3 noviembre, 2011

Altamira: la ciencia advierte

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En la última década, una atención considerable se ha prestado a la degradación de las cuevas más importantes del mundo que albergan el arte rupestre del Paleolítico. Las más importantes son las cuevas de Lascaux (Dordoña, Francia) (1) y Altamira (Cantabria, España), ambas declaradas Sitios Patrimonio de la Humanidad.

La cueva de Altamira ha sido cerrada a los visitantes desde el año 2002.
Desde 2010, la reapertura la cueva de Altamira ha sido objeto de examen. Sostenemos que la investigación indica la necesidad de preservar la cueva manteniéndola cerrada en un futuro próximo.

En la década de 1970, la Cueva de Altamira provocó una disputa política entre las administraciones local y regional y el Estado y recibió una gran cantidad de atención pública. En octubre de 1977, Altamira tuvo que ser cerrada al público debido a un grave deterioro de las pinturas después de décadas de visitas (por ejemplo, 175.000 visitantes en 1973).

En 1978, el gobierno español asumió la titularidad de la cueva, que en la actualidad pertenece al Ministerio español de Cultura y está gestionado por el  Museo de Altamira (2).

En 1982, después de un estudio del microclima, Altamira fue reabierta al público con un límite de 11.000 personas por año (3) o, en otro documento, 8.500 visitantes al año, excluyendo guías (4). Sin embargo, en septiembre 2002, Altamira tuvo que ser cerrada al público debido a la presencia de microorganismos  fototrópicos  presentes en las pinturas (5) (Ver la figura S1 y fig.), Un fenómeno similar a la sufrida por Lascaux 50 años antes. La colonización por estos microorganismos fue una consecuencia de décadas de uso de iluminación artificial en la famosa sala polícroma
y fue acompañado por el desarrollo de colonización microbiana blanca sobre las pinturas de color rojo (6) (ver la figura y la figura.
S3).

Esto demostró que la Cueva de Altamira podría estar imitando los procesos de deterioro de Lascaux.

Efectos nocivos de los visitantes

El estado actual de la cueva es el resultado de la acumulación de múltiples cambios microambientales e impactos sufridos desde el momento de su descubrimiento en 1879 (2) (figs. S1 a S6). En su estado natural, la cueva debería tener un medio ambiente  oligotrófico (pobre en nutrientes)  con muy poca conexión con la atmósfera exterior. Numerosos proyectos de acondicionamiento, los cambios en la capa superior del suelo y de los sedimentos de  la cueva, excavaciones arqueológicas, y la  cantidad masiva de visitantes transformó el prístino ecosistema en uno con una gran cantidad de nutrientes disponibles.

La preservación de una gran parte de las pinturas en el techo de la sala polícroma desde su creación hace más de 14.000 años hasta
su descubrimiento fue ayudada por varios factores: ausencia de luz, las bajas tasas de: infiltración de agua, de precipitación de los espeleotemas (depósitos minerales) y de intercambio con el medio ambiente exterior; así como  el mantenimiento de condiciones microambientales muy estables debido a la escasa circulación de aire en la sala polícroma.

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han estudiado la cueva entre los años 1996 y de 1999. Los estudios se centraron en la determinación de el impacto de los visitantes en las condiciones micro-ambientales de la sala polícroma y destacó la necesidad de revisar los criterios utilizados por la Universidad de Cantabria para el diseño del calendario de visitas de 1982 (7), debido a que los procesos de deterioro no se habían detenido.

Sánchez-Moral et al. (3) concluyó que la corrosión causada ​​por los visitantes según el calendario de visitas de 1982 sería hasta 78 veces mayor que la derivada de los procesos naturales.

Microorganismos fototrópicos se observaron en el año 2000 en la Sala polícroma, en formas latentes o con su actividad metabólica
reducida al mínimo. Cañaveras et al. (8) predijeron que en el caso de un cambio en las condiciones de iluminación, tales como iluminación extensa permanente, como posteriormente se produjo, conllevaría el crecimiento de estas comunidades. Esto, efectivamente, se produjo en 2002 (fig. S1) y llevó al segundo cierre de la cueva.

Una vez que la cueva fue cerrada en 2002, el Ministerio de Cultura designó al equipo del CSIC para la inspección y control de la cueva de 2003 a 2005 y de 2007 a 2009. A partir de entonces, el CSIC está controlando el microclima de la cueva a través de contratos sucesivos, el último acabará en marzo de 2012. La investigación se centró en la cueva como un ecosistema dependiente tanto de las características microambientales y geoquímicas del medio subterráneo como del intercambio de  energía-materia de con la atmósfera exterior. Las conclusiones de la investigación estaban en contra de la reapertura de la cueva para los visitantes (9-11). Esto fue apoyado por los datos medio- ambientales, geoquímicos, hidrológicos y microbiológicos puestos a disposición del Ministerio de Cultura.

Progreso, pero problemas persistentes
El cierre de 2002 representó un claro beneficio para la conservación de las pinturas: las  colonizaciones fototróficas verdes no continuaron  progresando, sin embargo, todavía siguen siendo evidentes pequeñas zonas (fig. S1B), y la velocidad de corrosión
de la roca en donde están las pinturas ha disminuido. También se observó una disminución en el contenido de compuestos de materia orgánica y nitrógeno en las aguas de infiltración tras la eliminación
de las actividades ganaderas en la tierra por encima de la cueva así como con la siega regular y la eliminación de hierbas.

La instalación de una puerta de acceso en 2007, equipada con un sistema de aislamiento térmico, seguida 20 m después de una segunda puerta, redujo la entrada de partículas que venían en el aire, la tasa de condensación en la zona de entrada, y la actividad metabólica de las principales colonias microbianas visibles (10-12) [ver apoyo material en línea (SOM)].

Estas acciones de conservación preventiva eran muy diferentes de las medidas adoptadas en Lascaux, en donde se utilizaron  productos químicos y antibióticos (1). Sin embargo, en Altamira los
problemas de conservación están lejos de haber sido resueltos. La evidencia de colonias microbianas en forma de distintas manchas de color están principalmente situadas en la zona cercana a la entrada de la cueva (fig. S2), pero ya han llegado a la sala polícroma (10) (véase la figura y la fig. S3). El objetivo de las medidas correctoras aplicadas en los últimos años priva al ecosistema de carbono con el fin de inhibir el crecimiento de bacterias y para reducir el intercambio entre la atmósfera de la cueva y el exterior.

Nuestro equipo ha modelado el impacto de los visitantes en la cueva y los datos obtenidos en cientos de visitas controlados entre 1996 y 1999 (fig. S5). Si la cueva se reabre al público, la entrada continua de visitantes causaría aumentos de temperatura, humedad, y CO2 en la sala polícroma, la reactivación de la condensación y la corrosión de la roca soporte de las pinturas (3).  El calentamiento del aire y  la inevitable turbulencia  causados ​​por los visitantes favorecería un intercambio de aire entre la sala polícroma y las zonas cercanas a la entrada, en donde existe colonización microbiana en paredes y techos (10) (véase la figura).
Además, el caminar de los visitantes  provocará la resuspensión de finas partículas de los sedimentos del suelo. Las corrientes de aire
causadas ​​por los visitantes erosionará la pared y las superficies de los sedimentos, provocando la separación de micropartículas (con liberación de bacterias y esporas de hongos ). Además, nuevas fuentes de nutrientes se suministrarán al ecosistema debido a los turistas y los guías. Esto podría conducir a una nueva etapa de la proliferación de microorganismos cuya tendencia actual parece estar avanzando hacia un estado estacionario.

Además de la colonización bacteriana, se han observado hongos  en la Cueva de Altamira (11, 12), igual que en Lascaux (fig. S4 y la mesa S1). Estos hongos tienen tres orígenes bien definidos: saprofitos de plantas introducidas desde el exterior, hongos entomopatógenos introducidos por artrópodos, y hongos  coprofílicos que crecen en las heces de los roedores (fig. S4A).

En 2007, los instrumentos científicos de control ambiente de la  cueva fueron repetidamente colonizados por hongos (fig. S4B) tras una excavación arqueológica que se llevó a cabo dentro de la cueva en octubre de 2006, en contra de las recomendaciones del SIC. Limpiezas periódicas de los instrumentos fueron requeridas  usando métodos y compuestos amigables con el entorno. Por ejemplo, la eliminación mecánica y periódica  de los sedimentos del suelo adyacente a los instrumentos, que fueron colonizados por hongos, y el tratamiento con peróxido de hidrógeno.

Los biocidas no han sido utilizados porque la experiencia de Lascaux mostró que el cloruro de benzalconio aplicado entre los años 2001 y 2004 está siendo utilizado por los microorganismos
como fuente de carbono y nitrógeno (1).

La política y la incertidumbre
Desde 2010, la reapertura de la cueva a los visitantes se ha considerado seriamente, con la creencia de que esto aumentará la economía del turismo local (13). En diciembre de 2010, el Consejo de Administración de la cueva convocó una nueva comisión  científica internacional para preparar un informe para decidir si la conservación de la cueva es compatible con las visitas. A pesar de nuestras recomendaciones, basadas en los datos recopilados en los últimos 15 años  no apoyando la reapertura de la cueva, como científicos, sí estamos a favor de la posibilidad de la evaluación de nuestros datos por otros especialistas.

Tenemos la esperanza de que la comisión científica internacional
que será nombrada por el Consejo de Administración, que ha declarado que esta cueva es una de las mejores científicamente
estudiadas en el mundo (14), tendrá en cuenta la datos que hemos recogido.

Las visitas turísticas a muchas cuevas y otros sitios subterráneos deberían ser consideradas como un riesgo potencial para la conservación de patrimonio cultural. Los arqueólogos,  ambientalistas, y microbiólogos están de acuerdo en el efecto beneficioso del cierre de los sitios subterráneos para su conservación, como lo demuestra el reciente anuncio de que algunos lugares egipcios incluyendo las tumbas de Tutankamón serán cerrados a las visitas y los turistas desviados a una réplica (15).

La Cueva de Altamira, aunque en la actualidad cerrada, se encuentra en peligro real. El que esta  cueva siga o no el peligroso camino de la Cueva de Lascaux con sus continuos brotes de hongos  depende de que el Ministerio de Cultura decida mantener la cueva cerrada a los visitantes.

Cesareo Saiz-Jimenez, Soledad Cuezva, Valme Jurado, Angel Fernandez-Cortes, Estefania Porca, David Benavente, Juan C. Cañaveras, Sergio Sanchez-Moral

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