzas puedan combatir con la mayor eficacia frente al enemigo. La estrategia militar (nivel estratégico) mueve en el terreno los efectivos para situarlos en las posiciones más adecuadas para tener posibilidades de obtener la victoria. Por último, ya en el campo de batalla, le corresponde a la táctica saber motivar a las tropas, vislumbrar el centro de gravedad del despliegue contrario, coordinar los esfuerzos y disponer de las reservas suficientes para que la victoria se encuentre en consonancia con lo previsto en los dos niveles anteriores.

En este sentido los tres niveles cristianos funcionaron a la perfección, no así en el bando musulmán, en donde aunque se intentó una alianza entre Saladino y Abu Yaqub Yusuf al-Mansur y posteriormente su hijo Muhámmad al-Násir, al final no quedó concretada debido a que el primero no había dado a los segundo el título de emir Almumenin o “Príncipe de los Creyentes”, tal vez porque él solo se consideraba “Sultán de Egipto”.

La estrategia en el nivel político no ha nacido hace pocos años, como es creencia común, sino que se ha llevado a efecto desde los tiempos primitivos, miles de años antes de Cristo, ya los soberanos de los distintos imperios tenían mucho cuidado en no romper el equilibrio de su mundo conocido, al igual que se dilucidó durante la edad Media en las márgenes del mar Mediterráneo.

Comprender el concepto de la “estrategia global” nos puede hacer entender determinados movimientos políticos, diplomáticos y militares de los últimos años de la comunidad internacional, como en el momento que se escribe este artículo la situación en Siria, en Irán o Corea del Norte a pesar de las atrocidades que están cometiendo sus gobiernos respectivos.

Málaga, 4 de marzo de 2012, aniversario de la muerte de un soldado universal: Salah al-Din Yusuf, conocido por los cristianos como Saladino (1193)