17 noviembre, 2015

Anatomía de Ingres

odalisca

Es la pintura hecha sensualidad: el deseo y el placer salen por cada uno de los poros de este maravilloso lienzo, pintado por Jean-Auguste Dominique Ingres en 1814. Y no solo porque la modelo pose desnuda y vuelva su rostro hacia nosotros con mirada desafiante. Que también. Son muchos los detalles que hacen que este desnudo despierte nuestros sentidos más que «La Venus del espejo», de Velázquez, o «La Venus de Urbino», de Tiziano, los dos mejores desnudos de la Historia del Arte. La «Gran Odalisca», de Ingres, sale excepcionalmente del Louvre (solo lo abandonó en 2003 para una exposición en Roma) y cuelga desde ayer en el Prado. Formará parte de la gran monográfica que el museo dedicará al maestro francés del XIX a partir del día 24 y que concentrará buena parte de sus obras maestras. Está patrocinada por la Fundación AXA, que ayer renovaba por cuatro años más como benefactor del Prado.

El cuadro fue encargado por Caroline Murat, hermana de Napoleón y reina de Nápoles para decorar su palacio

Carlos G. Navarro, comisario institucional de la muestra, nos desvela los secretos que aportan tal grado de sensualidad a una de las pinturas más icónicas del Louvre, encargada en 1813 por Caroline Murat, hermana de Napoleón, para decorar sus habitaciones privadas en el Palacio Real de Nápoles, donde colgaba junto a otro desnudo, «La bella durmiente», hoy desaparecido. Invitan al placer sensorial «la piel charolada, perfecta, pulida», que Ingres envuelve en distintas telas que evocan lo placentero del tacto: pieles, terciopelos, sedas… También, a través del humo del tabaco y el incienso, representados por la pipa y el incensario, a la derecha de la composición, así como la sensación de que las plumas de pavo real (símbolo de la vanidad) de su abanico acarician su brillante piel. «Ingres establece un equilibrio perfecto entre el deseo platónico de belleza ideal y la carnalidad física, la belleza mortal del cuerpo de la mujer con un juego de líneas y curvas casi musical», advierte el comisario. También, gracias al color (espléndidos azules, amarillos…), la pintura invita al placer.

El lienzo causó un gran escándalo en el Salón de París de 1819 por su desproporción anatómica

Se creía que la modelo del cuadro era la propia Caroline Murat, pero hoy se identifica con Atala, hija del músico Camille-Marie Stamaty. El lienzo, que nunca llegó a pagar la Reina porque huyó precipitadamente de Nápoles, fue recuperado por Ingres y se presentó en el Salón de París de 1819, provocando un gran escándalo en la crítica, no tanto por representar un desnudo sin motivo aparente, sino por su descripción anatómica. Los miembros del cuerpo de la odalisca no eran equivalentes ni proporcionados. Y lo más curioso: la columna tiene tres vértebras de más. Son las llamadas «vértebras Ingres», que algunas feministas se tatúan.

Por Natividad Pulido en ABC.